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Opinión, Política / 10 de septiembre de 2017

Patricia Bullrich, la Galimberti

De Montoneros al gobierno de Macri, la actual ministra de Seguridad conserva su impronta personal: decisión de ir por todo y no dar un paso atrás.

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De aquellos ejercicios de instrucción militar de “orden cerrado” en algún living amplio del exilio montonero en México, cuando acababa de escapar de la dictadura, al manejo de las fuerzas federales de seguridad de la Argentina, cuatro décadas después, impacta a cualquier analista de su derrotero. Los recambios políticos la fueron posicionando entre los líderes del peronismo. “Chacho” Álvarez, después de Menem y Duhalde, fue su última playa, con la que desembarcó en la Alianza. A partir de entonces, su virtud fue ofrecerle a dirigentes y gobiernos no peronistas –López Murphy, Carrió, Macri- su impronta personal que forjó como ahijada del “galimbertismo”: decisión de ir por todo y no dar un paso atrás en la misión que le tocara, sea para la resolución de conflictos con presos, sindicatos o mapuches.

Ahora volvió a mostrar su voluntad de redoblar la apuesta. Cuando Estela de Carlotto intentó recordar su pasado, “era militante con nuestros hijos”, la ministra no dejó escapar sensibilidades juveniles. “Los demonios no eran tan demonios…”, afirmó para atenuar el terrorismo estatal de los ‘70. Su obstinación en la defensa corporativa de la Gendarmería, y la posibilidad de abrir mil pistas en la desaparición de Maldonado pero ninguna fisura en la actuación de la fuerza a su cargo, sólo puede explicarse por su vinculación con el operativo del 1° de agosto en el sur, dirigido por el jefe de gabinete de su ministerio, Pablo Noceti.

*Periodista e historiador. Autor de “Argentina, un siglo de violencia política”.