CIENCIA | 10-10-2019 12:07

Alerta pantallas: preocupación por los chicos y las nuevas tecnologías

Los riesgos del uso excesivo de smartphones, consolas y tabletas en niños y adolescentes. Ansiedad, depresión y sedentarismo.

Los niños menores de tres años no deberían mirar televisión ni estar jugando con una tablet, y aquellos tengan hasta cuatro no deberían pasar más de una hora diaria frente a una pantalla, cualquiera que esta sea, de acuerdo con guías dadas a conocer hace pocos meses por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Si las recomendaciones parecen duras, el documento puntualiza que las interacciones cara a cara con padres y cuidadores son esenciales para el desarrollo infantil. Jugar juegos tradicionales con otros niños, hacer actividad física y dormir más de ocho horas por noche son esenciales: todas acciones que, en mayor o menor medida terminan siendo afectadas por la cantidad de tiempo que los chiquitos, y a veces hasta los bebés de menos de doce meses, pasan mirando smartphones, tablets, computadoras y consolas de videojuegos.

Esta semana, la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) también salió a alertar acerca de los peligros que el uso excesivo de pantallas en los menores puede acarrear en diversos aspectos de la salud, tanto física como mental. Desde la SAP afirman que el uso excesivo de pantallas en niños se asocia a trastornos en el sueño, sedentarismo, obesidad, problemas físicos (alteraciones visuales, contracturas musculares, tendinitis), depresión, ansiedad, trastornos vinculares y puede afectar tanto su desarrollo cognitivo, como emocional y social.

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Desarrollo interceptado. Una investigación realizada en más de 2400 niños en Canadá demostró que cuanto mayor es el tiempo de exposición a las pantallas a los 2 y a los 3 años, menor es el rendimiento encontrado en las pruebas de evaluación del desarrollo de esos niños a los 3 y a los 5 años respectivamente.

Para los pediatras argentinos, un niño menor a dos años no debería estar expuesto a pantallas, mientras que entre los 2 y 5 años el máximo aceptable es una hora diaria, siempre con contenidos de alta calidad didáctica, apropiados para su edad y acompañados por un adulto responsable. “Por ‘pantallas’ nos referimos a cualquier dispositivo electrónico digital que proyecte imágenes, como televisores, computadoras, tablets, teléfonos celulares y videojuegos, entre otros. Lamentablemente, su uso comienza cada vez a edades más tempranas, a pesar de las recomendaciones actuales al respecto”, explica Nicolás Cacchiarelli, Prosecretario del Comité de Crecimiento y Desarrollo de la SAP.

En enero de este año, se difundió una investigación denominada ‘Asociación entre tiempo de pantalla y desempeño de los niños en una evaluación de desarrollo’, publicada en la revista especializada JAMA Pediatrics. El estudio evaluó a 2.441 madres y niños menores de 5 años de Canadá y concluyó que hay una asociación directa entre el tiempo de pantalla que experimentan las chicas y los chicos, y su desarrollo cognitivo. “Las cifras que arroja este estudio son alarmantes, dado que muestra, por ejemplo, que los niños de 2 años se encuentran expuestos a pantallas en promedio alrededor de 2 horas y media por día, y a los 3 años, más de 3 horas y media diarias.

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Y aquí se demostró la siguiente asociación: cuanto mayor es el tiempo de exposición a las pantallas a los 2 y a los 3 años, menor es el rendimiento encontrado en las pruebas de evaluación del desarrollo de esos mismos niños al ser evaluados a los 3 y a los 5 años respectivamente. Si bien estos datos son de Canadá y no contamos con estadísticas locales al respecto, todo indica que en nuestro país la situación sería muy parecida”, puntualiza Esteban Rowensztein, especialista en Desarrollo Infantil y Secretario del Comité Nacional de Pediatría General Ambulatoria de la SAP.

“Está claro que la tecnología y sus dispositivos vinieron para quedarse. Pero el mayor problema aparece cuando sumamos el tiempo que pasan frente a cada una de las pantallas y el hecho de que en las generaciones más nuevas las pantallas tecnológicas forman parte de la coyuntura cotidiana. El problema central es que no reemplazan ciertas interacciones que el cerebro humano necesita para su desarrollo”, explica el neurólogo infantil Claudio Waisburg, director médico del instituto neuropediátrico Soma.

¿Y por qué puede ser tan dañina la sobre exposición tecnológica? “Mientras más temprano se inician los niños en el uso de tecnologías digitales, menos se desarrollan habilidades sociales tales como la capacidad de leer la mente del otro a través de la mirada, la lectura de claves no verbales, la pragmática (adecuar con rapidez la conducta al contexto), la empatía y la atención espacial (recoger velozmente datos del contexto). Disminuye el empleo de reglas sociolingüísticas (dar las gracias, pedir permiso, sonreír) y se privilegia el contacto social fugaz”, resume el especialista.

Dependencia. Cuando la sobreexposición a las pantallas es desmedida y se repite a lo largo del tiempo, el riesgo de que un niño o una niña, un adolescente, desarrollen adicción, queda a un paso de distancia. “Se genera aumento de la ansiedad cuando el tener frente a los ojos o entre manos una pantalla empieza a convertirse en dependencia absoluta. Es ese sentir que te estás perdiendo algo en relación a las redes sociales -describe Waisburg-. Por más que no tengas ningún alerta, llamado, mensaje, necesitás estar mirando y chequeando que no te estás perdiendo algo”.

Y va más allá de bebés y niños: “Se genera una situación social que no es exclusiva, sino que incluye a los adultos, en la que empieza a ocurrir que la persona está viviendo la vida social del otro, creer que uno se está perdiendo de algo muy importante, y fantasear con que el jardín del otro niño o del otro adulto es más verde que el propio”.

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Con la ansiedad, puede llegar la depresión. En medio, y si el sobre uso de las pantallas se intensifica, más disfuncional le resultan a los niños y el riesgo de que los vínculos sociales se deterioren y la soledad aumente, es muy grande.

Alguien podría observar, y es algo muy sencillo de hacer, que los chicos actualmente pasan menos tiempo juntos en un espacio físico mientras que aumentan sus tiempos de compartir en red. ¿Es lo mismo compartir a distancia que cara a cara? Los especialistas aseguran que no, que nada reemplaza a la relación persona a persona. El ambiente y el estimulo de tener un otro delante generan estímulos muy diferentes: no es lo mismo aprender a través de un dispositivo, y ya hay estudios que muestran cómo el aprendizaje a distancia es completamente distinto.

“Se están empezando a ver en el consultorio dicotomías de personalidades, chicos que tienen personalidades en redes y mundos virtuales que no son las que poseen en la cotidianidad real”, advierte Claudio Waisburg.

“El uso de pantallas a cualquier edad produce un efecto inmediato de detención del movimiento y de desconexión de lo que está ocurriendo alrededor. Esto, que a primera vista puede resultar “práctico”, impacta directamente en áreas sensibles del desarrollo de los niños pequeños como la calidad del sueño y el desarrollo del lenguaje y en la edad escolar, en la capacidad de concentración para el aprendizaje” describe Laura Krynski, Secretaria de la Subcomisión de tecnologías de la Información (TICs) de la SAP.

Cuando la Organización Mundial de la Salud lanzó sus guías a fines de abril, no se refirió solo a que hay que quitar los dispositivos electrónicos de las manos de los niños, o reducir su tiempo de uso. También se refirió a que las nenas y nenes deberían hacer más ejercicio y dormir más, “para poder desarrollar hábitos que los mantendrán alejados de la obesidad y de otras enfermedades en la adolescencia y en la adultez”.

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