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Opinión, Política / 18 de mayo de 2019

Temerle a Cristina y un poquito a Dios

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Aunque la Corte Suprema se apuró a aclarar que había atendido el pedido de queja presentado por la ex presidenta para evitar futuros planteos de nulidad en el juicio oral que afrontará por corrupción en la obra pública, el hecho de que recién lo hayan hecho  cuando se elevaba su perfil presidenciable deja pensar que la Justicia está calibrando su reloj biológico.  Aunque la insólita devolución en menos de 24 horas de la enorme pila de expedientes reclamados para su revisión (cacerolas y reclamos políticos mediante) revele la incertidumbre de los magistrados para establecer la correcta hora oficial.

Es que el renacimiento de Cristina como yegua herbívora que invita al contrato social no convence más que a Alberto Fernández, quien  bebe y se baña a diario en el río platónico del olvido. Más factible es que vuelva así como se muestra en su best seller: carnívora como siempre.

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Ante su sola invocación, los mercados temen el default, los inversores paralizan sus apuestas, los peronistas (a excepción de Scioli que siempre pareció disfrutar los desplantes) confían en su neo-dialoguismo, Macri empieza a imaginarse avalando un plan B o V, los empresarios se autoconvencen de que –como alguna vez Menem– pueda al fin resultarles rubia de ojos celestes, los ex actores K se muerden la lengua por sus autocríticas y los ciudadanos que temen una chavización nacional hacen cruces de sal en la vereda. En síntesis, que Cristina se quedó corta cuando en su hora dorada sentenció que sólo había que temerle a Dios y a ella un poquito. Desde que se puso a disposición para conformar un frente patriótico y sinceró su intención de volver al ruedo inspirada por las encuestas favorables, la máxima se invirtió: es cuestión de temerle a ella, y a Dios un poquito.

El gran combo del Derecho que integran la Corte Suprema y los jueces federales no escapa a esa lógica del miedo (¿al carpetazo?) que impulsa alianzas con los ganadores. Sin protocolo, Alberto Fernández ya anunció que “algún día” los jueces deberán rendir cuentas por los juicios a ex funcionarios kirchneristas.

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Macri  también hizo lo que pudo a su favor antes de que la gestión lo esmerilara, al designar por decreto a dos jueces de la Corte. Pero ante el despoder nada es suficiente. Sólo hay que esperar que se saque la banda presidencial para ver si las causas judiciales en su contra se sincronizan con el nuevo huso horario.

* Editora Ejecutiva de NOTICIAS.