Política / 5 de junio de 2012

La palabra Lanata

Lanata: palabra más lanzada en la Argentina mediática. Lanata salva. Sana. Garpa. Lanata mata. Cansa. Mancha. Pero que Lanata, Lanata. Verbo. Arte de lanatear. Pura sanata. Elogio. Insulto. Héroe vicioso. Envidiable villano. “Mala leche = Lanata” (Moreno dixit en Angola). “Lanata = la nada”, porque nadie en los festejos oficiales por los 25 años de Página/12 recordó a su inventor, Lanata, desaparición refrendada por la mismísima CFK el miércoles 30, en la ex ESMA. Mala pasada.

Macana. Baja calaña. Lo que no destruye, agranda. Y lo que algunos verán como un repudiable o merecido momento de gloria para Lanata y los que ahora contrataron a Lanata y antes detestaban a Lanata es, por sobre todo, acaso la síntesis más acabada del trabalenguas con que se ha enroscado un país entero. Alumnos de Lanata que no le ganaron a nadie niegan la historia y atacan a Lanata ya no por divo ni frivolizado sino por tuerto. Y les responde Lanata que mejor se ocupen de averiguar quiénes les pagan, mientras quienes les pagan (el ultraveloz empresario K Sergio Szpolski, por ejemplo) terminan acusados de “piratas” en la Plaza de Mayo nada menos que por Hebe de Bonafini, a quien le editan y distribuyen una revista como supuesto aporte a la lucha por evitar que los enemigos jurados de la Patria “vayan por los pañuelos”.

A los salvajes pecadores de la Era del Relato se nos acusó de señalar a los Schoklender, a lo sumo con incomprobable mala fe, de personificar un verdadero despropósito político-empresario-policial. Jamás de robarles a las Madres tal como la más Madre de esas Madres afirma que las saquearon ciertos recurrentes “piratas” de privilegiadas facturaciones y facilísimos cheques voladores. La palabra Lanata agranda las pantallas. Avanza más allá. Pasa la raya. Arranca carcajadas. Marca las canchas. Ya mañana sabrás… si es una moda. Un hito. O pólvora mojada.