Economía / 17 de junio de 2013

NUEVA CONVERTIBILIDAD

La devaluación según el CEDIN

Tal vez hayan maquinado los CEDIN para darle el gusto a Cristina Fernández. A la Presidenta se le escapó alguna vez en público la ilusión secreta: “¡Qué bárbaro sería si uno pudiera emitir dólares!”. Ahora, según la reglamentación del Banco Central, los nuevos papeles verdes impresos pasarán a convertirse en una cuasimoneda convertible de circulación legal. Futuro medio de pago. Su respaldo serían los dólares billetes encajados en el Central: los canjeará cuando se presenten los CEDIN “aplicados”, o sea cuando hayan sido utilizados para pagar operaciones inmobiliarias o desarrollos de la construcción, paquetes turísticos, autos, campos, fideicomisos o electrodomésticos. Siempre y cuando la contraparte los acepte.

Así, en un solo acto, el Gobierno juntó dos iniciativas desesperadas: el desdoblamiento del mercado cambiario, de Axel Kicillof, y la devaluación encubierta, de Guillermo Moreno. Efectivamente, habrá un dólar oficial, un peso convertible o CEDIN, y un peso devaluado. El dólar oficial servirá para las transacciones comerciales en blanco, importaciones y exportaciones –que seguiría siendo la moneda “buena”, para ahorrar–; al CEDIN convertible lo manipularán, al principio, los evasores y lavadores de dinero y cotizará en un nivel intermedio entre el dólar oficial y el blue –por lo que el Gobierno aspira a que sirva para atesorar por su perspectiva de reconvertirse en dólares billetes–, y la moneda nacional será la variable de ajuste –la “moneda mala”– en el sentido del debilitamiento progresivo del poder de compra de los ingresos de la población. Según el Central, los Cedines también podrán comprarse con pesos al tipo de cambio que fijen las partes. O sea, se devaluarán contra el dólar. Ya lo dijo Moreno en su febril imaginación: el dólar “6-7-8”, por las futuras cotizaciones del oficial, el CEDIN y el blue, respectivamente. La suba del tipo de cambio oficial en mayo (1,9%) confirma la aceleración de la tasa de devaluación a un ritmo anualizado del 25%.

La desesperación de los funcionarios del Gobierno por subir el dólar oficial y reducir el blue, tiene explicaciones múltiples, si se quiere justificadas: las reservas del Banco Central vienen en caída libre, el déficit energético está fuera de control, los gastos por turismo en el exterior registran niveles récord y los sojadólares no aguantan el derrumbe del saldo comercial. Según datos oficiales, durante los primeros cuatro meses del año, el resultado entre exportaciones e importaciones dejó un escaso superávit de 2.300 millones de dólares, 43% menos que en el mismo período del 2012.

Alerta roja. Es el saldo comercial más bajo que se haya registrado desde que colapsó la Convertibilidad en el 2001. Los analistas proyectan un superávit de apenas 7.000 millones de dólares. Las cuentas no cierran: se anticipa que el déficit energético –por la caída de la producción local de gas y petróleo y las crecientes importaciones– alcanzaría este año una cifra equivalente, de entre 7.000 y 8.000 millones de dólares (contra los 2.700 millones negativos del año pasado).

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