Economía, Empresas / 22 de agosto de 2017

El nuevo negocio de los satélites privados y extranjeros

El Gobierno impulsa una nueva política. Hispasat se asocia con Boldt. Intelsat se entusiasma. Europa critica.

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BENAVÍDEZ. En esta localidad de Buenos Aires funciona el centro de comando desde donde se controla el funcionamiento de los satélites, y también el corazón de Arsat. Rodrígo De Loredo es su director.

Una carta de intención disparó la polémica. En total sigilo, el gobierno nacional se comprometió a crear una empresa para construir y gestionar el ARSAT-3, que pasará a estar controlada en un 51 por ciento por la estadounidense Hughes Network Systems. Las noticias sobre estos planes de un “modelo mixto” para el tercer satélite geoestacionario argentino llegan en medio de una oleada de autorizaciones a operadores privados. ¿Qué está pasando en el mercado de satélites en Argentina?

“Con las autorizaciones que la administración argentina ha venido concediendo en los últimos meses para que nuevos satélites comerciales puedan operar en su territorio, Argentina se aproxima al modelo seguido por la mayoría de las naciones del mundo y por casi todas las de América Latina”, celebra Ignacio Sanchis, director de Negocio de Hispasat. La empresa española cuenta con cuatro satélites con derechos para transmitir en el país y este año se asoció con el Grupo Boldt, la compañía argentina que explota el Casino de Tigre, para comercializar la capacidad de uno de ellos, el Amazonas-3, y brindar Internet satelital a tres millones de hogares. En junio obtuvieron la luz verde.

Desde la llegada de Mauricio Macri a la presidencia, el gobierno nacional autorizó la operación de 14 satélites extranjeros (en los doce años previos apenas se habían autorizado seis). El ritmo de estas aprobaciones preocupa a los especialistas que en noviembre de 2015 apoyaron la ley de Desarrollo de la Industria Satelital, la cual delineaba un plan para el diseño, construcción y operación de satélites geoestacionarios y reforzaba la presencia estatal en el área prevista por una resolución de la ex Secretaría de Comunicaciones de 1999. Con esta nueva orientación pro-mercado, argumentan, varios de estos nuevos jugadores pasarán ofrecer servicios en banda Ka (la porción del espacio radioeléctrico de mejor frecuencia y ancho de banda), es decir, a competir con Arsat.

Según Hispasat, estas aprobaciones se otorgaron “en virtud de los acuerdos bilaterales firmados anteriormente con terceros países”, un argumento que también utilizó el presidente de Arsat, Rodrigo de Loredo, cuando dijo que el ingreso de satélites extranjeros obedecía a tratados que el país firmó en su momento con Estados Unidos, Canadá, México, Brasil y España. “Para nosotros implica un desafío comercial más complejo porque vienen otros satélites a competir que tienen más capacidad, pero estoy de acuerdo con la política del gobierno porque una mayor oferta va a redundar en una baja del precio de conectividad que debe pagar el usuario final”, asegura el yerno del ahora ex ministro de Comunicaciones, Oscar Aguad.

Los pasos en esta dirección entusiasman a las empresas de bandera extranjera. “La industria satelital apoya los esfuerzos para adoptar una política de cielos abiertos más que sostener un sistema de uso preferencial”, dice Jason Bates, gerente de Comunicaciones de la norteamericana Intelsat. “Nuestra misión es asegurarnos de que los argentinos accedan a estos servicios al igual que en otros países de la región”.

Fundada en 1964, Intelsat opera 13 satélites en Argentina, de los cuales 10 son propios y tres gestionados por su subsidiaria Southern Satellite Corporation. La empresa asegura que no existe una única tecnología capaz de atender todas las demandas de banda ancha y wireless en la región, lo que explica la popularidad de las redes híbridas que combinan adaptabilidad y performance.

¿Cielos no tan abiertos? Pero mientras los críticos de la apertura aseguran que el ingreso de jugadores privados dañará el desarrollo de la industria satelital local, algunas compañías aseguran por el contrario que el gobierno de Macri aún no encaró una política real de cielos abiertos.

New Skies Satellites, la empresa controlada por la europea SES que opera 3 satélites geoestacionarios en territorio argentino, “no apoya las regulaciones satelitales recientemente propuestas que limitan el acceso al mercado y le otorgan prioridad al operador satelital nacional Arsat”, dice Jurandir Pitsch, vicepresidente de Ventas de SES para América Latina y el Caribe.

Pitsch reconoce a Arsat, Intelsat, Hispamar y la francesa Eutelsat como sus principales competidores a nivel local y reclama “replantear” la actual regulación que favorece a la empresa operada por el Estado. Abrir los cielos “no hará más que favorecer a todos los players del ecosistema satelital”, dice, y cita estudios que aseguran que un incremento del 10 por ciento en penetración de banda ancha en países de ingresos bajos y medios redundará en un crecimiento del PBI del 1,38 por ciento.

Como en otras áreas, el dilema parece ser privilegiar la soberanía tecnológica nacional o poner el foco en los usuarios. Hasta ahora, el gobierno de Cambiemos optó por lo segundo, avanzando con Hughes para la explotación conjunta del ARSAT-3 y autorizando el ingreso de nuevos satélites privados. Lo que se dice un verdadero cambio de paradigma.

 

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