Opinión / 30 de abril de 2015

Mamá Lou-chetti

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Es pragmática, defensora de la prole y antimachista. Adoctrina con impunidad de madre sobre la lucha entre el bien y el mal que hace doloroso el parto de la República, mientras reescribe los evangelios de su (última) nueva alianza. Y si en casa la contrarían, agarra la carterita y se va sola a comer una buena pizza.

Lilita Carrió, la única mujer que en la política argentina logró imponer su apodo como marca, parece inofensiva como una mamma que da consejos de rectitud desde la cocina, amasando la pasta. Había amagado con retirarse a su rancho a rezar después de la proeza electoral de pasar, en solo cuatro años, del segundo puesto al séptimo y último en las presidenciales. Pero ya se sabe: nunca hay que confiar de una madre que promete quedarse callada. Y aunque se burlen de sus payasadas, la gordita que asegura que a ella no la mandan los hombres, pone en alerta las estructuras herrumbrosas de la política cada vez que autoproclama una nueva resurrección. Su última profecía, “Van a ganar los rulos”, la encuentra tejiendo un nuevo acuerdo nacional con el Pro-radicalismo contra el eje del mal.

El simulacro familiar impone sus respetos distantes a papá Mauricio, pero no la privan estimular con efusividad a los hijos dilectos del espacio político que se imagina liderar, si consigue imponer el matriarcado. A Mamá Lou-chetti hay que entenderla y saberla llevar: el Rulo ya le perdonó la dureza con que lo increpó por tevé hace dos años acusándolo por el daño terrible que le hizo al país con la 125 de retenciones campestres. Michetti es la hija díscola que quiere mantenerse lejos de casa. Pero mamá sabe cómo atraerla: su última jugada es celebrarle la autonomía en la derrota, como recomiendan los manuales para padres. Solo le resta esperar que Gaby deje de plancharse los rulos y se asuma como parte de una familia con identidad.

*Editora Ejecutiva de NOTICIAS.

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