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Política / 22 de junio de 2019

Violencia de género: la doble moral de La Cámpora

Cuatro denuncias desoídas contra líderes del espacio, mientras repudian la tapa de NOTICIAS. Silencio oportuno y reacción simbólica.

Por

Mayra Mendoza, responsable de género de La Cámpora, Máximo Kirchner y Luana Volnovich.

Una revista. Su tapa. Una imagen. Ni siquiera: un fotomontaje de una mujer amamantando, ese poderoso gesto de amor que atraviesa a los tiempos. Una figura que provoca furia, reproches, comunicados, y mociones presentadas en la Cámara de Diputados, de Senadores, y en órganos legislativos de todo el país, por parte de La Cámpora y del núcleo duro K. El grueso de la tropa kirchnerista, sobre todo la femenina, pone el grito en el cielo. Del otro lado de la escena hay un grupo de mujeres. Reales, de carne y hueso, no una ilustración realizada en una computadora. Son, al menos, cuatro jóvenes comprometidas, soñadoras y militantes. Cargan con una historia terrible: denuncian que políticos importantes del espacio las violaron, abusaron, golpearon o maltrataron de varias maneras. Su agrupación, La Cámpora, no tuvo una reacción tan estruendosa como ante la anterior edición de NOTICIAS. La organización que conduce Máximo Kirchner se calló, ninguneó a las chicas, emitió un impresentable comunicado donde atacaba la supuesta “intencionalidad política” de las denuncias, o, como hizo la referente de género de ese espacio, Mayra Mendoza, directamente acalló a las víctimas. Es un claro ejemplo de lo que se conoce como doble moral.

Hay que entender a Mendoza, que se quejó públicamente de la “violencia” de esta revista, o a la diputada camporista Luana Volnovich, que presentó junto a otras cinco legisladoras K un proyecto en Diputados para “repudiar a este despreciable y abusivo empleo de la libertad de expresión”: es mucho más fácil atrincherarse en la politiquería cómoda y bien pensante que comprometerse ante mujeres que denuncian con nombre y apellido, y con las heridas en carne viva, a poderosos miembros de su mismo espacio. Es lo que le pasó a Sthephanie Calo, que de un plumazo desnuda la moralina barata de Mendoza: “Le preocupan las tapas de NOTICIAS, pero no le importa que haya un violador representando a Unidad Ciudadana en el Congreso bonaerense. Tiene de feminista lo que yo de radical”.

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Calo asegura que no sufrió “violencia simbólica”, como dice Mendoza que hace NOTICIAS con la Cristina Kirchner empoderada que “amamanta” a Alberto Fernández y a Sergio Massa, sino concreta y monstruosa: la militante camporista denunció al senador provincial Jorge “El Loco” Romero por abuso sexual. “Mendoza me clavó el visto varias veces, lo mismo que su mano derecha, Eva Mieri, una concejal de Quilmes. Ambas sabían lo que estaba pasando”, había relatado Calo -que también habría sufrido violencia de género por parte de su ex pareja, militante camporista- a NOTICIAS, en diciembre del año pasado.

Ella se había animado a contar su verdad luego de que Thelma Fardín hiciera pública la suya. No fue la única. Aylén Borda fue otra militante camporista que habría sufrido violencia de género por parte de su pareja, un responsable político bonarense -hecho que le contó a Romero y éste, según Borda, encubrió-. “En noviembre del 2017, en un encuentro en Berazategui, le avisé a Mendoza y a Mieri lo que estaba pasando. En diciembre Mieri me citó a una reunión a solas, donde le reiteré los hechos. Me dijo que lo iban a expulsar, pero a fin de año lo crucé en dos marchas. Se lo comuniqué a Mieri varias veces, pero me dejaron de contestar. Nunca echaron a mi ex pareja. Sé que trataron el caso en la mesa nacional de mujeres de la Cámpora que Mendoza preside y lo desestimaron”. Luego se sumó la carta de Marisel de Ambrosio, otra ex militante, titulada “Mujeres de La Cámpora no nos callemos más”, donde apuntaba contra Cabandié y contra un ex asesor de Mariano Recalde, Julián Eyzaguirre. A Eyzaguirre, que se fue del país, ya sin lugar en en el espacio, también lo había denunciado una ex militante porteña, Luna Abdala. Mismo patrón de comportamiento: “Conseguí una reunión con la mesa de género de La Cámpora (que preside Mendoza), tuvimos una serie de reuniones donde creo que hubo voluntad pero no fue suficiente. Conmigo se portaron bastante mal”, relató Abdala.

Ante la gravedad de los hechos denunciados –y, al parecer ignorados por un espacio que se autodenomina progresista- sería deseable que luchen contra los abusos intrapartidarios con la mitad de la fuerza que pelearon contra un fotomontaje.

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Romero sigue siendo senador camporista. A su espacio le convendría revisar su rol para resultar creíble cuando se rasguen las vestiduras por la “violencia simbólica” de una revista. La Cámpora está repleta de mujeres y hombres comprometidos, entre otras cosas, en la lucha contra la violencia de género. Sólo resta que su dirigencia se mantenga a la altura de lo que proclama.