Personajes / 5 de enero de 2015

Diego Valenzuela: “No da lo mismo prontuario que currículum”

Periodista, historiador y economista, pegó el salto a la política. Aplaudidores y obsecuentes, enfermos de poder y el fraude educativo.

Polifacético y de bajo perfil, Diego Valenzuela se hizo conocido como periodista en televisión, en noticieros de canales de aire y en “Hora Clave”, con Mariano Grondona. Especializado en periodismo internacional, es historiador, economista y entre varios de sus libros se destaca “Belgrano, la revolución de las ideas” y “Sarmiento periodista, el caudillo de la pluma”, que tuvo el impensado elogio de la Presidenta Cristina Kirchner por cadena nacional. Pero también estudió actuación con Norman Briski, participa del programa “Resto del mundo”, conducido por Iván de Pineda en El Trece, (que forma parte de la productora que tiene junto a sus hermanos Pablo y Hernán), y es funcionario público del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.
Hubo un día, dice Valenzuela, que decidió dejar de ser comentarista de la realidad para ser protagonista. Así comenzó a ayudar al candidato Francisco De Narváez para luego recalar en el PRO y desempeñarse, hasta hoy, como director de la Unidad de Proyectos Especiales del AMBA (Área Metropolitana de Buenos Aires). Tiene la responsabilidad de facilitar la interacción y el diálogo con los intendentes de los cuarenta municipios, entre los que está Tres de Febrero, adonde aspira desde el partido de Mauricio Macri a suceder al mítico Hugo Curto, el jefe de esa localidad desde 1991. Casado y padre de dos hijos, Lucio (12) y Lola (10), no pierde ocasión de ir con el varón a ver a su Independiente. “Mi abuelo vivió mucho en Avellaneda, por eso soy de Independiente, pero como nací en Caseros tengo mi corazoncito también en Estudiantes de Buenos Aires –aclara, casi con reflejos de político en campaña–. Y también sigo a Almagro y a J. J. Urquiza, todos del partido de Tres de Febrero”.
Noticias: ¿Cómo fue el pasaje del periodista al político?
Diego Valenzuela: Yo siempre tuve mucha vocación pública, siempre me gustó explicar lo que nos pasa en un país tan convulsionado. Después me topé con la Historia, donde hice una maestría. Más tarde me encontré escritor, hice cuatro libros, nunca me lo había propuesto. Siempre sentí que estaba contribuyendo a un país mejor desde el periodismo, la historia. Me impactó una frase del Papa Francisco: “No sean cobardes, no balconeen la vida”. Yo me sentía un poco balconeando. Estaba en un estudio de radio, diciendo “me gusta”, “no me gusta”, levantando el dedito, y sentí ganas de participar. Lo fui madurando, lo hablé mucho con la familia y renuncié a todo lo que hacía. Fui medio por medio planteando esta decisión. Algunos me miraban rarísimo. Uno me dijo “Vas a tirar tu nombre al barro”. Yo dije: “¿por qué? Si no nos involucramos nosotros, se lo dejamos a ellos”.
Noticias: ¿Cuántas veces se sintió en el barro?
Valenzuela: Muchas, muchas… cuando uno enfrenta dilemas de vida, hay miedos que vencer. Pero cuándo lo voy a hacer: ¿a los sesenta años? Renuncié a los medios porque no es ético –aunque algunos lo hacen– hacer un ejercicio de periodismo con lo público. No trabajo de manera remunerada, aunque sigo siendo periodista porque está en mis genes. El problema no es la política, sino quienes son los que la hacen. Si abandonamos ese espacio como ciudadanos, lo ocupan los peores, los que quieren vivir de la política. Quiero cambiar la forma cómo se hace la política usando los dineros públicos, recurriendo a gente que quiere participar y no a los que creen que la política es un empleo. No da lo mismo prontuario que currículum.
Noticias: ¿Su discurso no en un poco naif para los tiempos de la política actual?
Valenzuela: No creo que sea un discurso naif, sino fresco, nuevo, distinto y potente porque miro a los ojos a la gente. En la política quiero ser un representante de la sociedad civil, no de la corporación política. Si alguien lo interpreta como naif, bienvenido sea. Tiene lo fresco de venir de la sociedad. En Tres de Febrero me dedico más a los vecinos que al Concejo Deliberante. No es un slogan de campaña, es lo que yo soy.
Hace algo más de dos años, Cristina Fernández en cadena nacional recordó que Domingo Faustino Sarmiento, cuando fue presidente, cerró los diarios “La Nación” y “La Prensa”. Y recomendó a todos y todas leer “Sarmiento periodista, el caudillo de la pluma”, de Diego Valenzuela, al que prefirió cambiarle el título por “Sarmiento militante”. Nadie le advirtió a la mandataria que Valenzuela es un dirigente del PRO y que con su elogio, ayudaba a posicionarlo en su carrera política. “Me sorprendí como tantos con ese comentario, estando yo en el Gobierno de la Ciudad –se sincera–. Hizo un uso político de que Sarmiento cerró diarios y ella no lo iba a hacer. El periodismo cambió y la prensa en aquellos tiempos era parte de la política. Traer eso hoy es un anacronismo. Pero sin dudas Sarmiento fue un militante de sus causas, como la educación. A Cristina Kirchner la entrevisté muchas veces en diferentes etapas de su vida pública, antes de ser Presidenta”. Valenzuela reconoce que adhirió a la primera etapa del gobierno de Néstor Kirchner, por sentir cierta sintonía con su gobierno. “Como ciudadano, la etapa de reconstrucción de Duhalde y Kirchner, post 2001, yo la viví con simpatía. En esa primera etapa de Néstor, me gustó que la política vuelva a conducir la economía. No me gustaba cuando venían del Fondo Monetario y nos decían lo que teníamos que hacer. Me gustaron los planes sociales como la Asignación universal por hijo, que fue un reclamo de varios sectores de la sociedad. También la cobertura jubilatoria ampliada, crear un ministerio de Ciencia y Tecnología reteniendo científicos y repatriando a los que se fueron. Después fueron sacando a la gente buena, trayendo a aplaudidores y obsecuentes y la calidad de gestión fue retrocediendo mientras crecía la conflictividad en la sociedad. Entonces, cada vez fui viendo más críticamente este proceso”.
Noticias: Al ser historiador, ¿cómo ve hechos que cada vez se dan con más virulencia, como la corrupción? ¿Está marcado en el ADN del país?
Valenzuela: Hay un caso que me irrita. Cuando Belgrano, a quien admiro mucho, gana la batalla de Salta y Tucumán, el gobierno le da un premio de cuarenta mil pesos, que era mucho para la época, y lo dona para construir cuatro escuelas. Tardaron más de cien años en hacerse, la última la inauguró Daniel Filmus y evidentemente ya no con el dinero que donó Belgrano. Ese prócer tan amado, donó el dinero, se involucró y escribió el reglamento de las escuelas, y ese dinero se esfumó. Ese es un síntoma de la Argentina. Algunos dicen que tiene que ver con nuestro origen, con que Buenos Aires se construyó con el contrabando. No podemos saldar ese debate tan fácilmente, pero es un desafío como sociedad. Belgrano fue rico y murió pobre. No es que yo quiero morir pobre. Hablo de ver el servicio público como una enorme contribución a la sociedad.
Noticias: ¿Hay una enfermedad de poder en el país?
Valenzuela: Sí, una enfermedad por el poder en sí mismo y no el poder para transformar. Los políticos aspiran al cargo casi por una cuestión de ego, de contactos, de autos con chofer, toda la pompa que los rodea, y que los aísla. El que se emborracha de eso, se aleja de la gente. El mejor antídoto es que participen los que no venimos de la política.
Noticias: ¿Se siguen viendo las antinomias históricas: liberales- nacionalistas, radicales-peronistas, y ahora kirchneristas y anti k? ¿Es un sello muy argentino?
Valenzuela: Las discusiones con pasión son saludables, necesarias. Pero no deberían llegar a la antinomia de ver al otro como un enemigo. El problema es que no logramos progresar en la forma de debatir en democracia. Yo doy charlas de historia a las escuelas y conozco mucho el tema educativo. ¿La escuela es una guardería o es el lugar donde aprendés? Hemos puesto plata en la educación y la calidad no mejoró. En la provincia de Buenos Aires tenemos un perdón a las inasistencias. Al docente le dicen que si el chico no viene, lo evalúen igual y en todo caso con un trabajo práctico. Quieren que no repitan y no abandonen a toda costa. Es un fraude educativo.
Noticias: Usted lleva a sus chicos a escuelas privadas.
Valenzuela: Sí, es cierto. Yo busqué escuelas públicas de doble jornada, un proyecto educativo determinado, no una escuela que te haga memorizar las cosas, y encontré la escuela en donde van mis hijos, que tiene que ver también con lo lúdico, y me enganchó. Pero reivindico a la escuela pública y me quiero dedicar a este tema, es mi obsesión. Mi hijo está haciendo el ingreso al Carlos Pellegrini, la decisión es que vaya a una pública, ahora está transitando los exámenes. En mi caso, no es un tema de público y privado, sino de un proyecto educativo.

 

 

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