Sunday 18 de October, 2026

SALUD | Hoy 06:13

Cáncer de mama: cómo la IA y la ecografía afinan la detección

Con más de 20.000 casos anuales en el país, detectar a tiempo es clave. Qué aportan la elastografía, el contraste y los algoritmos de IA.

El cáncer de mama es una de las principales prioridades de la salud pública a nivel global y nacional. Según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), durante 2024 se diagnosticaron 2,4 millones de nuevos casos en mujeres en todo el mundo y se registraron 694.000 defunciones.

En Argentina, el panorama refleja la misma urgencia. De acuerdo con datos del Observatorio Global del Cáncer (Globocan) y de la Dirección Nacional del Cáncer, la enfermedad encabeza las estadísticas con más de 20.750 diagnósticos anuales, lo que equivale al 14,9% de todos los tumores detectados en ambos sexos y al 29,9% de los casos en mujeres, y causa más de 6.000 muertes por año. Con una incidencia proyectada de 66,2 casos cada 100.000 mujeres, y sabiendo que cerca del 80% de los diagnósticos ocurre en personas sin factores de riesgo hereditarios o modificables más allá de la edad y el sexo, la detección temprana es un pilar determinante para revertir estas cifras.

Mamografía de base, ecografía sumada

La mamografía es el estudio de base en los programas de screening. Sin embargo, en las mamas densas la superposición de tejidos puede dificultar la visualización de lesiones pequeñas o generar falsas alarmas. En esos casos, la ecografía mamaria se consolida como un estudio complementario clave para caracterizar nódulos y profundizar la evaluación.

Gonzalo Mastrícola, especialista en imágenes de Centro de Servicios Hospitalarios (CSH), explica que las nuevas tecnologías permiten obtener imágenes con mayor nivel de detalle y, en determinados contextos, identificar lesiones que todavía no son palpables ni generan síntomas.

CSH comercializa en Argentina los ecógrafos Vinno Ultrasound, una marca que desarrolla equipos de alta gama para diagnóstico por imágenes. Lo que distingue a esta tecnología es su capacidad de procesamiento: la plataforma MUSE trabaja con múltiples ondas planas y alcanza velocidades de hasta 20.000 fotogramas por segundo, unas 300 veces más que un ecógrafo convencional. En la práctica, eso se traduce en imágenes más nítidas, con menos ruido, y en estudios más fluidos para el profesional.

Tres herramientas para ver más y mejor

Esa base tecnológica es la que permite incorporar herramientas que antes no estaban al alcance de la ecografía de rutina. La más novedosa es la detección asistida por inteligencia artificial: el sistema VAid Breast analiza la imagen en tiempo real, o sobre estudios y secuencias de video ya almacenados, y señala de forma automática posibles lesiones. Además, las mide y las categoriza según la escala BI-RADS, el sistema estándar que usan los especialistas para clasificar los hallazgos. Así, el profesional cuenta con una primera lectura sistematizada, sobre la que aplica su criterio clínico.

A eso se suma la elastografía shear wave (VShear). Como algunas lesiones se diferencian del tejido sano por su rigidez, esta tecnología mide la elasticidad de los tejidos mediante ondas de corte y la muestra en un mapa de colores, lo que aporta un dato objetivo y complementario a la imagen convencional. La tercera pieza es la imagen con contraste (CBI y MCP), que permite ver en tiempo real cómo se irriga una lesión y detectar incluso los flujos más débiles: la perfusión es una información valiosa a la hora de caracterizar un hallazgo.

Ninguna de estas herramientas reemplaza la mirada del especialista. Su función es ofrecerle más información, más rápido y con mayor consistencia.

La IA, una segunda capa de asistencia

Uno de los avances más comentados en el ámbito de la salud es la integración de la inteligencia artificial en los flujos de trabajo del diagnóstico por imágenes. Lejos de reemplazar al profesional, la IA se afianza como un asistente de alta velocidad.

“La inteligencia artificial puede funcionar como una segunda capa de asistencia para el especialista”, remarca Mastrícola. “Los algoritmos pueden analizar las imágenes, señalar regiones potencialmente sospechosas, estimar niveles de riesgo o ayudar a priorizar determinados estudios para su revisión”.

La evidencia acompaña esta mirada: en estudios clínicos recientes, sistemas de IA aplicados al screening mamográfico lograron mantener o mejorar determinados indicadores de detección y, al mismo tiempo, reducir la carga de lectura de los profesionales. En la ecografía mamaria, herramientas como VAid Breast apuntan en la misma dirección: automatizar tareas repetitivas para que el especialista concentre su criterio clínico donde más importa.

Mastrícola advierte, no obstante, sobre la necesidad de actuar con prudencia: “Es importante no confundir una mejora tecnológica con una garantía de detección precoz. El impacto depende también de la población estudiada, la calidad del equipo, la experiencia del profesional y la integración del estudio dentro de un circuito diagnóstico adecuado”.

Llevar el diagnóstico al territorio

El verdadero alcance de la tecnología médica se mide por su capacidad de llegar a quienes más la necesitan. Para comunidades alejadas o zonas con infraestructura sanitaria acotada, contar con equipamiento de alta complejidad solía ser un privilegio inalcanzable. Hoy, los ecógrafos portátiles y la movilidad del equipamiento abren nuevas oportunidades de prevención en el territorio.

“La descentralización del diagnóstico requiere pensar en soluciones diferentes según el estudio que se quiera realizar. Los equipos portátiles de ecografía pueden facilitar el acceso a determinadas evaluaciones en centros con menor infraestructura, especialmente cuando se combinan con conectividad y mecanismos de telemedicina o derivación”, señala el especialista.

Y aclara: “En los programas de screening de cáncer de mama no debe presentarse la ecografía portátil como sustituto de la mamografía cuando esta está indicada. La verdadera oportunidad está en diseñar circuitos integrados: acercar tecnología, contar con profesionales capacitados, garantizar la calidad de los estudios y asegurar que una paciente con un resultado sospechoso pueda continuar rápidamente su recorrido diagnóstico”.

El factor humano y lo que viene

Adquirir tecnología de última generación es solo la mitad de la ecuación. Si los equipos no están acompañados por profesionales capacitados ni correctamente integrados en la dinámica diaria de los servicios de salud, su potencial se diluye. Por eso, desde CSH el acompañamiento continuo a las instituciones es parte esencial de la propuesta. “La incorporación de tecnología médica requiere mucho más que contar con equipamiento avanzado: es fundamental que los profesionales sepan aprovechar sus funcionalidades y aplicarlas adecuadamente en la práctica clínica”, enfatiza Mastrícola.

De cara a los próximos diez años, el futuro del diagnóstico mamario no se vislumbra en un dispositivo aislado sino en la convergencia de datos. “Probablemente la próxima gran transformación no provenga de un único equipo, sino de la integración de múltiples fuentes de información”, reflexiona el especialista. “La combinación de imágenes, inteligencia artificial, antecedentes clínicos, factores de riesgo y, progresivamente, información molecular puede permitir estrategias de detección y seguimiento cada vez más personalizadas”.

“La disrupción tendrá valor cuando pueda traducirse en diagnósticos oportunos y en un acceso más equitativo a una atención de calidad”, concluye.

por M.S.

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