Sociedad / 10 de enero de 2014

Tatuajes y regreso

El nuevo Tinelli: catarsis en la piel

Cómo se prepara en Punta para volver a la tevé con socio K. El significado de su obsesión por dibujarse el cuerpo. Mimetismo con sus hijos adolescentes y paternidad a los 54.

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Escrito en el cuerpo. En sus vacaciones esteñas estrena los últimos tatuajes que cubren su espalda por completo. Una compulsión que no tiene fin.

A fuerza de repetición se ha convertido en un ritual. Es que todos los años ocurre de la misma manera: Marcelo Tinelli desciende desde la enormidad de su mansión esteña a la arena de su playa privada. Allí lo esperan periodistas y fotógrafos –intrusos permitidos– que registran sus primeros momentos de verano. Tinelli es amable; se deja ver, se muestra. El calor es la excusa perfecta para quedarse sin remera y dejar expuesto el nuevo tatuaje que le cubre el cuerpo. Él mismo lo mostró antes en Twitter, pero Punta del Este es el escenario de su debut mediático: la diosa hindú Saraswati toca la cítara en la espalda del conductor, cuyo físico resiste estoico el paso del tiempo. En abril vuelve a la televisión. En abril será padre por quinta vez. En abril Tinelli cumple 54 años.

ShowMatch no tendrá sorpresas. Habrá “Bailando por un sueño” y habrá imitadores para “jugar” con la actualidad. Después de más de dos décadas de vigencia y un año sabático, la única novedad es el socio que auspicia su regreso. Cristóbal López, empresario de excelentes vínculos con el kirchnerismo, es el dueño del mayor porcentaje accionario de Ideas del Sur, la productora fundada por Tinelli y en la que antes fue socio el Grupo Clarín. El conductor vendió su parte y a la vez comprometió su presencia como director creativo por doce años más. Entonces tendrá 65 y tatuajes algo arrugados.

Rebelde sin causa. Tinelli es un rebelde que se porta bien. Como nadie, ha sabido caminar en la cuerda floja que pende sobre la grieta abierta entre el Grupo Clarín y el Gobierno. El mismo mes que firmó su retorno a El Trece se mostró en un acto con Julio De Vido, Daniel Scioli y Martín Insaurralde. La oferta de Cristóbal para comprar su productora tenía como objetivo alejarlo de la pantalla “opositora” y sin embargo terminó logrando un imposible: Ideas del sur, en manos del oficialista grupo Indalo, hará programas para el Grupo Clarín. El conductor apenas retiene el 10 por ciento que le permitiría mantener el control creativo sin los dolores de cabeza del día a día en una empresa con cientos de empleados. Creyó que volvería a ser “Marce”, el pibe de Bolívar, accesible para todos y ya no el dueño al que todos recurrían preocupados en los primeros meses del 2013 cuando se confirmó que –tras el pase fallido a Telefe– iba a tomarse unos meses fuera de la televisión.

Pero paga caro el precio de no ser “el uno”: cerca suyo confirman que está incómodo con ciertas maniobras de su nuevo jefe-socio. De vacaciones, evitó opinar sobre la polémica salida de Antonio Laje y Oscar González Oro, por no encajar con la sintonía política que busca Indalo para el 2014. “¿Qué va a hacer? ¿Me va a echar a mí?”, desestimó ante sus colaboradores cuando surgió el tema en una reunión de trabajo. Tinelli confía en su propio peso para tomarse licencias. Si Clarín le permitió gestos como la presencia en el funeral de Néstor Kirchner, ¿por qué sería menos indulgente Cristóbal? Pero la tensión existe y el conductor no se resigna y padece no poder hacer lo-que-se-le-cante. Al punto que nadie termina de saber qué piensa en realidad. “Políticamente es un ‘tinellista’”, lo definió en chiste un amigo cercano.

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