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Sociedad / 10 de septiembre de 2012

Pablo Duggan, el arrepentido del Arte de Vivir

Testimonio del periodista que trabajó para la fundación y manejó la comunicación de la visita del Ravi Shankar a la Argentina en 2008.

Por

Pablo Duggan junto al Ravi Shankar, en 2008.

Conocí a la fundación El Arte de Vivir hace varios años. Tomé varios de sus cursos y participé de muchas de sus actividades durante un largo tiempo. Además, aprovechando que en esa época estaba alejado del periodismo y trabajaba para una empresa multinacional de relaciones públicas, manejé la campaña de prensa para difundir la visita a nuestro país de su fundador Sri Sri Ravi Shankar, en el 2008.

Lo primero que me llamó la atención es que El Arte de Vivir, a pesar de serlo, no funciona como una ONG. En realidad, es una empresa dedicada a vender sus productos: los famosos cursos de respiración anti estrés. Uno espera que una organización no gubernamental realice algún tipo de trabajo social. En todos los casos, las ONGs no cobran por “hacer el bien”. Este no es el caso; ellos cobran todos sus cursos, a precios muy altos y solo realizan contadas tareas sociales que son llevadas a cabo siempre por voluntarios, a quienes obligan a solventar sus propios gastos relacionados con la actividad, algo cuestionable. Desde un punto de vista económico es ínfimo el aporte de El Arte… a la comunidad, en relación a los millonarios recursos que generan sus cursos. Eso es contrario al espíritu de una ONG.

Y aquí reside uno de los primeros cuestionamientos que recibe esta institución. Según me han dicho sus autoridades en nuestro país, todo el dinero que se recauda se guarda para, el día de mañana, construir un hospital y un “ashram”. Creer que ese objetivo pueda cumplirse es ilusorio e infantil. La realidad, que El Arte… niega, es que los recursos de la fundación se envían periódicamente a la India, a través de los “teachers”(personas que han recibido instrucción para dictar los cursos básicos) que viajan anualmente. El dinero llega a manos de su fundador, “el hombre que está cambiando el mundo”. De hecho, no funciona diferente de cualquier empresa transnacional que gira sus suculentos dividendos a la casa matriz, aunque, en este caso, sin que quede registro alguno.