El mapa del conurbano empieza a reordenarse con lógica de sucesión. Mientras Axel Kicillof ya se mueve en clave presidencial —con agenda nacional, volumen político propio y proyección más allá de La Plata—, en el territorio bonaerense se abre otra discusión: quién se queda con el sillón de Dardo Rocha.
La última encuesta de CB Global Data aporta una primera respuesta posible. No definitiva, pero sí reveladora. Porque detrás del ranking de imagen positiva de intendentes aparece algo más profundo: una lista de los dirigentes mejor posicionados para disputar la sucesión en la provincia.
El dato más contundente lo protagoniza Federico Achával. Con un 61,3% de imagen positiva y el mejor diferencial del conurbano (+27,1), el jefe comunal de Pilar no solo lidera el ranking: se consolida como uno de los nombres con mayor proyección dentro del peronismo bonaerense. En un contexto donde varios intendentes enfrentan límites a la reelección, Achával aparece como parte de esa generación que empieza a mirar más allá de su distrito. Pero no está solo. En el top 10 también figuran dos dirigentes que ya orbitan en la conversación política más amplia: Federico Otermin y Jorge Ferraresi.

Ferraresi combina volumen territorial, experiencia de gestión y respaldo interno. Su nombre ya fue sugerido por Andrés “Cuervo” Larroque como una opción para el futuro. Representa un peronismo clásico, con anclaje en el conurbano profundo y capacidad de articulación política.
Otermin, en cambio, expresa una transición más delicada. Cercano a Máximo Kirchner y heredero político de Martín Insaurralde, intenta construir una identidad propia que lo proyecte como algo más que continuidad. Un “pasar de página” de La Cámpora sin romper con ella. Su buena performance en imagen indica que ese equilibrio, al menos por ahora, es viable.

La encuesta —realizada entre el 6 y el 11 de abril sobre más de 14 mil casos en los principales 24 municipios del GBA— también confirma otra tendencia: la centralidad del poder territorial en la construcción política del peronismo. En un escenario nacional fragmentado, los intendentes que sostienen buena imagen se convierten en activos estratégicos.
Pero hay un dato estructural que potencia esta dinámica: la falta de reelección indefinida en muchos distritos. Ese límite empuja a varios jefes comunales a buscar nuevos horizontes. Y el principal, naturalmente, es la gobernación.

Así, lo que hasta hace poco era un ranking de gestión empieza a funcionar como un termómetro de ambiciones. No todos los que miden bien serán candidatos, pero todos los que aspiran a serlo necesitan primero medir bien.
En ese tablero, Achával parte con ventaja. Otermin y Ferraresi lo siguen de cerca, cada uno con su propio armado y respaldo. Y detrás aparece un conjunto más amplio de intendentes que, sin romper la estructura actual, empiezan a prepararse para disputarla. El dato político de fondo es claro: Kicillof ya juega en otra liga. Y eso abre un vacío que el peronismo todavía no terminó de ordenar.
La sucesión no está definida, pero el proceso ya empezó. Y como suele pasar en la política bonaerense, todo empieza en el conurbano.
por R.N.















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