Menú
Política / 6 de mayo de 2016

La historia negra de los departamentos allanados de Cristina

Por

El estruendo dejó mudos a los custodios que estaban en el hall de la planta baja. Se miraron con una sorpresa que en instantes se hizo susto.

– ¿Qué fue eso? ¿una bomba?

Estuvieron a punto de salir corriendo pero vieron que alrededor todo seguía en pie y estaban contratados para saber qué hacer en estos casos.

Sonó un timbre.

– Es en el cuarto. El departamento ese que dicen que es de Cristina.

Cuando los hombres entraron al departamento 4L, el living estaba cubierto por bloques de cieloraso. Y una empleada doméstica tiritaba sin animarse a salir de la cocina donde el azar la puso en el momento en que el techo se desplomó. Fue un accidente con suerte: tampoco estaban la mujer con su hija que vivió un breve tiempo en la propiedad de la familia presidencial.

A poco de comprarlo, los Kirchner le habían hecho una refacción contraria al gran mérito de su arquitectura: bajaron los techos. Encargaron el trabajo a una constructora patagónica que cumplió con el requisito de mantener en reserva a los dueños pero, evidentemente, cometió algún error peligroso.

El 4L del derrumbe, de 400 metros cubiertos, está en el cuarto piso del edificio Dique, el mejor de los tres residenciales. De cara al canal, la unidad ocupa la esquina que da al bulevar, tiene tres amplios dormitorios en suite (el principal de 9 x 6 metros) living comedor de dimensiones para una intensa vida social y un balcón terraza con gran vista a la ciudad.

La otra propiedad presidencial está en el bloque comercial con acceso por Juana Manso. La tiene en los exclusivísimos dos últimos pisos donde solo hay seis grandes oficinas. Las de la ex Presidenta ocupan el duplex 8 y 9 D, uno de los dos más grandes. Aquí sí consiguió Cristina un inquilino de confianza. Cristóbal López apuraba en julio del 2014 la instalación de sus oficinas en el duplex ultratop. El empresario más leal al gobierno pingüino terminó alquilándole el duplex de oficinas a la familia presidencial. La sugerencia le llegó de Osvaldo “Bochi” Sanfelice, el socio de Máximo Kirchner en la inmobiliaria que administra las propiedades de la familia y quien también se aloja en el edificio cuando pasa por Buenos Aires.

La sociedad anónima Los Sauces, creada en el 2006 con un 45% de acciones a nombre de Cristina Fernández, 45% de Néstor Kirchner y el 10% restante perteneciente a Máximo Kirchner, es dueña de dos propiedades en el Madero Center: ese departamento del sector de viviendas, un dúplex en el de oficinas y 8 cocheras.

¿Quién se las ofreció? Fuentes cercanas al desarrollador del proyecto -Perelmuter- aclaran que por el 2011, de cuando datan las escrituras, ellos ya le habían vendido su parte de la sociedad a Macro. De hecho, la venta fue rubricada por el apoderado del fideicomiso Macro Fiducia S.A., Gustavo Maquirriain, pero curiosamente no especifica la modalidad de pago: si se efectuó al contado o con cheques, como suele consignarse. ¿Fue una venta o un traspaso emprolijado con papeles? Los resúmenes de expensas venían a nombre de Los Sauces ya un año antes de que se formalizaran las escrituras, cuando Néstor Kirchner aun vivía.

El ingeniero Maquirriain, director de la desarrolladora de Brito, Vizora, lleva el peso de esa rúbrica como una maldición. “Yo solo le pongo la firma a una pila de escrituras que me llegan cada día”- se lo escuchó justificarse- “A ellos nunca les vi las caras”.

*Editora ejecutiva de NOTICIAS y autora de “Puerto Madero, el barrio del Poder”, Ed. Sudamericana. | Seguí a Alejandra en twitter: @alejandradaiha