Deportes, Sitios Externos / 17 de diciembre de 2014

CORRUPCIÓN EN LA FIFA

La pelota sí se mancha

Recientes investigaciones desnudan los acuerdos más turbios del fútbol internacional.

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La FIFA es la única organización mafiosa más eficiente que la cosa nostra”, suele decir el canadiense Declan Hill, autor de “The Fix: Soccer and Organized Crime”, “No hay ninguna federación deportiva en el mundo menos transparente que la FIFA”, confirma por su lado Andrew Jennings, autor de “Omerta: Sepp Blatter’s FIFA Organized Crime Family”.
La inquietud sobre el opaco funcionamiento de la FIFA se multiplicó en los últimos meses, a medida que empezaron a surgir nuevas denuncias sobre corrupción en la atribución de los mundiales de fútbol de 2018 a Rusia y de 2022 el emirato de Qatar, la reventa ilegal de entradas durante la Copa del Mundo de Brasil y la proliferación de partidos arreglados a pedido de las mafias de apuestas.
Árbitros de oferta. En Europa cada año se manipulan unos 300 resultados, según las estimaciones de Interpol. La cantidad es mucho más elevada en África, Asia y América Latina. La plaga no se limita a partidos nacionales, sino que también comenzó a infestar los amistosos, los encuentros de clasificación y la Copa del Mundo, como acaba de revelar uno de los intermediarios, Wilson Raj Perumal, originario de Singapur. Ese “especialista” confesó haber arreglado más de un centenar de partidos en diez años de actividad. Uno de los mayores artesanos de esa actividad, denunció, era el árbitro nigeriano Ibrahim Chaibou, que no tenía ningún rubor en sancionar las expulsiones y penales necesarios para obtener el resultado pedido. Una de las actuaciones que sirvieron para imputarlo fue un amistoso entre Nigeria y Argentina en junio del 2001 Chaibou se dejaba sobornar por 1.000 a 1.500 dólares, pero la tarifa vigente en Europa es mucho más elevada.
Uno de los casos más célebres ocurrió en la Copa del Mundo de 2002: el árbitro ecuatoriano Byron Moreno forzó la eliminación de Italia frente a los sudcoreanos por 2-1, después de anularles un gol, cobrar un penal y expulsar a un jugador italiano.
Mundiales en venta. La gota que hizo rebasar la copa fue la investigación confiada por la FIFA al ex procurador del distrito sur de Nueva York, Michael J. García, para determinar si hubo corrupción en la atribución del mundial de Qatar. Su nombre fue sugerido a la FIFA por Interpol y la contratación se hizo a través del gabinete privado Kirkland & Ellis, basado en Chicago, que le ofreció un contrato de 6 millones de dólares por dos años de trabajo. Apoyado en 200.000 páginas de “pruebas”, García entregó su informe el 5 de septiembre al comité de ética, presidido por el alemán Hans-Joachim Eckert. La FIFA decidió mantenerlo en secreto. Conforme al “código ético” de la organización, las conclusiones de ese informe de 350 páginas “no serán divulgadas públicamente”, informó sin ruborizarse, el director de Asuntos Jurídicos, Marco Villiger.
La investigación de García ni siquiera cubre las anomalías sobre las atribuciones de los mundiales de 2018 y 2022 ni la derrota de la candidatura de Estados Unidos frente a Qatar (por 14 votos contra 8). Esos temas fueron tratados en dos investigaciones anexas realizadas a partir de octubre del 2013 por el abogado suizo Cornel Borbely, vicepresidente de la Cámara de Instrucciones helvética, que interrogó a los miembros del Comité Ejecutivo implicados en la atribución de los mundiales, incluyendo a Michel Platini. El ex crack francés, actual presidente de la UEFA, está sospechado de haber “operado” a favor de Qatar. La prueba, según una denuncia del diario Daily Telegraph, de Londres, es su participación en un desayuno organizado en el Palacio del Elíseo por iniciativa del presidente francés Nicolas Sarkozy pocos días antes de la votación para definir las atribuciones. En torno de la mesa estaban el emir de Qatar, Hamad bin Jalifa al-Thani, su primer ministro y el presidente de la federación qatarí de fútbol, Mohamed Ben Hammam, que fue luego acusado de haber distribuido 5 millones de dólares entre miembros de la FIFA.
La revista France-football afirmó en el 2013 que, por amistad con el emir, Sarkozy se comprometió a “presionar a Platini”. “Creer que yo pude cambiar mi voto por presiones del Palacio del Elíseo es pura especulación”, respondió Platini, que nunca ocultó haber votado por Qatar, pero igual quedó bajo sospecha.
Caso clave. El escándalo de Qatar terminó por salir a la luz gracias a la tenacidad de Lord Triesman, que presidió la comisión de candidatura de Inglaterra. Decidido a demostrar la corrupción que permitió la elección de Qatar, creó una comisión investigadora en la Cámara de los Comunes en la que expuso algunas evidencias que había recogido durante la campaña previa a la elección:
• Qatar pagó 1,5 millón de dólares a Issa Hayatou (Camerún) y una suma idéntica a Jacques Anouma (Costa de Marfil), ambos miembros de la FIFA.
• El presidente de la Federación Brasileña de Fútbol, Ricardo Teixeira, pidió 4 millones por su voto.
• El representante paraguayo Nicolás Leóz solicitó ser condecorado con la orden de Caballero del Imperio.
• El triniteño Austin Jack Warner, vicepresidente de la FIFA, reclamó la financiación de un centro de educación deportiva en Haití por valor de 4 millones de dólares y otros 500.000 para comprar los derechos de transmisión radial para Haití. Ese dinero, le dijo, debía transitar por sus manos.
• La candidatura contó con un presupuesto colosal de 45,8 millones de dólares. La mayor parte de ese dinero, estimó, terminó en el bolsillo de algunos delegados.
Dos miembros del comité ejecutivo, Amos Adamu (Nigeria) y Reynald Temarii (Tahití), fueron excluidos de la FIFA después de las primeras revelaciones. Tras el escándalo, el suizo Joseph Blatter decidió promover la investigación interna, sabiendo que los instrumentos legales en su poder pueden neutralizar cualquier peligro.
Los estatutos de la FIFA precisan que un país derrotado en una votación no puede apelar. A diferencia de otras organizaciones internacionales, no está sometida a auditorías. El reglamento interno prohíbe las “interferencias gubernamentales” y niega a las asociaciones recurrir a la justicia.
Esos estatutos fueron concebidos en por el brasileño João Havelange, predecesor de Blatter, inventor de la máquina de hacer dinero: los ingresos de la FIFA, superiores a 1.000 millones de dólares anuales, provienen de sponsors, derechos de radio y televisión, publicidad y merchandising. Por esa razón no se esforzó demasiado en investigar el escándalo que estalló en pleno mundial sobre el tráfico de entradas legales y falsas que controlaba Match Services, con sede en Suiza, que opera como prestataria oficial de la FIFA. El tráfico, que se arrastra desde hace cuatro mundiales, totaliza un volumen de 70 millones de dólares. Una de las filiales de Match Services está dirigida por Philippe Blatter, sobrino del presidente de la FIFA.
Decime qué se siente. Tras 16 años al frente de la institución más opaca del mundo, Blatter controla la mayoría de los votos de las 209 federaciones nacionales que integran la FIFA y parece difícil pensar que pueda ser derrotado en la elección de mayo del 2015. Su único adversario de peso, Michel Platini, decidió retirarse para esperar su turno en el 2020. Pero más que la ambición de poder, mueve a Blatter la necesidad de seguir controlando la FIFA para evitar que su eventual sucesor decida destapar la olla de la FIFA para saber a qué huele.

 

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