Economía / 21 de agosto de 2017

Consuelo de tontos o cómo la economía latina pasó del auge al barro

Latinoamérica acumula cuatro años de crecimiento bajo o crisis. Los países que antes brillaban caminan lento.

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Del auge a la desilusión. Así ha transcurrido la historia reciente de la economía latinoamericana, en la que la argentina está lejos de constituir una isla. Desde 2003 en adelante, los altos precios de las materias primas transformaron a esta región exportadora de esos productos en una de las que más crecían del mundo y además lograba lo que ninguna otra, reducir la desigualdad, de por sí récord en el planeta, y así también la pobreza. Después sobrevino la crisis mundial de 2008/2009, pero Latinoamérica se recuperó rápido, aunque desde 2014 cada año cae o crece poco, como sucederá en 2017.

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), organismo de la ONU, publicó el pasado 3 de agosto su pronóstico de expansión para este año: 1,1%, después de caer 0,4% en 2015 y 1,1% en 2016. Para la Argentina previó 2%, insuficiente para compensar el derrape del 2,3% del año pasado. Para Brasil, apenas un 0,4%, tras dos años consecutivos de contracción. México, un 2,2%, un nivel mediocre para cualquier país en vías de desarrollo. Sus socios de la Alianza del Pacífico, que antes brillaban por su acelerado crecimiento, se han moderado demasiado: Colombia crecería 2,1%; Chile, 1,4% y Perú, 2,5%. De Venezuela ni hablar: su PBI se achicaría otro 7,2% y será el cuarto año consecutivo de crisis. Entre los vecinos, Uruguay crecería al 3%, mientras que Bolivia y Paraguay constituirían los únicos dos países sudamericanos que alcanzarían una interesante expansión del 4%.

“Pasó el superciclo de las materias primas y eso afectó mucho a América del Sur y además tuviste una economía y un comercial mundiales con dinámica lenta, aunque ahora están revirtiéndose”, describe el director de desarrollo económico de la CEPAL, el chileno Daniel Titelman. “La baja de precios de los commodities afectó la capacidad fiscal de los países y también la inversión, lo que a su vez afecta el crecimiento económico a futuro. Como perdiste ingresos fiscales, hay menos espacio para hacer política fiscal contracíclica (reducción de impuestos y/o expansión del gasto) y pro inversión, que es lo que debería hacerse. Hay riesgo de suba de tasas de interés en Estados Unidos y la Unión Europea, aunque no prevemos que eso produzca un choque (shock) importante. Además hay ruido político en diversos países y eso genera incertidumbre y eso nunca es bueno para la inversión. Y no sólo en la región hay ruido político: en el mundo crece el proteccionismo y eso afecta nuestras economías”, completa Titelman.

El economista de la CEPAL observa que Brasil sale de a poco de su crisis porque aún continúa la inestabilidad política y el efecto de sus ajustes; que México, al igual que toda la región, enfrenta el desafío de crecer más y sólo podrá lograrlo si agrega más valor a sus productos, innova y se suma a la “economía del conocimiento”; que Colombia sufre tanto como México el impacto del petróleo barato en sus ingresos fiscales y eso la obliga a aplicar recortes; que Chile padece de baja productividad, caída de la inversión en el último cuatrienio y además sufrió este año una huelga de 43 días en la mayor productora de cobre del mundo, Minera Escondida, por demandas salariales; y que en Perú están madurando los principales proyectos mineros y el caso Odebrecht agregó turbulencias políticas. Por estos pagos sólo zafan Bolivia, por sus contratos de exportación de gas a Brasil y la Argentina, su capacidad de ahorro interno y su crecimiento minero (zinc, plata y estaño, aún no litio); y Paraguay, fruto de una buena cosecha y del tirón del consumo y la inversión, según Titelman.

“Hubo un fin de ciclo de la exhuberancia de los commodities y ahora en la región debemos enfocarnos en hacer productos con más valor agregado y servicios”, opina el boliviano George Gray Molina, economista principal para América Latina del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). “Latinoamérica requiere más diversificación… esto lo viene diciendo la CEPAL desde hace 60 años, pero lo necesitamos para no seguir atrapados en los ciclos de los commodities. Además, en la medida en que crezcan las energías renovables, tendremos menos capacidad para usar la cartera de hidrocarburos”, advierte Gray Molina, que añade que el crecimiento económico de este año estará por debajo del de la población, del 1,3%, con lo que seguirá acotándose la renta per cápita.

Desempleo y pobreza

El economista del PNUD atribuye la recuperación del PBI de 2017 a que las cotizaciones del petróleo y los minerales mejorarían entre 10% y 15%, aunque las materias primas agrícolas, las que exporta sobre todo la Argentina, siguen planchadas. “En los años del boom crecía todo: exportación, consumo e inversión. En los últimos años sólo algunos países exportaban más. De los que decrecieron el año pasado, la Argentina, Brasil, Ecuador y Venezuela, los primeros tres crecerán este año porque hay algo más de consumo e inversión. Lo que aún no disminuye en la región es el desempleo y la pobreza”, lamenta Gray Molina.

Entre 2003 y 2014, el porcentaje de latinoamericanos pobres no paraba de bajar, pero en 2015 y 2016 subió, según el Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales (Cedlas) de la Universidad de La Plata, allí donde investigaba el actual secretario de Política Económica, Sebastián Galiani. El Cedlas comparó el 30,5% de pobreza de la Argentina con el resto de la región y advirtió que es el segundo nivel más bajo: Uruguay está en 20%, mientras que Chile (31,1%), Paraguay (41,4%), Brasil (44,3%), Perú (48%), Bolivia (52,9%) u Honduras (79,3%) están peor.

Paraguay

“Los países de la Alianza del Pacífico tienen mejor acceso a los mercados internacionales, que se contrajeron”, analiza Gray Molina. “Ahora China y Estados Unidos parecer mejorar. Veremos si México puede aprovechar el crecimiento norteamericano, pero está afectado por la incertidumbre que hay sobre el Nafta a partir de la llegada de (Donald) Trump al poder”, agrega, antes de referirse a Paraguay: “Por la recesión que tuvieron Brasil y la Argentina, atrajo capitales de esos países”.

En el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el investigador británico Andrew Powell, que fue economista jefe del Banco Central argentino en tiempos menemistas, atribuye el letargo regional a factores externos e internos. Entre estos últimos señala: “Ante la crisis mundial de 2008 algunos países hicieron expansionismo fiscal, pero lo mantuvieron después de recuperado el crecimiento, con lo que ahora tienen más déficit y más deuda, y eso se combinó con un shock de precios de los commodities, con lo que ahora están cortando gastos y subiendo impuestos. Algunos países están terminando el ajuste. Sólo cuando lo terminen estarán en mejor posición para crecer, aunque deberán mejorar la eficiencia del gasto y hacer mejores tratados comerciales intrarregionales”.

Un profesor de historia económica de la uruguaya Universidad de la República, Luis Bértola, advierte que “el cambio de coyuntura en América Latina es lo que ha pasado recurrentemente”. “Vendrán nuevos desafíos para la generación de empleo y los sectores de poca calificación enfrentarán un escenario mucho más desfavorable en el mercado de trabajo y sin un posible auxilio de las políticas públicas. Volveremos a un crecimiento moderado y con pocas mejoras sociales”, lamenta.

 

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