CULTURA | 28-09-2012 20:59

"Estamos en Harvard"

Estrategias descalificadoras de la Presidenta y el bajo nivel académico de algunas preguntas.

“Son chicos inteligentes, tienen nivel académico, yo creo que no pueden repetir monocordemente lo que escriben dos o tres periodistas”, le dijo Cristina Kirchner, en Harvard, al alumno que le sugirió una autocrítica, después de declarar sentirse “muy privilegiado de ser uno de los pocos argentinos que pueden hacerle preguntas”. Segundos antes, y con el mismo objetivo, había pronunciado una de las frases fatales de la jornada: “estamos en Harvard, por favor, esas cosas son para La Matanza”.

La estrategia discursiva que involucra esta respuesta es familiar para todos. En especial, para los periodistas. Cuando un entrevistado se incomoda con una pregunta, suele invocar la supuesta inteligencia, o formación, o la seriedad del medio al que el periodista pertenece para dar por doblemente estúpida la consulta que se le hace.

Más sencillo sería decir que el cuestionamiento es improcedente, o poco interesante, o pueril. Pero, remarcando las capacidades del que pregunta (la frase suele ir acompañada de un “me asombra de usted”) el personaje indagado nos envía directamente a revisar el contenido de nuestras dudas, y hasta nuestro enfoque completo de la situación. En el caso de los estudiantes de Harvard, la Presidenta los obliga a rever la cuestión de cómo debería ser la comunicación de un mandatario con los medios, y los datos “erróneos” que los llevaron a la conclusión de que la Presidenta nunca habla.

Estrategia sutilmente perversa, que sin descalificar al cuestionador, intenta hacer tambalear sus opiniones y, en algunos casos, la estructura completa de su sistema de pensamiento.

Párrafo aparte merece la repetida mención que hace Cristina Kirchner del lugar en que se celebraba la conferencia. Porque el sentido de reiterar el “estamos en Harvard” tiene en verdad, un punto atendible.

Harvard es una de las universidades más prestigiosas del mundo. No cualquiera se sienta en sus aulas, aunque tenga dinero y pueda pagar la matrícula. La Escuela John F. Kennedy, a la que pertenecían la mayoría de los estudiantes presentes en la conferencia, dicta posgrados en Administración Pública. Teniendo en cuenta el tipo de formación que se recibe allí, la visita de cualquier Presidente es una oportunidad especial para indagarlo sobre las grandes cuestiones de la política y la economía.

No estuvo mal referirse a los temas candentes de la realidad argentina (cepo cambiario, conflictos con los medios, inflación) pero se hizo notar la ausencia de otra clase de preguntas. Cuestionamientos de mayor valor formativo para quienes planean desempeñarse en áreas de gobierno en el futuro. Y en eso, a la Presidenta no le faltó razón.

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