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Sociedad / 11 de marzo de 2019

Mujeres en ciencia: el peso del machismo en el conocimiento

Agostina Mileo, también conocida como “La barbie científica”, dialogó con NOTICIAS. “Hay una cuestión compleja que tiene que ver con lo cultural y la educación con los estereotipos”, asegura.

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“Dentro de la ciencia hay una resistencia machista que se ve en el rechazo de los científicos varones hacia los estudios que demuestran la discriminación hacia las mujeres”, aseguró Agostina Mileo, también conocida como “La barbie científica”, en diálogo con NOTICIAS. En el marco de la jornada del Día Internacional de la Mujer, la comunicadora y divulgadora científica explicó cuáles son las consecuencias reales de la brecha de género en el desarrollo del conocimiento.

Mileo es furor en redes por sus videos en el “Noticiencia” donde desglosa datos y estudios sobre cómo afecta el pensamiento androcéntrico (centrado en el hombre) al progreso científico y tecnológico. Además, es parte del medio Economía Femini(s)ta donde publica artículos. La ciencia es un ámbito que se postula como universal y objetiva, que se puede aplicar independientemente de cualquier circunstancia. Cada vez más estudios cuestionan esta afirmación.

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A partir del siglo XX, la idea fue discutida por diferentes corrientes y una de ellas determinó que en la práctica aquel sujeto que se dice universal es, en realidad, un varón blanco heterosexual. Mileo explica que el modelo androcéntrico del mundo empezó a cuestionarse a partir de la idea que Simone de Beauvoir desarrolla en “El Segundo Sexo”: los varones son la norma y las mujeres son “la otredad”.

Hay ejemplos específicos de las consecuencias de esta diferenciación, como que las medidas mecánicas para prevenir accidentes están diseñadas para el cuerpo de los hombres (por lo cual, las mujeres tienen más probabilidades de sufrir lesiones) y que en los ensayos clínicos de médicos se estudian hombres, entonces, ellas son más propensas a sufrir efectos secundarios.

Este modelo es el que excluye a mujeres –y a muchos varones-, y bajo ese precepto, “La Barbie científica” publicó el libro “Que la ciencia te acompañe, a luchar por tus derechos”, que fue reconocido como “de interés legistativo” por la Legislatura Porteña. Mileo es licenciada en Ciencias Ambientales, máster en Comunicación Científica Médica y Ambiental y doctorada en Historia y Epistemología de la Ciencia.

“Hay una cuestión compleja que tiene que ver con lo cultural y la educación con los estereotipos más arraigados, sobre las características innatas que se les asigna a varones y a mujeres, y también una falta de respuesta institucional”, afirma la científica. Estudios descubrieron qué políticas son necesarias en las instituciones educativas para alentar a niñas y adolescentes a seguir carreras relacionadas con la ciencia, pero no son implementadas.

El año pasado, la feminista desarrolló un juego orientado a las aulas de primaria en búsqueda de visibilizar a científicas argentinas: “¿Quién es esa científica?”. La actividad fue creada en colaboración con Wikipedia y la científica Valeria Edelsztein y consta de dos etapas. En la primera, se enseña un manual con la biografía de 15 científicas argentinas mientras que, en la segunda, se realiza un cuestionario a resolver en grupos.

Justamente, el juego está orientado a inclinar a más niñas a elegir carreras de ciencia. La falta de estímulo a las mujeres para involucrarse en la ciencia comienza a muy temprana edad. Un estudio, realizado por Lin Bian y publicado en Science en 2017, indentificó que las niñas dejan de asociar la inteligencia a su propio género entre los 5 y los 6 años. Ya en el rubro, la brecha se profundiza: si bien las mujeres son mayoría en los primeros escalafones de la carrera científica en nuestro país, al analizar los puestos jerárquicos, no llegan al 25%.

Otro estudio de publicado en Psychological Science analizó cómo la relación entre familias y sus hijos e hijas en 18 instalaciones educativas de ciencia. Las comparaciones resultaron que la mayor interacción se daba entre padres a hijos, las madres explicaban menos en general y el estudio concluyó en que tanto padres como madres (especialmente los padres) creen que a los varones les interesa más la ciencia.

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En este punto, la escolarización cumple un rol fundamental, porque es más difícil que las niñas se inclinen por ciertas disciplinas si no han visto a otras mujeres ser exitosas en su ejercicio. La activista destaca la importancia que tiene que las mujeres hagan ciencia, en un ámbito tan patriarcal. La industria científica ha sido objeto de discusión especialmente por la influencia que todavía tienen los caracteres biológicos en la elección de carreras y cómo puede modificarse la educación para apostar a decisiones más igualitarias.

“Yo lo que trato de demostrar es que si decimos que es cultural, o que es un cambio gigante, no nos concentramos en los actores directos y señalables que realmente pueden implementar medidas para mejorar el acceso a las mujeres a la ciencia”, afirma Mileo, quien también impulsa la campaña “MenstruAcción“, para informar e eliminar el tabú social a la menstruación.