Ciencia / 6 de septiembre de 2018

Alzheimer y corazón: todo depende de la copa

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El vino es la enfermera de la vejez”. El médico romano Galeno, en el siglo II, acuñó la frase al observar que los consumidores del elixir de Baco parecían sufrir menos enfermedades. Galeno recetaba dosis moderadas de la bebida para tratar la fiebre y los problemas de estómago.

A fines de la década de los ´80, los científicos aislaron el resveratrol, sustancia con capacidad antiinflamatoria presente en la cascara y en la semilla de la uva, y descifraron su composición. Beber, en dosis controladas, podría hacer bien a la salud, pero esa posibilidad quedaba reducida solamente al vino.

Nuevas investigaciones comienzan a detallar otros beneficios del consumo moderado de alcohol para la salud, ahora ampliando el abanico y abarcando a la cerveza y a otros destilados. Un trabajo publicado en la revista médica British Medical Journal, da vuelta las cosas. Basado en el estudio de más de nueve mil personas de entre 35 y 55 años a los cuales se los siguió durante 23 años, permitió comprobar que tanto quienes beben más de 14 copas de vino a la semana como aquellos que son abstemios tienen más riesgo de padecer demencia.

La copa de vino debe ser de 250 mililitros y no más, y los efectos son similares si la persona bebe hasta 14 latitas de 350 mililitros de cerveza, o a catorce dosis de 44 milímetros de whishy. En tales casos, las personas tienen una reducción del 47% en las posibilidades de desarrollar Alzheimer, comparadas con las abstemias. El alcohol activaría un sistema (denominado glinfático) responsable de limpiar el cerebro de residuos nocivos, incluyendo las placas de proteína beta amiloide del Alzheimer.

Delicado equilibrio. Beber o no beber, en lo que a influencia sobre la salud se refiere, depende de unos cuantos factores, incluyendo cuánto se toma y qué problemas de salud tiene alguien. Tomar en exceso (esto es, más de las cantidades mencionadas anteriormente, que en algunos casos para las mujeres deben ser aún menores) se vincula con peligro de tener diversos tipos de cáncer, incluyendo los de mamas, colon, faringe, laringe y esófago. Demasiado alcohol puede enfermar gravemente el hígado.

Algunos otros estudios ya habían dado datos sugerentes en cuanto a que beber moderadamente podía ser bueno para el cerebro, pero tenían el problema de que se concentraban en las personas añosas y en los efectos más recientes, no se había hecho un estudio que estudiara los efectos a largo plazo.

Eso es lo que hizo el equipo de científicos británicos, que analizaron una gran base de datos del Reino Unido para rastrear los patrones de consumo de alcohol desde la mediana edad y sus efectos sobre la demencia, cuando las personas ya eran adultos mayores.

“Con el aumento constante en la expectativa de vida y los cálculos actuales, que estiman que la demencia triplicará su prevalencia hacia el año 2050, comprender el impacto del consumo de alcohol sobre el envejecimiento es fundamental”, explican los investigadores británicos en el paper publicado recientemente. “Se ha sugerido que el consumo moderado de alcohol ayudaría a disminuir el riesgo de demencia. Sin embargo, hay una cantidad de aspectos que aún no han sido resueltos y que podrían explicar por qué el consumo de alcohol no está incluido en las guías más recientes que especifican los factores de riesgo modificables para la prevención de la demencia”, agregan.

Diabetes y alertas. Un segundo hallazgo, esta vez proveniente de la Universidad de Sul (en Dinamarca) mostró que el alcohol disminuye en cerca del 50% el riesgo de diabetes del tipo 2. Esto se explicaría porque el alcohol puede facilitar la entrada de la insulina a las células. Aumenta los niveles de adiponectina, una proteína fabricada por la grasa y también relacionada con los receptores celulares de la insulina. Bebido en estas cantidades, moderadamente, el alcohol puede disminuir el riesgo de sufrir enfermedades cardíacas en algunas personas, y también de bajar el riesgo de padecer cálculos biliares.

Algo a tener muy en cuenta es que la cantidad de dosis identificada en los estudios como positiva para la salud jamás superó la recomendación internacional definida como segura. Esto es, hasta dos dosis diarias. En el caso del trabajo sobre el Alzheimer, el consumo que sobrepasa los límites invierte el efecto, reduciendo el flujo sanguíneo hacia el cerebro y atrofiando las áreas ligadas a la coordinación motora y a la memoria.

En ningún momento los estudios recomiendan que los abstemios comiencen a beber para beneficiarse de los efectos. Si hay puntos positivos, los negativos siguen siendo los mismos, y muy serios. Y es por eso que ningún profesional serio se atrevería a recomendar a quien no bebe que comience a hacerlo. De manera que se trata de tomar a estos hallazgos como una señal de las ventajas que tiene beber alcohol, pero sin olvidar sus riesgos.

El ritmo de la ingesta también es crucial para que los beneficios del alcohol sean mayores. Cuanto más espaciado, mejor. Consumir cuatro dosis o más en un período de hasta dos horas, puede ser como una bomba para el organismo. Esta costumbre, cada vez más de moda entre los más jóvenes, sobrecarga al organismo con los efectos tóxicos del alcohol. Otro estudio publicado en el British Medical Journal mostró que entre el 2009 y el 2016 el número de muertes de hombres y mujeres de entre 25 y 34 años por cirrosis aumentó un 99%. Entre las personas de mayor edad el incremento fue del 39%.

Otro estudio reciente asegura que beber alcohol es malo siempre, no importa cuándo y menos aún la cantidad. Sin embargo, la mayoría de los hallazgos, hasta ahora, reafirman la idea de que la moderación sería la mejor respuesta.