CULTURA | 26-03-2019 15:45

Haruki Murakami: el mercado y la repetición

Mejor que otros títulos (“Los años de peregrinación del chico sin color”, o la pretenciosa “Kafka en la orilla”) a la larga resulta un poco híbrido, queda a dos aguas.

La condición ideal para leer el último libro de Murakami es no haberlo leído antes a él. Muy extenso (900 páginas en total) está trabajosamente escrito, lleno de detalles y explicaciones. Quien lo conozca ya, notará que, en el plano fantástico, repite a menudo recursos e ideas ya usadas en otros libros, incluso sus dos obras maestras: “Crónica del pájaro que da cuerda al mundo” y “1Q84”: una mujer joven desaparecida, un protagonista entre adolescente y cargoso, lleno de tics, sexo entre sanitario y explicado, temas de jazz (antes) o música clásica (ahora) mencionados como las fichas de un catálogo, con intérprete o director.

De los personajes, el más desarrollado es el retratista que cuenta todo: recién separado al principio, recorrerá parte de Japón en automóvil y terminará viviendo en una casona de un valle. Encontrará un cuadro oculto del maestro que la habitaba antes, oirá una campanilla misteriosa en la noche, no podrá dejar de pensar en su ex, con sus movimientos irá despertando planos fantásticos del paisaje donde vive.

El tono es parejo, pautado: despierta en el primer tomo curiosidad e inquietud. Ese es otro tema: en inglés, idioma más sintético, por ejemplo, se vende en un solo tomo de 700 páginas. En castellano no sólo está dividido en dos tomos, sino que se distribuyeron con varios meses en el medio, cuando el texto es continuado. El lector se ve obligado a aceptar recursos de intención fantástica (un ser tridimensional, en realidad una idea o metáfora) de difícil digestión, que aumentan la zona de vacilación, sin resolverla. Las técnicas de mercado (facturación pronta) y ser el clon relativo de sí mismo, puede desgastar un poco el prestigio del autor.

El conjunto funciona si uno no lo ha leído antes, como dijimos. Si lo ha hecho, Murakami comete un error a veces visible en grandes escritores (Dickens, Stephen King) que son a la vez grandes vendedores (posición incómoda si las hay). A menudo se copia a sí mismo, no sólo en los recursos y el estilo, sino también en la elaboración de un protagonista titubeante, un tanto desabrido.

Si se quiere pasar un buen momento (aunque prolongado, de varios días) el desconocimiento contribuirá para disfrutar de un final feliz, que incluye un coito a distancia engendrador, y un cierre de cabos sueltos que incluye el destino de cada personaje. Mejor que otros títulos (“Los años de peregrinación del chico sin color”, o la pretenciosa “Kafka en la orilla”) a la larga resulta un poco híbrido, queda a dos aguas.

**** “La muerte del comendador, Libro 1”, y “La muerte del comendador, Libro 2”, de Haruki Murakami. Tusquets, 476 págs, y 491 págs. $ 619 y $ 699.

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