Blogs / 23 de agosto de 2013

Dónde van los memes

Según la fuente máxima de toda sabiduría –Wikipedia, por supuesto– un meme es “una idea, estilo o actitud que se expande, en general por imitación, de una persona a otra, a través de internet”. Acá solemos llamarlos “virales”, un contenido que se multiplica por contagio entre usuarios, se pega de unos a otros. Se va pasando de mano en mano, de mail en mail, de link en link, de muro en muro, de retuit en retuit. Los memes hacen famosos a los ignotos, imponen modas, logran hitazos discográficos y le marcan la coreografía a tu borrachera de fin de semana.

Pero, como en el tango, “la fama es puro cuento”. Y son muy pocos los que logran sobrevivir a la primer gran repercusión de un meme. La mayoría se extinguen, desaparecen, son olvidados mucho más rápido de lo que son adorados, imitados y distribuidos por medios digitales.

Hace unos días, a través de Twitter, una colega imaginaba una “Casa del Meme”. Una especie de geriátrico a donde los virales olvidados pudieran ir a pasar sus últimos días. Un hogar donde el Tano Pasman le ceba mate a los cuatro galleguitos de Amo a Laura (según la colega, estos son como los Mirtha Legrand de los memes) mientras miran el video del casamiento de los chicos de Hebraica Pilar. Una casa donde la mascota es un colorido Nyan Cat que baila al ritmo del Harlem Shake con un señor que no deja de preguntar por su hija y su rodado.

Debe ser un lindo lugar, la Casa del Meme. Lleno de nostalgia, de recuerdos de momentos maravillosos. Apuesto a que huele a café con leche y galletitas caseras recién horneadas.

Y seguro tienen una habitación preparada para recibir a María Teresa y Enrique, que ya deberían estar en camino.