Mundo / 11 de octubre de 2014

Elecciones en Brasil: ¿Continuidad o cambio?

La contienda Rousseff-Neves continúa en el ballottage. El ascenso y la caída de Silva.

Por

Dilma Rousseff no puede cantar victoria y al candidato de la centro-derecha le quedó una rendija de ilusión. La última palabra no estará dicha hasta que hablen las urnas del 26 de octubre. Pero lo que dijeron los sufragios en la primera vuelta, es bastante lógico.

La intención de voto durante la campaña hizo una travesía increíble, aunque explicable. Por un par de semanas, quien quedó en el tercer puesto había estado primera y quien terminó entrando segundo parecía despeñarse en un abismo definitivo. Fueron días en que la emoción dominó a la razón, restando lógica al proceso electoral. La distorsión se produjo al caer el avión en el que viajaba Eduardo Campos, el candidato del pequeño Partido Socialista (PS). La tragedia hizo que su compañera de fórmula terminara encabezando la lista.

El Brasil místico y sentimental creyó ver un designio divino. La sufrida y devota Marina Silva, que había quedado fuera de competencia porque no alcanzó a cumplir los trámites para tener partido propio, había sido rescatada por el candidato socialista que la convirtió en postulante a vicepresidenta. Luego cae el avión que ella estuvo a punto de abordar y finalmente no abordó.

Para el vastísimo Brasil religioso y animista, que la creyente Silva no haya muerto en ese vuelo y que la tragedia de la que se salvó haya sido lo que la puso en el camino de la presidencia, parecía una señal clara de la voluntad del Dios de los cristianos o de las divinidades llegadas desde el África.

La tormenta de creencias y emociones se convirtió en “el huracán Marina Silva”, ni bien el “efecto luto” sacó al PS de un remoto tercer puesto colocando a su candidata entre los presidenciables. Desde esa posición, empezó a absorber intención de voto en las bases obreras del PT. La solidaridad de clase se activó a favor de la campesina cauchera que había salido de la pobreza extrema y las luchas sindicales amazónicas lideradas por Chico Mendes.

Pero el “huracán Silva” era más producto de la emoción que de la razón. Desde el terreno de la lógica, lo que se veía era la candidata de un partido pequeño y ajeno, dejando afuera del ballottage al poderoso Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), cuyo candidato fue gobernador de un estado importante (Minas Gerais) y es nieto de un prócer de la democratización: el respetadísimo Tancredo Neves.

Finalmente, el voto en la primera vuelta fue más racional y el resultado puso las cosas en su sitio.

Kennedy do Brasil. Aecio Neves tiene tres cosas en común con John F. Kennedy. La primera es una familia poderosa con gravitación política; la segunda es una vigorosa inteligencia y la tercera es una larga juventud dedicada a las mujeres y la noche. La diferencia es que JFK estuvo en la guerra y tenía una sensibilidad social que lo situó en la centro-izquierda. En cambio, Aecio Neves es un mimado de la gran empresa por sus convicciones libremercadistas.

Si no fuera por su preparación, por la buena gestión que hizo en Minas Gerais y porque su abuelo materno piloteó la transición hacia la democracia y fue el presidente electo que murió antes de asumir, el contraste de su vida con la de Dilma le jugaría en contra. Al fin de cuentas, hacía surf en las playas cariocas y se emborrachaba en los lugares más caros mientras la actual presidenta aprendía marxismo en la secundaria, levantaba barricadas en la universidad y se enrolaba en la izquierda armada para luchar contra la dictadura.

Aecio inhalaba cocaína y se acostaba con mujeres despampanantes, mientras Dilma era torturada en una prisión del régimen. Un playboy contra una sobreviviente; eso es lo que se ve desde un ángulo de observación. Pero hay otro ángulo desde donde lo que se ve es una desarrollista enérgica y muy preparada, contra un libremercadista inteligente y también muy preparado.

La caída de votos que sufrió el PT advierte a la presidenta que, de lograr un segundo mandato, debe replantearse algunas cosas. Si se la compara con Cristina Kirchner y Nicolás Maduro, Dilma es pragmática y moderada, pero como Lula era más pragmático, su acentuación del estatismo es visto por muchos como la causa del estancamiento económico tras una década de crecimiento sideral.

Aunque la caída de los precios de las materias primas aportaron una cuota importante de dificultad, en un segundo mandato Dilma Rousseff podría ser menos ideológica que en el primero. Más difícil será para Neves, de ganar los comicios, cumplir con sus promesas de mantener los grandes planes asistenciales del PT y, al mismo tiempo, aliviar las arcas del Estado reduciendo el gasto público y bajando aún más la moderada inflación del seis por ciento.

Segundo round. En Brasil, como en Estados Unidos, los presidentes tienden a ser reelegidos si no han sido pusilánimes ni causantes de grandes escándalos o colapsos. Y Dilma Rousseff merece claramente ese segundo mandato. No obstante, el estancamiento de la economía, la corrupción en Petrobras y la necesidad de alternancia después de tres gobiernos petistas abren una chance al desafiante de centro-derecha.

Casi un 60% no ha votado al PT y, si ese caudal mayoritario se encolumnara detrás de Neves, habrá fin de ciclo en Brasil. Sin embargo, es aquí donde se da una paradoja.

Si bien no era lógico que Marina Silva le quitara el segundo puesto a Neves, la reelección de Dilma estaría más en riesgo si al ballottage hubiera entrado la ambientalista amazónica.

¿Por qué? Porque Marina Silva habría obtenido la totalidad de los votos del pequeño Partido Socialista, sumándole votos de las capas bajas que se identifiquen con la vida de pobreza y lucha sindical que la convirtió en dirigente protagónica y también los que siguen a las iglesias evangélicas.

Por cierto, con eso queda lejos de la masa de sufragios que arrastra el PT tras haber hecho emerger de la miseria a más de 40 millones de personas. Pero siendo la desafiante en la segunda vuelta, Silva habría obtenido la totalidad de los votos que obtuvo Aecio Neves, porque son fundamentalmente votos contra el PT y se volcarían a favor de cualquier candidato que lo enfrente.

De tal modo, entrando a la segunda vuelta, Marina Silva cosecharía a izquierda y derecha, mientras que el candidato del PSBD difícilmente logrará en las urnas la totalidad de los votos de clase baja y de izquierdas que, en la primera ronda, se volcaron en favor de la candidata del PS.

* Profesor y mentor de Ciencia Política,

Universidad Empresarial Siglo 21.

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *