Costumbres / 3 de junio de 2017

Nuevas técnicas para borrar tatuajes: láser y maquillajes

Tecnología reciente permite removerlos por completo. Otras estrategias para ocultarlos: el “cover up”.

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Sebastián Ortega, un gran fanático de los tatuajes, decidió sacarse "Guillermina" de la muñeca y reemplazarlo con otro diseño.

Hay personas grandes que ya no se sienten a gusto con los tatuajes que se hicieron en su juventud. Otros se han tatuado tanto, que ya no les queda espacio para una imagen más, pero quisieran seguir agregando diseños a su piel. Y también existen –y son mayoría– los que se separaron y reniegan del nombre de su ex sobre su cuerpo. O crecieron y el diseño elegido no envejeció bien. O simplemente cambiaron y lo que ese tatuaje representaba ya no tiene el mismo peso y sentido. La vida parece demasiado larga para comprometerse por siempre con una misma estética. Por eso, muchos harían lo que fuera por corregir los tatuajes que alguna vez adoraron.

Por suerte para todos ellos, los avances tecnológicos permiten que en sólo algunos meses hasta el dibujo más extenso y oscuro pueda ser una anécdota. Si no, siempre queda la opción de maquillar los diseños o tranformarlos en otros. Aquí la mejores variantes para tapar u ocultar esos tatuajes que queremos olvidar.

Bendito láser

Al igual que en otras lesiones de la piel como las manchas solares, el tatuaje es una cuestión de pigmentación. Por eso, su mejor tratamiento y remoción es a partir de un láser que efectúa disparos de calor que rompen el pigmento y permiten que se elimine del cuerpo. Hasta hace no tanto, sin embargo, el tipo de láser que se utilizaba no tenía el mismo efecto en todos los colores, e incluso podía dejar cicatrices.

“Los láseres medicinales clásicos trabajaban en milésimas de segundos, y aunque parece muy poco tiempo, generaban una fotocoagulación. Esto es un efecto térmico que cambia color por calor, pero que a la vez genera una cicatriz”, describe el doctor Fabián Pérez Rivera, director de la clínica Pérez Rivera y cirujano plástico. Actualmente, la tecnología Q Switch maximiza esa velocidad de milisegundos a nanosegundos. “Es tan rápida que cuando esa energía ingresa en el cuerpo genera un efecto fotoacústico, que con fricción rompe las moléculas de color en pequeños elementos, facilitando que nuestro sistema inmunológico los fagocite y elimine”, explica Pérez Rivera. Y es que si bien los tatuajes van perdiendo color con los años, debido a que algunas de las moléculas de los metales de la tinta son metabolizadas y eliminadas por el organismo, las más grandes persisten y requieren de un sistema como Q Switch para romperse y desintegrarse en partes más pequeñas, que el cuerpo pueda procesar.

Desde hace unos siete años, esta es la tecnología más usada en la Argentina para eliminar tatuajes. El sistema es especialmente efectivo en los tonos oscuros y la gama de los rojos y violetas, pero no tanto en celestes y verdes. Por eso, hace unos meses se comenzó a utilizar una máquina que funciona con picosegundos, la billonésima parte de un segundo, y que en su velocidad divide aún más las partículas y acelera el proceso de los fagocitos, las células que las digieren. Entre estos equipos se destaca uno con variedad de cabezales para los distintos tonos de pigmento, que otorga un arma infalible contra toda la paleta de colores posibles. “Hace unos meses hubiera sido imposible sacar por completo tatuajes con verde o celeste. Pero a partir de ahora, esta nueva tecnología logrará el milagro”, explica Pérez Rivera.

Tratamiento y salvedades

En ambos sistemas, sin embargo, el procedimiento es el mismo. La aplicación del láser se realiza en un promedio de ocho sesiones con 20 días de distancia entre ellas, como mínimo, a fin de no lastimar demasiado la piel. Lo ideal es no realizarlo en verano, ya que el sol puede afectar el tratamiento. Sólo puede continuarse si la persona se tapa completamente el diseño con ropa o filtro solar. “Al principio puede verse irritado o colorado, porque al tratarlo todos los meses la piel se inflama, pero eso desaparece con el tiempo. El tatuaje quedará al inicio como una imagen fantasma, y entre seis meses y un año después, la piel se normalizará y la figura desaparecerá”, ilustra el doctor Marcelo Robles, dueño de la Clínica Robles, que se dedica a remover tatuajes desde 1992, y en cuyo sector de tratamientos láser la agenda de pacientes está siempre completa.

Paradójicamente, aquellos dibujos grabados de modo más casero (los clásicos “tumberos”) son más fáciles de remover y pueden desaparecer en unas cuatro sesiones, porque suelen estar hechos de tinta vegetal y no mineral. Los realizados con tinta profesional pero que dejaron relieve no son tan sencillos de tratar, porque aunque se borre el diseño, el realce en la piel quedará, casi como un negativo de la imagen. “También hay zonas donde al principio puede quedar blanco el dibujo, por hipopigmentación, pero al cabo de unos meses el color normal retorna y la mancha se tapa”, agrega Robles. Y un dato vital: cuanto más tiempo tenga el tatuaje, mejor. No sirve de nada que un padre corra con su hijo al día siguiente de que este se lo hizo a escondidas, porque la piel necesita un tiempo de descanso. Aunque a los 15 días ya podría comenzarse el tratamiento, unos meses de distancia serían ideales.

Si bien el número final depende mucho de la extensión y los colores, los precios del tratamiento pueden ir desde los 500 o 1000 pesos por sesión a los 5.000 pesos. Y así como tatuarse duele, remover ese tatuaje también, pero existen soluciones de cremas anestésicas, equipos de frío y hasta inyecciones de anestesia para evitar el mal momento.

Volver a tatuarse

Para quienes se arrepintieron del diseño pero no del proceso de tatuarse en sí, el “cover up”, o tapar un tatuaje con otro, es una solución muy pedida. Desde 2005, cuando abrió su estudio Welldone Tattoos en Palermo, este rubro es una de las grandes especializaciones de Mariano Castiglioni. “En los inicios había sobre todo necesidad de tapar o corregir los tatuajes que se habían hecho a principios de los ’90, cuando había más desconocimiento del tema”, ilustra. Hoy, sin embargo, esos pedidos continúan, y abarcan desde nombres de ex parejas hasta diseños chiquitos que se fueron desdibujando con los años. “No siempre son arrepentidos, he tenido chicos que se han tapado el escudo de su equipo de fútbol pero siguen siendo hinchas, lo que pasa es que ya no les gusta cómo quedó la imagen”, cuenta.

Aunque no es un trabajo que se cobre más caro (si bien suele ser más grande y puede tomar más sesiones), sí tiene un mayor grado de dificultad, porque se trata de hacer coincidir líneas del tatuaje viejo con el nuevo, de modo de generar armonía. “El ‘cover’ tiene que quedar bien, no puede ser un bodoque negro. El ‘yeite’ es tratar de usar lo máximo posible el diseño viejo y amalgamarlo con el nuevo”, apunta Castiglioni. Por eso, aquí es más vital que nunca el talento del tatuador, que en lugar de aceptar de lleno lo que el cliente le pida, deberá trabajar con él para llegar al diseño de mejor resultado posible.

Incluso, Castiglioni asegura que son muchos los que remueven sus tatuajes con láser para tener el espacio limpio para dibujarse otra imagen. “Quizás se someten a unas sesiones, para ‘lavarlo’, y luego se hacen algo nuevo encima sin necesidad de usar colores tan oscuros ni negros”, describe. Eso explica, a la vez, el éxito que tuvo el stand del doctor Pérez Rivera en la última exposición Tattoo Show, en La Rural. “Al principio los tatuadores me miraban raro, pero es una alianza para mejorar y brindar más posibilidades que nunca”, sintetiza el profesional.

 

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