Sociedad / 11 de julio de 2015

Los secretos del spa de Liuzzi

Cómo funcionaba el centro de belleza que la mano derecha de Zannini acaba de cerrar en Puerto Madero.

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Investigando Puerto Madero para escribir “El barrio del poder” me dio curiosidad que el centro Iobella de Carlos Liuzzi, el número dos de Carlos Zannini en la Rosada, era el único de esa cadena con varias sucursales que, además del fitness de moda, tenía una oferta más hedónica: masajes gourmet. Los ungüentos que prometía la página web sonaban a sobreactuación epicúrea: aceite de champagne, crema de vinoterapia, aceite de canela y kumel y crema de chocolate con almendras dulces. Que untados en la piel no deben engordar,  así que llamé y pedí un turno.

La dirección publicada del spa era Rosario Vera Peñaloza 599, en el complejo Zencity del dique 1. Pero la primera sorpresa fue que esa numeración correspondía a la entrada de uno de los edificios residenciales del condominio.  El portero, visiblemente harto de repetir la indicación,  me explicó que tenía que caminar una cuadra y tomar un camino interior. Al llegar, le digo a la recepcionista que sería bueno indicar en la web cómo llegar, pero ella está ocupada en adivinar cuánto cobrarme, por adelantado, el masaje de una hora. Al parecer dependía de la cara del cliente.

A la ambientación del lugar le sobraba inspiración en el estilo Faena; mucho blanco, caireles y espejos biselados. Pero la promesa de masajes gourmet del aviso se diluyó ni bien me tendí en la camilla: no había aromas para elegir.

Supe que Liuzzi y su mujer casi no iban al spa. Pero quienes menos los quieren en Balcarce 50, cuentan que hicieron casting de empleadas entre las chicas más despabiladas del personal de la Rosada. Todo con mucha reserva. Ni siquiera en la tarde inaugural vencieron su resistencia a la exposición. Hubo música electrónica, rico catering,  Sofía Zámolo y Silvina Luna ponderaron el método ante las cámaras de los programas chiveros de cable, pero de los dueños, ni noticia. La palabra oficial quedó a cargo de una gerente jovencita.

Es que a los dos meses de que la pareja surgida al calor de la Casa Rosada creara la empresa Sybella SRL para la explotación del centro de estética, en marzo del  2013 el juez Oyarbide hizo una escandalosa revelación que sacó a “el rubio” Liuzzi de la sombra en la que se había conseguido refugiar: que el segundo de Zannini en la secretaría de Legal y Técnica lo había llamado para frenar un allanamiento en la financiera Propyme, de su amigo Guillermo Greppi. La confesión fue una aliviadora catarsis, según explicó su señoría.

Meses antes, Oyarbide había archivado una causa contra el mismo Liuzzi por supuesto enriquecimiento ilícito, impulsada por el abogado Ricardo Monner Sans en base a denuncias periodísticas de Perfil y Clarín. Lo que en Palacio llaman cintura judicial: una de cal y otra de arena. O el callejero ajuste de cuentas en versión política.

En mayo Liuzzi fue sobreseído en la causa Propyme, pero sigue en la mira su patrimonio. También se investiga el de su actual pareja, de un hijo y de una hermana, todos empleados en la Secretaría Legal y Técnica; además del de la ex mujer del funcionario, Gloria Martínez, a quien los amigos de Liuzzi le tienen cierta desconfianza. Temen que se convierta en la típica mujer despechada que desmorona las coartadas mejor plantadas. Porque detrás de los enamorados de Puerto Madero, hay una separación escandalosa.

Gloria Martínez -prima hermana de la actual esposa del “Chino” Zannini- tuvo que afrontar el divorcio después de un largo matrimonio, tres hijos y una apacible vida compartida en el country Los Lagartos, cuando Liuzzi se enamoró de su asistente 25 años menor. El funcionario procuró un distanciamiento civilizado, pero no pudo evitar que la bronca de la mujer se filtrara del exclusivo barrio privado de Pilar donde vivían.

En la crisis de los cincuenta y pico, y cuando los frutos económicos de la carrera política del marido empezaban a impactar en el estilo de vida familiar, la mujer histórica tuvo que verlo irse con Thaiss del Corazón de Jesús Hidalgo, una chica inteligente y linda oriunda de Cañuelas, a refundar una vida de alta gama en Puerto Madero.

La love story de Carlos y Thaiss anida en el piso 42 de una de las dos torres Mulieris; las mismas que eligió el mentor barrial Carlos Grosso. Son departamentos muy requeridos por la calidad de sus detalles, como los muebles de cocina y vestidores italianos, y por la vista maravillosa que ofrecen sus livings semicirculares. Tan agradablemente lejos de la realidad.

*Editora Ejecutiva de NOTICIAS.

Seguí a Alejandra en Twitter: @alejandradaiha

 

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