Personajes / 22 de agosto de 2015

Guillermo Francella: “Nunca voy a abandonar la comedia”

Acaba de estrenar “El clan”, donde interpreta a un ser diabólico. Pasado como periodista, resguardo de su intimidad e hijos actores.

Guillermo Francella
"No hay un Mesías que te elige, ese cuento no existe… Me costó mucho entrar en la profesión, pero después no paré. Jamás tuve representante ni nadie que hablara por mí".

Otra vez su pelo está negro. Como recién salido del spa, prolijísimo, sin panza, la cara cuidada gracias a las cremas que le aconseja Marynés, su mujer desde hace 25 años. A Guillermo Francella no le interesa hablar de su sexta década cumplida en febrero. El número podrá resultarle odioso pero la vida lo encuentra en el mejor momento, afirmación que no es más que una reiteración. Porque hace tiempo que es costumbre decir que este Francella estuvo mejor que aquel Francella. Acaba de estrenar “El clan”, la película de Pablo Trapero sobre la familia de San Isidro que a principios de los ´80 montó una banda de secuestros extorsivos en su propia casa. El líder era el padre, Arquímedes Puccio, interpretado por un desconocido Francella, totalmente canoso, acompañado por Peter Lanzani como Alejandro, el hijo mayor y rugbier del CASI y Los Pumas. Criado muy cerca, en Beccar, el actor pasó muchas veces por esa casa y rotisería siniestras sin imaginar jamás lo que allí pasaba y mucho menos, el modo en que terminaría involucrándose con la historia.
Noticias: ¿Cuál es su Arquímedes Puccio?
Guillermo Francella: No digo que es “mi” Puccio. La película es del director, no del actor, y es su criterio. Fue un ida y vuelta con Trapero, un Frankenstein que armamos. Muy importante resultaron los testimonios que recogió de amigos, conocidos, jueces y familiares de las víctimas. Tuvimos información de lo retorcido que era para hablar, de lo severo y poco afectivo que era con sus hijos, jamás tocaba a nadie, tenía un decir cansino. Y lo construimos con esa mirada gélida, sin parpadear, esa misma cara para ayudar a una hija a hacer los deberes que para planear el próximo secuestro.
Noticias: Era el demonio. Para un actor, lo más divertido.
Francella: Sí, el tipo era el demonio. Al no tener ninguna comunión con nadie, no sé si me divirtió. Pero me gustó verme en un rol tan antagónico a los que había hecho, explorar esa oscuridad, no reconocerme en ningún fotograma.
Noticias: Una de las escenas más fuertes es la de los golpes del hijo al padre. ¿Cómo la armaron?
Francella: Con un doble de pelea practicamos la trompada y el giro de la cabeza, de manera milimétrica. Fue necesaria cierta vehemencia. Es muy fuerte porque Arquímedes lo obliga, lo provoca para que le pegue.
Noticias: ¿Conoció en su vida a algún malo diabólico?
Francella: Tal vez de manera más solapada, sabiendo que era un tipo con malas intenciones, gente jodida con conductas de mierda. Pero no conocí nunca a alguien tan siniestro, un asesino, un secuestrador. Soy muy perceptivo en esas cosas aunque no condeno a priori a nadie.
Noticias: ¿No le gustó la versión Hollywood de “El secreto de sus ojos”, el film de Campanella donde trabajó?
Francella: ¡Cómo se viraliza todo! Hice un comentario basado en el trailer. Me pareció un bodrio porque hicieron otra cosa, un thriller de suspenso; Julia Roberts haciendo el papel de Rago y el mío. Pero no la vi.
Noticias: ¿Por qué considera que usted y Darín son los únicos actores que garantizan el éxito? ¿Ninguna otra figura otorga esa seguridad?
Francella: En primer lugar, y creo que él diría lo mismo, somos agradecidos de ese idilio. Supongo que tiene que ver con los contenidos que transitamos durante tantos años, y no sólo en el cine. Toda la vida me han seguido, en teatro y en tele, y también las nuevas generaciones. “Casados con hijos” es como “Los Simpson” o “El chavo”.
Noticias: ¿Volvería a hacer humor, comedia, una sitcom?
Francella: Sí, me gustaría. Nunca voy a abandonar la comedia. Empezar en ese género fue una anécdota, se dio. Después, llegando a los 50 años, me dieron ganas de dar el timonazo porque quería hacer otras cosas. Vino esta seguidilla de proyectos maravillosos donde me di todos los gustos. Estuve a punto de hacer “Two and a Half Men”, ya teníamos la escenografía y parte del elenco. Pero el productor general, Chuck Lorre, no firmó. Me habría encantado.
Noticias: Usted es el último actor popular, como lo fueron Olmedo, Porcel o Sandrini.
Francella: Hubo muchos ídolos populares y es cierto que ese tipo de actores desapareció. Ellos querían que les pasara otra cosa en sus carreras. Sandrini lo intentó, Olmedo no pudo; yo logré darme el gusto. Siempre se descalificaba a ese tipo de trabajos, pero es cien veces más difícil la comedia que lo dramático. La voy a defender siempre, es un tempo milimétrico.
Noticias: Uno de esos gustos fue el de trabajar con Alfredo Alcón en “Los reyes de la risa”. ¿Cómo fue juntarse con un actor con experiencias tan diferentes de la suya?
Francella: Alfredo quería hacer comedia, darse el gusto de escuchar las carcajadas del público. Cuando me dijeron que quería hacerla conmigo fue un honor, casi me muero. Fue tan sencillo el vínculo, las miradas, el timing, una gran experiencia en mi vida que agradezco.
Noticias: Todas le salen bien. ¿No teme al olvido, a la mala racha, al cambio de suerte?
Francella: Voy a ser sincero. Viví todos los procesos. Me costó mucho entrar en la profesión. Iba, pedía, me movía todo el tiempo; pero después no paré nunca. Soy hacedor de mis proyectos, fui bastante independiente, jamás tuve representante ni nadie que hablara por mí, me involucré mucho. Conozco esta profesión y sé los parates que existen y la descalificación de la gente mayor. No me gusta ese exitismo del “no, este ya no convoca”, de príncipe a mendigo de un plumazo. Hay que estar muy fortalecido. Tengo dos hijos, Nicolás (24) y Johanna (21), que eligieron esta carrera y lo hablo con ellos: es difícil, hay muchos paréntesis, nunca tenés asegurada la continuidad.
Noticias: A sus hijos, al menos esa primera etapa que usted pasó, no les sucederá.
Francella: Supongo que no. Pero no hay un Mesías que viene y te elige, ese cuento no existe. Mi hija, que se preparó mucho, aun más que Nicolás, y estudia todo el tiempo, tuvo una oportunidad en “Noche y día” que le dio Adrián Suar pero ahora está boyando como cualquier chico que busca.
Noticias: ¿A Nicolás lo cuida de la comparación?
Francella: Él solo lo hace. Mantenerse será cosa de ellos, después de ese privilegio inicial. No quiere hacer comedia, busca que le pasen otras cosas en la profesión y me encanta que piense así. Es un mochilón que cargan y lo sabían, no lo ignoran. Es la que les toca y, sobre todo, a Nicolás.
Noticias: Estudió teatro con Alejandra Boero y anduvo esa primera época por el off. ¿Volvería a hacer teatro en ese circuito?
Francella: Puede ser, puede ser, depende. O hacer algún clásico, algún Discépolo. Leo mucho, leí todo Molière, todo Goldoni. Tienen algo naif, bastante ingenuo, habría que ver cómo abordarlo porque ha cambiado todo tanto.
Noticias: También estudió Periodismo. ¿Por mandato familiar?
Francella: No. Estaba muy desorientado cuando terminé la secundaria. No me gustaba el colegio, siempre fui un alumno “cualunque”, de 6, a lo sumo 7, que pasaba y gracias. Lo que sí sabía era que quería ser actor. Claro que, mientras tanto, tenía que hacer otra cosa para trabajar y no sabía qué. Me gustaba algo de lo teatral que tiene el periodismo, más lo oral que lo escrito, el poder hablar a cámara. Me anoté en el mejorcito de entonces, en el Instituto Grafotécnico donde me recibí después de tres años. Tuve como compañeros a muchos conocidos: Laura Ubfal, María Laura Avignolo, Luis Sartori, Osvaldo Menéndez, un montón.
Noticias: Trabajó en revista Gente. ¿Cómo le fue?
Francella: Sí, porque un tío era muy amigo del papá de Alfredo Serra y me vinculó. No necesitaban, me tomaron por onda con Alfredo en el verano, no había nadie en la redacción, no había tarea, me mandaban a buscar paquetes. Cuando volvieron los estables, (Jorge de) Luján Gutiérrez –que en ese momento no era el director porque ese cargo lo tenía “Chiche” Gelblung– me citó y me rajó. No podía creerlo, me mató. Tenía 20 años, era 1975.
Noticias: ¿Qué le quedó de esa experiencia?
Francella: Lo que recuerdo es la relación entre periodistas y fotógrafos, nunca me gustó y la sufrí mucho. Cuando tenía que ir a Fotografía para pedir fotógrafo para alguna nota, me decían: “Ufff, ¿a dónde hay que ir? ¿tenés auto? uh, tengo que ir con el mío”. Me llevaban y no me hablaban, era un castigo; siempre estaban con cara de culo. Hasta que un día me tocó un soñado, (Antonio) Legarreta, un divino que me hablaba y aconsejaba. Pero los otros no sé por qué me trataban así. Periodistas con más años me dijeron que era así la cosa, siempre. A mí me marcó. Pasaron los años y pude hablarlo con muchos de ellos cuando me sacaban fotos y me di el gusto de verme en la tapa del lugar de donde me habían echado. Luján Gutiérrez dice que me salvó la vida.
Noticias: ¿Cómo lo trataban sus compañeros? ¿A “Chiche” lo trató?
Francella: Nooo, yo era un pibe. Algunos me trataban muy bien, como “Papucho” Ledesma, que me presentaba a todos los periodistas que llegaban. Pero estaban los medio turros que ni me hablaban y además, yo empezaba a hacer publicidad y comerciales y me miraban torcido. Me buscaban y yo justo estaba hablando con las pendejas de Para ti. Boludeaba porque no me daban tarea. Me hacían pensar notas, títulos. O me encargaban cubrir la noche de Buenos Aires y no estaba ni el loro, no sabía qué carajo hacer. Pero no me mandé ningún cagadón como para que me echaran.
Noticias: ¿Qué le preguntaría hoy a Francella si fuera periodista?
Francella: No sé, no hay nada puntual. Siempre me abrí mucho, no escondí nada, y me gusta cuando se puede conversar. No tengo ninguna asignatura pendiente, no me quejo de preguntas que no me hayan hecho.
Noticias: Pero nunca le abre la puerta de su casa a la prensa.
Francella: No. Al comienzo lo hice. Cuando vi la foto con mi mujer y los chicos chiquitos posando, me dije: “¿Qué estoy haciendo?” Nunca más. Fui muy cuidadoso toda mi vida.
Noticias: Año de elecciones. ¿Qué espera?
Francella: Que el que venga esté iluminado.

 

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