Menú
Personajes / 2 de diciembre de 2018

Carla Algeri: “Me duele lo que hacen con el tango”

Es bandoneonista y fue nombrada miembro de honor del Consejo de Arte de la UNESCO. Fallas de Mahler y un mundo sin poesía.

Foto: Marcelo Escayola

Son las tres de la tarde. El silencio majestuoso de la biblioteca del Palacio Duhau Park Hyatt Buenos Aires sólo es interrumpido por el ruido del flash del fotógrafo. Hasta que Carla Algeri, la retratada, toma su bandoneón para incorporarlo a la foto, y la pulsión es más fuerte que ella: respira hondo y comienza a tocar, llenando el ambiente con los primeros acordes de “Adiós Nonino”. No pasa mucho hasta que se asoman por la puerta varios huéspedes y hasta personal del hotel. Nadie osa interrumpirla, ella continúa en su embrujo. Los testigos casuales sonríen maravillados; se están llevando de recuerdo un instante de la más pura esencia porteña.

Es posible que esa misma fascinación sea la que haya sentido Carla cuando, a sus cinco años, se cruzó con un bandoneonista en el conservatorio donde estudiaba piano y guitarra. “Volví a casa y le dije a mi padre que quería estudiar ese instrumento”, recuerda. Pero eran años de dictadura, y el tango o cualquier otro tipo de música popular no eran bien vistos, por lo que la ilusión debió esperar. En el mientras tanto, su padre le regaló vínculos inolvidables, como el que entabló con Osvaldo Pugliese, al que iba a ver cada lunes a sus ensayos de orquesta, o como el que le proveyó finalmente su bandoneón, gracias a su vecino, el maestro Alejandro Barletta, que aconsejó sobre la compra. Sin embargo, la música todavía no le tomaría la vida.

Noticias: Estudió Ingeniería Mecánica, ¿terminó la carrera?
Carla Algeri: Dejé en el último año. Fui a hablar con mi padre y le dije que me había dado cuenta de que quería ser música. Me contestó: “No sabés lo que es ganarte la vida. Vas a comprar un diario y buscarte un trabajo. Luego de probar eso, podés tomar tu decisión”. Al día siguiente compré el diario y busqué un trabajo. Con mi primer sueldo, me compré mi primera guitarra eléctrica. En ese momento ya estaba de novia con quien es el papá de mis hijos, un gran empresario textil, y al tiempo empezamos a trabajar en el área de productos de marcas internacionales, trayendo casas como Valentino, Versace, Salvatore Ferragamo, Max Mara y Hugo Boss.

Noticias: Parecería que está hablando de otra vida.
Algeri: Bueno, en un momento pensé que nada de eso era para mí. Sentí que tenía que volver a la música y repararme. Y que lo tenía que hacer de la mano de un instrumento sin recuerdos ni historia, así que decidí ir por el bandoneón. Me acordé que una vez un maestro me había recomendado a Rodolfo Mederos, así que conseguí el teléfono y lo contacté. Me dio una entrevista y fui con mi bandoneón. Me pidió que que anotara diez nombres de tangos, y cuando los leyó, me preguntó por qué no había ninguno de (Astor) Piazzolla. Le dije que mi gran referente era Osvaldo Pugliese y que cuando él escribió el tango “Negracha”, fue un antes y un después en el tango, y que para mí Astor venía después. Porque hoy todos empiezan por Astor y nadie vuelve a las bases y los orígenes. Entonces me dijo que íbamos a hacer grandes cosas juntos. También me preguntó cuál era mi sueño. Le dije que quería ser solista de la Filarmónica de Berlín. Le pregunté por el suyo y dijo que quería una orquesta típica. Empecé a estudiar con él e hicimos la orquesta típica. No toqué con la Filarmónica de Berlín, pero estoy invitada para tocar con la Sinfónica de Israel.

Destino. Estudió Ingeniería Mecánica pero dejó, trabajó en la industria textil trayendo al país casas como Valentino, Versace y Hugo Boss, pero siempre quiso ser música. Foto: Marcelo Escayola

Noticias: ¿Cuándo se dio cuenta de que era realmente buena?
Algeri: Cuando comencé a estudiar con Rodolfo, estaba casada. Pero cuando me divorcié, me quedé sin nada. Las marcas internacionales ya no estaban y daba clases de música. Así que para salir adelante, le dije a Rodolfo que para pagarle las clases, le ofrecía volverlo un producto, el producto Rodolfo Mederos. Hacer un buen brochure, una página de internet, buenas fotos, cambiarle la ropa, los zapatos, el pelo, lograr otra imagen. Y accedió. Recuerdo que uno de mis colegas, Sergio Rivas, contrabajista de Rodolfo, un día me dijo que si yo hiciera eso por mí, llegaría muy lejos. Y con él mismo y Armando de la Vega, otro músico, armamos un trío y empezamos a tocar. Con ellos nos anotamos en un concurso de orquestas y lo ganamos, tocando tango.

Noticias: ¿Cómo llegó a gestora y consultora cultural de la ciudad?
Algeri: Conocí a Hernán Lombardi, en ese momento ministro de Cultura, cuando estaba en pleno proceso de lograr que el tango fuera declarado patrimonio de la humanidad, y le propuse ayudarlo. Armamos una presentación en tiempo récord y al año se logró la proclamación. Así que me ofreció quedarme a trabajar con él. Me preguntó qué quería. Le dije que quería un centro cultural en el edificio del Puente Alsina, para lo que había que poner en valor el edificio, que estaba ocupado. Al año, abrimos las puertas con una presentación de (Daniel) Baremboim, que es un gran enamorado del tango y del bandoneón. También pusimos escuelas en los barrios carenciados con referentes de la música. Cuando se fue Lombardi, vino Darío Lopérfido, que apoyó mucho ese proyecto y lo hizo crecer.

Noticias: ¿Y luego?
Algeri: Vino la administración de Ángel Mahler. Las escuelas se cerraron y el centro cultural perdió todo su presupuesto. Hoy en algunas áreas hay gente trabajando muy bien, pero no hay un plan integral.

Noticias: ¿Pero sigue siendo asesora?
Algeri: Sí. La llegada de Enrique Avogadro cambió las cosas para bien, pero hubo que explicar mucho. En un año y medio tuve unas 14 auditorías. Tenía un edificio sin agua, sin mantenimiento… En su momento contamos con mucho apoyo de las empresas privadas, pero eso perdió su lugar con la administración de Mahler. E igual abrimos los horizontes hacia otros lados. Por ejemplo, trabajamos muy fuerte con el embajador (Oscar) Moscariello en Portugal, vamos a poner un museo del bandoneón y de instrumentos patrimoniales, hemos puesto sede del Polo Bandoneón. Nos fuimos de Medellín pero trabajamos en Cali, Bogotá y Miami. A veces se cierra una puerta pero se abren otras, lo importante es seguir trabajando para la preservación y difusión de nuestra cultura.

Noticias: ¿Siente que se le da más valor al tango en el exterior que aquí?
Algeri: Lo que se está haciendo acá no es tango, es cualquier cosa. La inauguración de los Juegos Olímpicos con bandoneonistas haciendo mímica y música electrónica sonando… (suspira) Hay bandoneonistas muy buenos, están vivos y tocan. Ya estuvimos en este lugar, por eso tuvimos que volver al tango patrimonio cultural de la humanidad.

Noticias: ¿Qué le pediría hoy al Gobierno?
Algeri: Haría menos festivales, porque requieren presupuesto, y son como un amor de una noche. Apuntalaría las bases, pondría presupuestos a trabajar en la educación y la formación académica sólida. El centro cultural hoy depende de la Dirección de Promoción Cultural y no tiene ningún sentido que así sea. Debería ser parte de una dirección, por ejemplo la de Enseñanza Artística, para poder hacer master en los conservatorios. Avogadro ha puesto muy buenos directores al frente de las áreas, pero también hay toda una época que se sufrió y hay que ordenar. Las escuelas que se cerraron no se volvieron a abrir. Se hicieron otras cosas y pueden estar bien, pero el Polo Bandoneón es un compromiso ante la UNESCO, que envía dinero para la preservación y difusión del tango. Y el Polo Bandoneón no tiene agua.

Noticias: ¿Sigue habiendo lugar para la poesía del tango en la vida moderna?
Algeri: Cuando nosotros hablamos de Cadícamo, de Expósito y esos poetas, eran gente que leía. La literatura francesa más romántica del siglo XIX era plasmada luego en un tango, como “levantarme a la mañana y regalarte un ramillete de rocío”. Hoy la gente no lee el diario, ¿qué va a escribir? Hay quienes lo hacen, pero antes salían de abajo de las baldosas… Por eso lo tuvimos que declarar patrimonio de la humanidad. El bandoneón, por ejemplo, dejó de fabricarse después de la Segunda Guerra Mundial. Por eso preservamos el bandoneón y la orquesta típica y buscamos recuperar compositores, arregladores, cantores de orquesta, bailadores.

ADRENALINA INTACTA. Antes de las grandes presentaciones, dice que “anda llorando por la vida”. Pero cuando se sube al escenario, todo cambia. Foto: Marcelo Escayola

Noticias: ¿Es difícil ser mujer en el mundo del tango?
Algeri: La misma situación que me benefició, luego me perjudicó. Porque al principio todos creen que no podés, entonces te dejan hacer. Pero si venís galopando arriba de un caballo blanco a toda velocidad, es obvio que van a tirarte piedras. Acá en Buenos Aires no toco casi en ningún lado, pero en el mundo toco en todas partes.

Noticias: ¿Le da lástima?
Algeri: Me da lástima y me duele lo que están haciendo con el tango. Y como decía mi maestro, esto es una apuesta a largo plazo, porque así son las cosas sólidas. Lo que sí me importa es poder transmitir, construir. Por suerte mis compañeros son incondicionales y hay más de mil personas que asisten al centro cultural.

Noticias: ¿Le sigue generando nervios salir al escenario?
Algeri: En las presentaciones complejas, antes ando llorando por la vida. Cuando llega el día del concierto, me baño, me siento cinco minutos, lloro un poquito, me maquillo y estoy. Y cuando salgo al escenario, el mundo cambia. El otro día me sorprendí porque toqué con mi hijo Nicolás, y cuando le pregunté cómo se había sentido, me dijo que antes estaba mal, pero cuando salió a escena, todo cambió.

Noticias: Así que legó el talento musical también…
Algeri: Tengo dos hijos. Sebastián estudia Ingeniería y me enorgullece mucho porque completó lo que yo no pude. Y Nicolás es abogado, pero tomó todo lo de la música; toca la guitarra, y este año pudimos tocar juntos por primera vez. De hecho, ahora voy a grabar un disco con guitarras, para hacerlo con él.

Vicky Guazzone di Passalacqua
@misskarma