Wednesday 12 de August, 2026

EMPRESAS | Hoy 02:07

Cerca del techo financiero

La irregularidad del crédito a las familias alcanzó en el trimestre un récord en 20 años.

La irregularidad del crédito a las familias alcanzó en mayo el 12,8%, el mayor nivel en más de veinte años y la decimonovena suba mensual consecutiva. En octubre de 2024 era del 2,5%. Sin embargo, el 2 de junio, en el 43° Congreso Anual del IAEF, Vladimir Werning, vicepresidente del Banco Central, sostuvo que “la mora bancaria ha tocado pico en el segundo trimestre de 2026” y que el ciclo de expansión del crédito al sector privado “está próximo a avanzar”. La afirmación parece desmentida por los datos publicados, pero no lo está. El ratio de irregularidad informa sobre el pasado, pero las fuerzas que gobiernan su trayectoria futura ya cambiaron de signo.

El ratio de mora crediticia es un cociente entre la cartera en situación irregular y la cartera total, y ambos términos se mueven con rezago. Un crédito ingresa a la categoría irregular recién después de noventa días de atraso: lo que leemos en mayo refleja, en buena medida, decisiones y capacidad de pago de febrero. A eso se suma un efecto de acumulación. El deudor que ingresa al stock deteriorado permanece allí durante meses y, con frecuencia, años, hasta que regulariza su situación o la entidad castiga el crédito contablemente. El ratio tiene, por lo tanto, una inercia considerable y es una fotografía del daño acumulado, no un termómetro del presente.

La lectura agregada suma un segundo problema porque mezcla universos heterogéneos. Detrás del 12,8% conviven los préstamos personales, con una irregularidad del 15,9%; las tarjetas de crédito con el 13,1% y los prendarios, con el 7,7%; frente a los hipotecarios, que apenas llegan al 1,6%. La mora del crédito a empresas, en paralelo, se ubica en 3,5%. El deterioro está concentrado, con nitidez, en el financiamiento sin garantía destinado al consumo cotidiano de los hogares de menores ingresos. De esto se desprende que anticipar el punto de inflexión exige abandonar el cociente y observar sus componentes por separado: cuántos deudores nuevos ingresan a la mora, cuánto se depura el stock ya deteriorado y cuánto crece el crédito total. Son tres dinámicas independientes y ninguna se lee nítidamente en el ratio.

El flujo de entrada se está agotando. El Banco Central construye un indicador complementario, la Probabilidad de Default Estimada (PDE), que mide qué proporción del saldo que se encontraba en situación regular tres meses atrás pasó a situación irregular. La diferencia conceptual es sustancial porque, mientras el ratio de irregularidad mide el stock del problema, la PDE mide el flujo de deudores que empiezan a deteriorarse. Por su diseño, anticipa al ratio en aproximadamente un trimestre. En abril la PDE del sector privado total se redujo por tercer mes consecutivo hasta 2,6% y la PDE del crédito a las familias en 4,4%, medio punto por debajo del pico de enero.

El fundamento de esa mejora no es la prudencia recuperada de los bancos, sino un filtro mucho más severo. Alrededor de seis millones de personas quedaron excluidas de tomar crédito nuevo por registrar algún préstamo impago y más de una cuarta parte de quienes tomaron préstamos en los últimos años dejó de ser sujeto de crédito. Las originaciones actuales se concentran, en consecuencia, en un universo previamente depurado, con un perfil de riesgo sustancialmente mejor que el de 2024 y 2025. Es el mecanismo que el Banco Central describe como un ciclo crediticio “más selectivo, saludable y sostenible”, basado en los aprendizajes de deudores y acreedores en un régimen donde las deudas ya no se licúan. Este es el dato central: cuando el flujo de entrada merma, el stock deja de crecer.

El efecto depuración: el propio Central atribuye la moderación del ratio a una menor tasa de variación del saldo real en situación irregular. La cartera problemática sigue creciendo, pero cada vez más lento. Opera además un efecto de depuración, con la mora concentrándose en préstamos personales y tarjetas, instrumentos de plazo corto, de modo que el stock deteriorado envejece, migra hacia las categorías irrecuperables y termina siendo castigado, saliendo del cociente. Es un proceso mecánico y con rezago, pero apunta en la dirección correcta.

El stock de préstamos dejó de caer. En mayo el crédito en pesos al sector privado creció 0,3% real, cortando cuatro meses consecutivos de contracción. Para que el ratio descienda, el saldo total debe crecer más rápido que el saldo en mora y ese es el requisito que todavía falta consolidar. La recuperación es hoy asimétrica, traccionada por las líneas comerciales, que subieron 1,4% real, y por aquellas con garantía real, con 1%, mientras el crédito al consumo se redujo 1,1%. El signo, de todos modos, ya cambió.

Las tres fuerzas apuntan al mismo lugar y la discusión razonable es cuándo y a qué velocidad comenzará a descender el ratio. El sistema financiero está preparado para el tramo final del deterioro: las previsiones cubren el 86,3% de la cartera irregular y el crédito irregular neto de previsiones representa apenas el 2,2% del capital regulatorio. El riesgo relevante hacia adelante no es de solvencia bancaria sino de capacidad de financiamiento del consumo. Millones de personas fuera del crédito formal constituyen una restricción sobre la demanda de los próximos trimestres, mucho después de que el ratio haya comenzado a caer. Si bien la mejora de la morosidad será una buena noticia, el buen diagnóstico no consiste en celebrar el pico, sino en reconocer que el riesgo cambió de naturaleza.

*Profesor de Gestión del Riesgo en IAE Business School y autor en su Informe Económico Mensual.

por Damián Falcone

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