Política / 1 de marzo de 2018

Denunciada por enriquecimiento, Ocaña se puso a disposición de la Jusiticia

Furiosa con la acusación de Vera en su contra, quiere demostrar su inocencia. “Es una maniobra muy grosera”, dicen en su entorno.

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Graciela Ocaña, puesto nº 9 de los 100 más honestos.

Graciela Ocaña estalla de furia. Se acaba de enterar que Gustavo Vera la denunció por enriquecimiento ilícito y aún antes de leer la presentación judicial sabe a quién señalar: Hugo Moyano.

En pocas horas recolecta toda la información que, según considera, le sirve para desmentir cada uno de los argumentos de la denuncia del ex amigo del Papa (hoy muy cerca de Moyano) y parte hacia Comodoro Py, con la intención de ponerse a disposición de la Justicia. Sabe que no es el procedimiento habitual: Vera tendrá que ratificar la denuncia, correrán los plazos correspondientes y luego llegará el momento de mostrar las evidencias. Pero insiste en que quiere hacerlo cuanto antes para despegarse de una mancha: para una mujer encargada de hacer denuncias por corrupción, que la señalen de esa manera lo considera más que grave.

Ocaña admite que su patrimonio creció en el 2016 de una manera vertiginosa, pero explica que tiene que ver con la venta de una casa en Haedo y de un Peugeot 408 (cuyas valuaciones fiscales eran mucho menores a las reales).

La legisladora, una denunciadora serial de la corrupción kirchnerista, cuenta informalmente en la Justicia que su fundación Confianza Pública, esa que creó para hacer auditorías privadas a empresas cuando no tenía cargo público, tuvo su primer domicilio en Azucena Villaflor 350. En su presentación, Vera escribió que allí funcionaba “La Rosadita”, el reducto K donde se contaba el dinero proveniente de los bolsos, sin embargo ese edificio está dos cuadras más al norte.

Según el entorno de Ocaña, la denuncia del ladero de Moyano tenía algunos puntos demasiado flacos: buscaron los distintos domicilios que tuvo la fundación de la diputada y consideraron que todas las empresas que habían pasado por esos departamentos que en algún momento Confianza Pública alquiló, eran de Ocaña. “De repente Graciela pasó a tener un montón de empresas, por haber alquilado un departamento donde antes y después tuvieron sede muchas compañías. Increíble”, consideró uno de sus hombres de confianza.

La diputada dice que su patrimonio se reduce a un departamento de 59 metros cuadrados en San Telmo, una casa en el country Terravista de General Rodríguez y un Toyota Corolla del 2015, todo compartido a medias con su marido, Juan.

Para Ocaña y su entorno, no caben dudas de que la denuncia de Vera fue orquestada por la gente de Moyano: “Es una maniobra muy grosera”, repiten. Por un momento el pato le tiró a las escopetas, aunque los argumentos no tendrían demasiada consistencia.