Lunes 20 de septiembre, 2021

CULTURA | 17-12-2020 19:30

¿Fue mujer uno de los autores del Génesis?

Quien escribió este artículo es historiadora y escritora. En su novela, “La otra mitad del universo” se ocupa de la figura mitológica de Lilit y la audaz teoría de Harold Bloom sobre los escritores del Génesis.

Desde chica me fascina el mito de la creación que comparten judíos y cristianos. Sin embargo, siempre me llamó la atención que en nuestras lecturas, contaminadas de la sacralidad del Génesis, nunca nos preguntamos por qué Dios crea al hombre y a la mujer del polvo y unos versículos más tarde, crea al hombre primero y después, como no era bueno que estuviese solo, crea a la mujer de una de sus costillas. El Génesis, que significa “origen”, es el primer libro de la Biblia y trata sobre el comienzo del universo. Dios va creando todo, hasta que le llega el turno al ser humano. Leemos en 1:27: “Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le creó, macho y hembra los creó”. Por lo tanto, crea al hombre y a la mujer al mismo tiempo. Luego, en el capítulo siguiente, en 2:18, Dios dice “No es bueno que el hombre esté solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada”. Después, en los versículos 20, 21 y 22, lo hace quedarse dormido, le saca una costilla y crea a la mujer. Entonces, ¿en qué quedamos? ¿Los crea al mismo tiempo o uno primero y al otro después?

Hace algunos años, después de una operación que me hizo temer por mi vida, me volqué a la lectura mística. Del mitólogo estadounidense Joseph Campbell pasé al psiquiatra y psicólogo Carl Gustav Jung, que me llevó al budismo. Al mismo tiempo, trabajaba en mi novela “La otra mitad del universo”, que acaba de publicar la editorial Libros del Zorzal. El argumento gira en torno a una historiadora casada, con dos hijas, que se topa en sus investigaciones de doctorado sobre Lilit con la pista de un erudito serbio afincado en Buenos Aires, Jacob Adam. La novela refleja mi propia búsqueda mística de aquellos años, que por ese entonces ya estaba empapada de la cábala judía, porque siempre me fascinaron los mitos como intentos del ser humano de confrontar sus miedos y de explicar lo inexplicable. Cuando en mis lecturas me topé con el cabalista Gershom Scholem (1897-1982) y su defensa del mito, me volví loca: me resultaba fascinante cómo, a pesar de ir contra la corriente erudita de su época, buscó en ellos verdades que no encontraba en la religión y filosofía tradicional. Leyendo sobre la cábala y a cabalistas, llegué a Lilit, un personaje diabólico, poderoso, muy presente en la creencia judía. Tan presente, que se interpretó en un midrash —esas enseñanzas contadas en forma de historias para explicar pasajes de la Torá–, que Lilit es la primera mujer creada del polvo junto a Adán, y Eva es la segunda, sacada de su costilla. Así se dilucida por qué, apenas empieza el Génesis, un relato cuenta que Dios creó a Adán y Eva a su imagen y semejanza, y en el siguiente, creó a Adán y, como no era bueno que estuviera solo, le sacó una costilla para crear a Eva.

 

La otra mitad del universo

 

La libertad de lectura que propone la cábala me llevó a investigar todo lo que hubiese sobre Lilit, que ya aparece en el Poema de Gilgamesh y que pasó a la religión hebrea como un personaje femenino poderoso, temible, que se fue del Paraíso porque Adán le exigió que se acostara debajo de él durante el sexo. Ella se negó porque la consideró una posición inferior, más lejos de Dios. Como Adán no cedió, huyó al Mar Rojo donde vivió rodeada de demonios. Entonces Adán se quejó de aburrimiento con Dios y Dios mandó tres ángeles a buscarla. Pero Lilit no pensaba volver bajo las mismas condiciones. Como consecuencia, se perdió el Paraíso, pero no le importó. Dios la maldijo y tampoco le importó. Y creó a Eva para que Adán no se aburriera. A éste tampoco le fue demasiado bien con la segunda mujer, porque fue ella la que tuvo la idea de comer el fruto prohibido (que por otra parte no era un fruto inocente, otorgaba el conocimiento), y así fue como ellos también perdieron el Paraíso.

En el marco de esta búsqueda entrevisté a dos rabinos y dos sacerdotes para consultarles acerca de este personaje y me referí a la cita en Biblia, en Isaías 34:14. Tres de ellos tomaron a Lilit como un demonio más y se apuraron en restarle importancia. Pareció molestarles, además, que yo fuera mujer y consultara sobre eso. Un rabino, en cambio, se mostró divertido con mis preguntas, se rio conmigo de la posibilidad de que a la ortodoxia judía le incomodara ese personaje, aligeró las razones con sutil ironía y me dijo: “Comprenda que hemos sido un pueblo siempre perseguido. Necesitamos cohesión, y Lilit es un personaje provocador. Apenas quieren imponerle algo, ella se va”.

Esa frase disparó la idea de que en mi novela, fuese un hombre judío el encargado de salvaguardar un libro perdido sobre Lilit, protegiéndolo de las ortodoxias judías y cristianas y que éste viviera, además, una de las épocas más tremendas de la historia, el Holocausto. Y con la libertad que propone la cábala, me atreví incluso a que este personaje de ficción, Jacob Adam, sobreviviente de dos campos de concentración y de la masacre de Novi Sad, fuera en la novela alumno de mi admirado Scholem.

Pero una lectura lleva a otra lectura y así releí “El libro de J”, del crítico y teórico literario Harold Bloom, que propone que uno de los dos autores del Génesis, –llamado J porque nombra “Jehová” a Dios (en cambio el otro, que lo nombra “Elohim”, es llamado E)–, fue mal interpretado o leído, y habría sido una mujer. Pensemos, antes que nada, que para los muy religiosos, la Biblia fue escrita o “dictada” por el mismo Dios. Pero Bloom trata al texto bíblico como literatura, consigue una buena traducción del hebreo de la parte del Génesis escrita por J, y afirma no solo que el texto tiene una belleza y profundidad inusitadas, sino que además, fue escrito por una mujer. Según Bloom, J vivió en la corte de Roboam, el hijo y sucesor de Salomón (Salomón murió en 922 a.C.), y fue una mujer culta e irónica que escribió para sus contemporáneos. Sobre esa teoría terminé de edificar mi novela “La otra mitad del universo”, en la que una mujer es la autora de una parte de Génesis, uno de cuyos libros, eliminado del canon, habría sobrevivido. Me interesaba mucho que el texto de J hubiese sido mal leído, que no se hubiese podido captar su sutileza y su ironía. Da a entender, por ejemplo, que Eva es una mejor criatura que Adán por haber sido creada cuando Dios ya tenía experiencia y no que ella es su subsidiaria por haber sido sacada de su costado. Y sin embargo, esa mala lectura cimentó 3.000 años de cultura patriarcal: siempre aprendimos que Dios creó al hombre primero, por lo tanto, es superior, y la mujer lo hizo pecar, por lo que es la culpable de todos los padecimientos de la humanidad. Siempre me interesó la capacidad creativa del lector. Entonces, que el texto hermoso de J fuera leído y enseñado como misógino y defensor de la religión patriarcal, me conmovió tanto como que su autora hubiese sido una mujer. Y más impresionante aún: como ese texto fue seleccionado para ser incluido en el canon bíblico y pasó a ser sagrado, esa lectura es inobjetable y quedó cimentada, conformando nuestra cultura patriarcal.

Entonces, si el mito occidental de la creación, el Génesis, fue escrito por una mujer, si ella fue mal leída y sobre esa mala lectura se fundó nuestra cultura patriarcal, ¿quiénes somos nosotros? Por otra parte, si la Biblia o la Torá son cánones y estos cánones están formados por una selección de textos sacralizados, no podemos estar tan seguros de que las versiones que llegaron hasta nuestros días fueron las únicas. En mi novela me propuse preguntarme desde mis dos pasiones, la historia y la literatura, si nuestra cultura ha sido patriarcal porque en el contexto histórico en el que se seleccionaron los textos bíblicos fue fundamental organizar un Estado fuerte y verticalista. Y también, quiénes seríamos nosotros hoy en día si se hubieran elegido otros textos para el canon que conformó nuestra identidad occidental.

 

Inés Arteta

 

Inés Arteta es autora de "La otra mitad del universo" (Libros del Zorzal). 

 

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por Inés Arteta

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