Salud / 14 de octubre de 2015

Un Nobel de Fisiología y Medicina sorpresivo

Premió el desarrollo de drogas contra males de países pobres. Uno de los ganadores es mujer. Solo el 3% de los Nobel se dieron a científicas.

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El Premio Nobel de Fisiología y Medicina de este año es diferente, inusual, sorpresivo. No es común que el comité del Nobel distinga a investigaciones que terminaron en el desarrollo de medicamentos concretos, y mucho menos de remedios que se relacionen con enfermedades típicas de la pobreza. Tampoco es demasiado frecuente que los premios sean otorgados a investigadores del sexo femenino: apenas el 3% de todos los Nobel de ciencia entregados desde que fuera creado el premio, en 1901, fueron a parar a manos femeninas. Pero este año, tres investigadores que desarrollaron tratamientos para infecciones parasitarias que afectan típicamente a las poblaciones más pobres de países subdesarrollados fueron reconocidos con el Premio Nobel. ¿La explicación? Sus aportes para el avance de la medicina tropical, en particular, por sus hallazgos de tratamientos contra infecciones provocadas por parásitos que afectan al 33% de la población mundial. Especialmente en las zonas más pobres del planeta.
Parásitos y enfermedades deformantes, paralizantes, que pueden tratarse con medicamentos de bajo costo y que afectan a miles de millones de personas. Primera sorpresa. Una mujer que dedicó su vida a investigar remedios para este tipo de males hurgando en lo más profundo de la herbología usada a nivel popular en su país. Segunda y tercer sorpresa respectivamente. Es como si, este año, el comité que entrega los Nobel se hubiese propuesto romper los moldes preexistentes.
Detalle. Una mitad del premio Nobel fue otorgado a la farmacóloga china Youyou Tu, miembro de la Academia de Ciencias Médicas de Beijing. Su trabajo identificando compuestos que actúen contra la malaria (que se cobra la vida de, en promedio, medio millón de personas cada año) lleva ya casi medio siglo de continuidad y se inspira (la tercera novedad de este Nobel 2015) en hierbas medicinales tradicionales de China.
Paso a paso y lentamente, Youyou Tu investigó y examinó dos mil de estos tratamientos herbales, recompuso recetas antiquísimas y fue acercándose a la identificación de un compuesto en particular. Se trata de la artemisinina, que se obtiene de un ajenjo chino denominado Artemisia annua. La droga, que la especialista describe como “un verdadero regalo de la vieja medicina china”, es actualmente un componente esencial en el tratamiento contra el parásito causante de la malaria. El uso de la artemisinina redujo la tasa de mortalidad de la infección en un 20% para el caso de los adultos, y en un 30% en el tratamiento para niños. Alrededor de 100 mil personas son salvadas cada año gracias a este remedio, y solamente en África.
En 1969, Mao lanzó el programa secreto 523, cuyo objetivo era encontrar un nuevo tratamiento contra la malaria, y Youyou Tu fue puesta al frente. En el 2011, la científica china escribió un paper publicado en la prestigiosa publicación científica Nature: “Durante la Revolución Cultural, no había métodos prácticos para desarrollar ensayos clínicos de nuevas drogas. Por eso, y para ayudar a los pacientes enfermos de malaria, mis colegas y yo nos ofrecimos como voluntarios para probar el extracto en nuestros propios cuerpos. Recién después de haber comprobado que el extracto era seguro para el consumo humano, fuimos a la provincia de Hainan para probar su eficacia clínica, y llevamos a cabo ensayos con pacientes infectados tanto por el mosquito Plasmodium vivax como por el P. falciparum. Estos ensayos dieron excelentes resultados: los pacientes tratados con el extracto experimentaron una veloz desaparición de los síntomas (les bajaron tanto los niveles de fiebre como de parásitos en sangre).
La otra mitad del premio fue otorgado al microbiólogo William Campbell (trabaja en la Drew University, Estados Unidos) y a Satoshi Omura, también microbiólogo, pero que se desempeña en la Kitasato University de Japón. Ambos descubrieron las avermectinas, compuestos que pueden matar lombrices parasitarias que originan enfermedades paralizantes como la filariasis linfática (popularmente se la conoce como elefantiasis y es, junto con la malaria y el dengue, una de las tres patologías que más muerte y enfermedad provoca en los países en desarrollo), y la oncocerciasis o ceguera de los ríos.
A partir de la investigación de ambos científicos fue que se descubrió un compuesto cuyo derivado refinado, la ivermectina, tiene una fuerte acción antiparasitaria. La droga se usa actualmente no solo para reducir la morbilidad (es decir, la capacidad de enfermar) de estas dos patologías mortales, sino que también logra interrumpir su cadena de transmisión.
Cuestión de sexos. “El Premio Nobel y el Premio en Ciencias Económicas fueron entregados a mujeres 47 veces entre 1901 y 2014 –aclaran en la Academia de Ciencias Sueca-. Solo una mujer, Marie Curie, fue distinguida dos veces, con el Nobel de Física en 1903 y con el Nobel de Química en 1911”. Lo que no salta a la vista sino hasta que uno efectúa un análisis más detallado, es que en lo que a ciencias se refiere, la participación femenina se limita enormemente: quitando los premios Nobel de Literatura y por la Paz, los más frecuentes entre las mujeres, las mujeres que se dedican a la ciencia de han visto pobremente reconocidas. Solo 2 fueron premiadas en el área de Física, 4 por investigaciones en Química, 12 por Fisiología y Medicina (contando a Youyou Tu, este año) y una sola recibió el premio de Economía. Mientras tanto, 207 varones fueron reconocidos solo en la especialidad médica.
Estas simples estadísticas no hacen más que poner en evidencia, en su lugar de mayor exposición, la situación de la mujer en la ciencia: mientras que el sexo femenino es mayoría a la hora de recibir un título de grado en áreas científicas, al momento de los ascensos, los premios y las remuneraciones la inequidad predomina.
Desigualdad. De acuerdo con un relevamiento hecho en el 2012 por el Instituto de Estadísticas de la UNESCO, alrededor del 30% de los investigadores científicos en el mundo son mujeres. La Argentina ocupa el cuarto puesto de América Latina en cuanto a porcentaje de investigadoras del sexo femenino, con el 51,9% de la comunidad científica. Nada mal, comparado con el 31,9% que ocupan las investigadoras británicas. Pero el problema de alcanzar puestos jerárquicos y premios internacionales se repite tanto en un país como en el otro, en un continente como en los restantes. Además, la brecha entre los sexos se da también por áreas científicas. De acuerdo con papers publicados en Nature, a lo largo de los últimos 40 años la cantidad de mujeres que se dedican a la ciencia creció “dramáticamente”, pero apenas un cuarto de los investigadores en áreas como matemáticas, geología, física e ingeniería son mujeres.
Otra investigación, esta vez publicada en la revista Science, muestra que además del posible sexismo, hay otros problemas a resolver. “No estamos contratando suficiente cantidad de mujeres, solo el 27% de las académicas lo son y con estos niveles no alcanzaremos el 50% sino hasta el año 2050 –describe Natasha Gilbert, ingeniera Rensselaer Polytechnic Institute de Nueva York, que hizo un seguimiento del tema durante 19 años-. Esto es un verdadero problema. Necesitamos contratar más mujeres e impulsarlas más a dedicarse a la ciencia y a la ingeniería, porque las mujeres son de permanecer más tiempo en sus puestos de trabajo, mientras que los hombres cambian con mucha rapidez”.
Ajena tal vez a estos temas (o no), Youyou tu firmó su primer paper en 1979: según la tradición china, el documento científico que resumía los resultados obtenidos por la artemisinina no estaba firmado, y es por eso que la científica es aún poco conocida fuera de su país. Hoy día tiene 84 años y sigue siendo miembro de la Academia de Ciencias de su país. Y trabajando.

Seguí a Andrea en Twitter: @andrea_gentil

 

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