Ciencia / 1 de octubre de 2017

Discriminación científica: “La ciencia es sexista”

Hay estudios que siguen afirmando que el cerebro de la mujer es no sólo diferente, sino más débil. Una periodista británica los muestra.

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Periodista especializada en ciencias, la británica Angela Saini, de 36 años, se sorprendió más de una vez al reparar en que aún en la actualidad hay hipótesis científicas que sugieren la existencia de algún tipo de inferioridad de las mujeres respecto del género masculino. Para cuestionar esos supuestos, Saini reunió un importante número de tesis que atribuyen al sexo femenino características (biológicas o de comportamiento) desfavorables, en comparación con los hombres, y las confrontó con aquellas investigaciones científicas que dicen exactamente lo contrario.
El resultado fue el libro “Inferior: How Science Got Women Wrong” (Inferiores: cómo la ciencia engañó con las mujeres). Angela es egresada de una maestría en ingeniería por la Universidad de Oxford y otra en Ciencia por el King´s College. Trabajó como periodista científica en el diario “The Guardian” y en la BBC, además de en la revista de alta divulgación “New Scientist”. Sus hallazgos apuntan incluso a Charles Darwin quien, para ella, causó un “daño irreparable” a la reputación del género femenino.

Periodista: El ingeniero de Google James Damore fue despedido luego de divulgar un memorándum en el cual sugería que las mujeres son biológicamente menos aptas que los hombres para trabajar en el área de tecnología. ¿Está equivocado?
Angela Saini: Él usa evidencias científicas, de hecho tiene un máster en ciencia por la Universidad de Harvard, para defender la idea de que las mujeres son, en promedio, biológicamente distintas a los hombres. Esas diferencias harían que estuvieran menos capacitadas para determinados tipos de trabajo, en este caso, para el campo tecnológico. Hay una vertiente de la neurociencia que trata de popularizar la noción de que el cerebro de las mujeres y el de los hombres son diferentes. Uno tendría más facilidad para ejercitar la empatía, en tanto que el otro tendría más aptitudes para analizar sistemas, por ejemplo. Damore se valió de estas afirmaciones para redactar su memorándum.

Periodista: ¿Pero está errado?
Saini: Estudios recientes muestran que, en el campo cerebral, hay diferencias mínimas entre los sexos, y que ellas se dan en habilidades muy específicas, como el raciocinio matemático y la fluencia verbal. Individualmente, los seres humanos son muy diferentes entre sí. Si alguien elige a un grupo de personas y busca divergencias por sexo, va a encontrarlas. Pero, estadísticamente, no existen. Todo el tiempo se hacen investigaciones sobre ese tema y por ende puede ser que a futuro arrojen otros resultados. Pero, en la actualidad, el saber preponderante indica que no hay evidencia que valide la tesis de que el cerebro de hombres y mujeres sea diferente.

Periodista: ¿Qué es lo que la hace concluir que la ciencia es sexista?
Saini: La ciencia nació dentro de un contexto cultural en el que la mujer era vista como diferente del hombre. “Los hombres son promiscuos, las mujeres monogámicas; los hombres son fuertes, las mujeres frágiles; los hombres proveen, las mujeres son dependientes”. Ese sesgo sexista es el que dominó en las sociedades hasta hace unas pocas décadas. No resulta sorprendente entonces que la ciencia haya seguido el mismo camino, reproduciendo estereotipos y basando sus estudios en suposiciones heredades de la sociedad.

Periodista: ¿La forma en que la religión retrata a la mujer también influyó sobre la ciencia?
Saini: Sí, porque la religión forma parte de ese bagaje cultural. Adán y Eva fueron la fuente primaria de información sobre la relación entre el hombre y la mujer para el mundo cristiano. En otras religiones, aunque no tengan los mismos personajes, reproducen el estereotipo de la mujer que se sitúa en un segundo plano, con una importancia secundaria.

Periodista: ¿Por qué dice que Darwin fue el científico que más daño causó en la percepción que la ciencia tiene sobre la mujer?
Saini: Darwin fue crucial para la imagen que la ciencia tuvo sobre las mujeres durante mucho tiempo. Causó un daño irreparable. Cuando, en el siglo XIX, dijo que ellas eran naturalmente inferiores, estaba haciendo una lectura biológica basada en la cultura en la cual fue criado, una cultura inserta en un contexto de clase media alta, cristiana y victoriana. Él reiteró, hasta las vísperas de su muerte, en 1882, que las mujeres estaban detrás de los hombres en la escala evolutiva y que, a pesar de ser superiores en cuanto a la moral, no sucedía lo mismo desde el punto de vista intelectual. Se trata de un equívoco enorme porque, en aquella época, las mujeres no tenían acceso a la educación, a la información, no podía desarrollar una carrera ni participar del mundo efervescente de las ciencias o las artes. Es decir que Darwin decretó la inferioridad intelectual de las mujeres sin considerar que el contexto social y cultural en el que ellas estaban insertas. El poder de sus ideas y su estatus hicieron que sus tesis fueran la base de muchos trabajos de científicos en los siglos siguientes.

Periodista: ¿Cuándo fue que esa tesis pasó a ser revisada?
Saini: El daño solo comenzó a ser revertido cuando las primeras mujeres científicas se dedicaron a rehacer investigaciones que aseguraban su inferioridad. En un trabajo específico, de 1948, la científica A. J. Bateman afirmó, basándose en una investigación hecha con moscas, que los hombres eran más promiscuos y las mujeres más selectivas a la hora de copular. Eso indicaría que la “castidad” femenina era un fenómeno biológico. Hubo un estudio que fue interpretado de manera similar décadas más tarde, sobre chimpancés. Pero, poco más tarde, la científica Sarah Blaffer Hrdy, que observó el comportamiento de primates indios, verificó que ellos hacían justamente lo opuesto. Para proteger a sus hijos de ser atacados por machos de otros grupos, las hembras copulaban con la mayor cantidad posible de macacos, porque los machos de esa especie jamás se arriesgarían a matar a un hijo de su propia familia.

Periodista: ¿Hay alguna teoría reciente que aún sostenga la idea de la inferioridad biológica femenina?
Saini: En el 2013 un grupo de científicos de la Universidad McMaster publicó un artículo sobre el origen de la menopausia en el que el argumento era que las mujeres dejaban de menstruar porque los hombres ya no las encontraban atrayentes. La menopausia, entonces, sería un efecto evolutivo de la falta de atracción del hombre por la mujer más vieja. La base científica era cero y refutaba una amplia investigación basada en el biólogo evolucionista George Williams. Esa pesquisa revela que la menopausia surgió en nuestra especie como un mecanismo para proteger a las mujeres mayores de los riesgos del parto, haciéndolas vivir más tiempo y así garantizar la supervivencia de la especie, teniendo en cuenta que los humanos dependen por más tiempo de la familia, en comparación con otras especies.

Periodista: ¿Cuáles son los equívocos sobre la inferioridad femenina más consolidados actualmente?
Saini: El mito de que los hombres son más fuertes que las mujeres. Cuando se dice eso, el presupuesto es que solo el tamaño del cuerpo y de los músculos está relacionado con la fuerza. Pero ocurre que la fuerza puede ser medida de varias formas. La inmunidad y la capacidad de sobrevivir a las enfermedades, por ejemplo, son dos de ellas. En esos aspectos las mujeres son más fuertes que los hombres. La Universidad de Alabama tiene una base de datos que reúne investigaciones sobre envejecimiento con más de veinte años de antigüedad: muestra que las mujeres viven de cinco a seis años más que los hombres, y eso se debe a la robustez de sus características inmunológicas. También se sigue hablando de que las mujeres son más emotivas porque entienden mejor sus emociones. Así, ellas serían menos racionales que los hombres. No hay evidencias que prueben eso. Se trata, muy probablemente, de una cuestión cultural. A las mujeres se les permitió, a lo largo de la historia, demostrar emociones. A los hombres no.

Periodista: En su libro usted hace mención a tribus nómades en la que mujeres y hombres eran vistos de manera igualitaria y tenían tareas idénticas. ¿Cuándo empezó a cambiar eso?
Saini: Los antropólogos no lograron precisarlo con exactitud, pero creen que fue hace unos diez mil años, antes de que el ser humano se estableciera en comunidades con eje en la actividad agrícola. En ese momento surgieron innovaciones sociales, como la acumulación de territorio y riqueza, el matrimonio y la creación de una jerarquía patriarcal, todo lo que nos trajo donde estamos hoy.

Periodista: ¿El feminismo en la ciencia no puede crear un sesgo equivocado, tornando la discusión sobre género menos racional?
Saini: Lo que el feminismo está haciendo con la ciencia es mejorarla, confrontarla. El feminismo está ayudando a cuestionar estereotipos que son, justamente, irracionalidades que hasta ahora formaron parte de la ciencia.

 

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