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Música / 21 de noviembre de 2018

Música sustentable

Maimará, Tilcara, Tumbaya, Uquía, Humahuaca, Hornocal, Huacalera y San Salvador fueron los escenarios de este festival.

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* * * * “Jujuy corazón andino” es algo difícil de explicar. Algo extraño si nos atenemos a los cánones convencionales del espectáculo. Una propuesta en la que se mezclaron artistas de muy distintas partes del mundo con historias y edades muy diferentes tras la idea de trabajar por un arte sustentable.

Todo sucedió entre el 3 y el 10 de noviembre en varias localidades de la Quebrada de Humahuaca y en la capital provincial: Maimará, Tilcara, Tumbaya, Uquía, Humahuaca, Hornocal, Huacalera y San Salvador. A lo largo de esos días se sucedieron conciertos, una feria gastronómica coordinada por el chef jujeño Walter Leal, un desfile de moda, muestras plásticas y una amplia gama de talleres que giraron en torno a la música, la sustentatibilidad, la luthería, el diseño y el reciclado de materiales. Hubo música antigua por el Ensamble Barroco del Instituto del Teatro Colón, que además aportó su ballet y su Coro de Niños. Hubo música sinfónica por una orquesta multinacional, la Filarmónica Infanto Juvenil de Perú, la GPA de Brasil y la juvenil de Chile. Hubo jazz local con la Jujeña Jazz Band. Y fue notable la presencia de grandes figuras como el pianista Horacio Lavandera, el saxofonista y clarinetista cubano Paquito D’Rivera, el sexteto Escalandrum, Gustavo Santaolalla, Ricardo Mollo, Lidia Amadio, Gerardo Gardelín, el gaitero español Carlos Núñez, el pianista Nacho Abad, los bailarines Karina Olmedo y Nahuel Prozzi, el multi-instrumentista jujeño Tukuta Gordillo, las cantantes Elena Roger, Julie Freundt y Carolina Peleritti, etc.

Hay algo del espíritu del Tantanakuy que impulsa Jaime Torres en la región. Pero si alguno encuentra algunos puntos de contacto de este festival con el que año a año sucede en Iguazú, no es casualidad. Es que todo esto estuvo a cargo de la fagotista e incansable gestora Andrea Merenzón, justamente la misma de Iguazú en Concierto. En ella y en su equipo, con el financiamiento del CFI y el estado provincial y el apoyo de algunas empresas privadas, recayeron la responsabilidad de complicadas producciones estéticas y ejecutivas.

Y como pasa en la propuesta misionera, también esta jujeña tuvo un enorme espectáculo de cierre conducido por Martín Wullich. En la tarde/noche del sábado, bajo el lema “Por un planeta en armonía” y con un “mapping” realizado por Ariel Cortez proyectado sobre los cerros, unas 8000 personas presenciaron en Purmamarca la actuación de una orquesta de 500 jóvenes que sirvieron de apoyo para todos los grandes nombres. Un cierre de fiesta para esta primera edición de un festival que convocó a muchos y que emocionó a unos cuantos miles que también pudieron seguirlo por “streaming” y por la televisión local.

Con la participación de niños y jóvenes llegados desde muchos lugares y con la presencia de figuras muy importantes, cerró el primer “Jujuy Corazón Andino”.