Sociedad / 10 de julio de 2012

La misteriosa internación de la hermana de Máxima

Inés Zorreguieta sufre de anorexia y depresión. El karma del cuerpo que las persigue. La presión de la madre y de la fama. Galería de fotos

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Aún a la distancia, Máxima Zorreguieta la entiende mejor que nadie. La menor de sus hermanas, Inés, sufre por un mal que parece endémico en su familia de origen: la obsesión por el peso. Dietas, atracones y fuertes restricciones eran parte de la rutina porteña de Máxima mucho antes de cruzarse en el camino del príncipe de Holanda. A los 27 años, es su hermana la que está internada en la Ciudad de Buenos Aires.

Cerca suyo confirman que el cuadro es de anorexia y una fuerte depresión, que agravó la enfermedad contra la que lucha desde hace años. Inés tenía 16 años cuando su hermana se convirtió en la princesa de Orange, en el 2002. Llegó a Holanda un mes antes de la boda, con sensaciones encontradas: la misma Casa Real que había impedido la presencia de su padre, Jorge Zorreguieta, por sus vínculos con la dictadura militar argentina, la recibía a ella con suma atención. La ubicaron en una habitación inmensa en el mismo sector de la residencia que ocupaba Máxima, la invitaron a todas las comidas de honor e incluso fue mencionada por el premier holandés en la cena que celebró el gobierno para la futura princesa antes de la boda.

Toda la atención estaba puesta en la novia, pero ella a su vez estaba muy atenta a su hermanita, que entonces todavía cursaba el secundario. Inés tenía algunos kilos de más y estaba en plena adolescencia: llegó a Holanda con un estilo dark que preocupó a los encargados de protocolo, según cuentan Soledad Ferrari y Gonzalo Álvarez Guerrero en la biografía no autorizada “Máxima, una historia real”.

La princesa protegió a su hermana, que retribuyó poniéndose a la altura de las circunstancias: resignó por algunos días su look de prendas negras y se puso la ropa que marcaba el protocolo. En la foto de boda aparece posando junto a personalidades del mundo y la familia real con un vestido color bordó, de cuello cerrado y de mangas largas. No estaba cómoda con su cuerpo, pero cumplió con su hermana preferida.

Aunque a ella nunca se le diagnosticó anorexia, Máxima comprende bien la obsesión de su hermana por controlar el peso. En la princesa de Holanda, la dieta fue casi un mandato materno: su madre, María del Carmen Cerruti, la obligaba a hacer deporte y la controlaba en las comidas. Discutía con su marido, que la llenaba de golosinas y le daba dinero para que pudiera comprarse alfajores en el kiosco del colegio.

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