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Cultura / 1 de junio de 2018

Los 100 nombres de Pessoa

Una propuesta teatral centrada en la figura del poeta pone de nuevo en foco su obra. Universalidad vs. exaltación del yo.

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Crece el yo en las redes sociales. Crece el yo en Buenos Aires, y también en las calles de New York o de París. El mundo se viste de yo. Calza zapatos de “postverdad” y se pone el sombrero del fanatismo. Poco se puede hacer con el Tsunami que destroza diferencias. Todos son dueños del Sol y con sus ideas iluminan a los demás.

Pero en 1935 un pequeño hombre se apagó del Sol para “ser plural como el Universo”. Poco a poco sus escritos y notas fueron rescatados del ahora mítico baúl que tenía junto a su cama. El ignoto poeta que recorrió las calles de Lisboa a principios del siglo XX ahora es considerado una figura clave de la literatura universal. “Es un poeta para el siglo XXI” afirma Sabina Berman periodista y escritora mexicana autora de “Ejercicios Fantásticos de Yo” la obra de teatro que se estrena este fin de semana en el Coliseo. Gael García Bernal tendrá el desafío de encontrar todos sus “yoes” en esta original propuesta de la dramaturga mexicana.

Tesis. Quizá fue a los cinco años cuando su padre fallece por tuberculosis que se inicia el descubrimiento que crearía una idea totalmente nueva en la poesía universal. Para los 6 años de edad Pessoa comienza un intercambio epistolar con su amigo imaginario Chevalier. La magia se va encendiendo y comienza a ver que su yo era muy poco para sentir el mundo. “Mas bien siento que hay que darle libertad al yo para que pueda disgregarse en sus múltiples personalidades”, decía. Entonces surgió la idea de los heterónimos. No la de los seudónimos, en éstos el autor quiere esconderse. Los heterónimos, por el contrario, parten de la idea de que en nosotros habita una multitud. Por estados emocionales u otras circunstancias no siempre, para Pessoa, somos de la misma manera.

Y entonces el poeta comenzó a indagar en todos sus “yoes” posibles. Se piensa que construyó más de 100 heterónimos y no todos son hombres. A sus 25 años, la idea le surgió de una forma completa en lo que denominó el día triunfal de su vida. Fue el 8 de marzo de 1914 cuando reveló que habían surgido los tres principales heterónomos: Alberto Caeiro, Ricardo Reis y Álvaro de Campos. Todos ellos fueron dotados de biografías, ideologías políticas y religiosas, además de diferentes estilos literarios y aspectos físicos. Incluso les hizo su carta natal, ya que otro de sus heterónomos; Raphael Baldaya, era experto en astrología.

Los heterónimos no son sólo un recurso literario o poético, son el pilar de una filosofía. “Al fin la mejor manera de viajar es sentir. Sentirlo todo de todas las maneras. Cuanto más sienta, cuanto más sienta como varias personas, cuanto más simultáneamente sienta con todas ellas más poseeré la existencia total del Universo”, escribió.

Abismos. “En Pessoa es fascinante comprender su concepción de la no verdad, de la no personalidad, de la no metafísica y del no ego. Eso se profundiza aún más si lo pensamos dentro del contexto de esta época que vivimos”, señala Nelson Valente director de “Ejercicios Fantásticos del Yo”. Precisamente, esa debilidad de su personalidad lo hizo indagar de una forma totalmente nueva hasta encontrar una fortaleza que aún hoy sigue creciendo.

“’Si las cosas son astillas/ del perspicaz universo/ que yo sea mis fragmentos/ distraídos y diversos’: esta expresión de Pessoa se conecta con la famosa frase de Rimbaud, que inaugura la modernidad: ‘Je est un autre’ (yo soy un otro). Ahora, cuántos otros soy, quizás, según el momento emocional que me embarga. De qué personaje dispongo según cada momento. Acaso ese ‘estar agrietado’ sea no soportar la diferencia con el otro; acaso sea querer desesperadamente distanciarme y sentir que porto La Verdad en mis pensamientos. Pessoa no se soportaba a sí mismo, quizás no nos soportemos a nosotros mismos tantas veces. Es ahí donde aparecen posibilidades para soportar la angustia de existir: ¡ser otro! Para poder soportar lo que no soporto de mí ahora, puesto en ese enemigo que es tan parecido a mí mismo” indaga Claudio Goscilo, especialista en Psicología Clínica y docente de la UBA.

Para Goscilo la grieta es un “producto de la negación (mecanismo de defensa del yo para no angustiarse) puesta en lo colectivo. De ahí a la tan mentada posverdad hay un paso: ‘no me interesa discutir, solo arrasar con tu pensar’. Mas me agrieto más me separo de mi parte que temo porque la infiero como ‘mala’. Y entonces vemos fenómenos como que disocio lo malo en mí y lo proyecto en el otro quien pasa a ser mi enemigo y al que debo destruir como sea”.

Lejos de la verdad totalitaria Pessoa afirma: “Yo quiero ser el representante de la libertad; de la capacidad del habla; de tener diversos significados”. Es notable como su “filosofía nos habla de la no verdad de poder pararse del otro lado y decir lo contrario a través de los heterónomos. Precisamente se posiciona de una forma totalmente contraria a lo que hacemos por lo general en nuestro país donde nunca hay grises siempre debes estar a favor de alguien o en contra de alguien. No importa si ese alguien se equivocó si es alguien que quieres o si tiene o no razón”, comenta Valente.

Singularidad. Salvo el caso de Armando Sercovich -uno de los fundadores de la semiótica en Argentina- pocos fueron los intelectuales dedicados a la obra de Pessoa hasta 1982 donde se publica el “Libro del desasosiego” obra de Bernardo Soares -otro de sus heterónomos- que le da trascendencia mundial. No quedan registros de si Borges lo conoció, aunque tal encuentro podría haber sido posible. Se sabe que el escritor argentino frecuentó en 1923 el mismo bar -Café A Brasileira- al que solía ir el poeta portugués y en el que hoy hay una estatua que es el paso obligado para que los turistas se saquen fotos cuando visitan Lisboa.

Hacia 2008 sus herederos subastan parte del tesoro, como su mítico baúl y diversas cartas, lo cual provocó un escándalo que obligó al estado portugués a diseñar una ley específica para ubicar y preservar las diversas piezas que constituyen su legado.

Tantos “yoes” tuvieron un único amor: Ophelia Queiroz, quien lo sobrevivió más de 50 años y falleció en 1991. Cuando se “apagó del Sol”, Fernando Pessoa realizó su último escrito. Hasta en ese instante utilizó sus heterónomos ya que no escribió en portugués sino en inglés: “I know not what tomorrow will bring (no sé qué pasará mañana)”. No podía saber Pessoa que la pluralidad de las estrellas lo iba a llevar a Buenos Aires. Ni que renacería en el yo de Gael García Bernal para que cada noche descubramos que nuestro tamaño no lo dicta nuestra estatura sino todo lo que vemos.