EMPRESAS | 30-07-2022 00:39

Cepo importador: economistas, ¡a las cosas!

Las consecuencias de decisiones del poder público tomadas desde una oficina vidriada en el microcentro por personas que nunca tuvieron que producir.

Una experiencia interesante para un economista es participar de forma activa en la gestión de una Pyme, ya que permite verificar en la vida real los efectos de las decisiones del poder público, las que suelen ser tomadas desde una oficina vidriada en el microcentro por personas que, en general, nunca tuvieron que producir, importar o exportar o pagar una quincena.

En esta oportunidad, me voy a permitir transmitirles las preocupaciones que rondan la gestión de una Pyme argentina, radicada en el interior de San Luis, de la cual soy accionista y vicepresidente. La empresa, de capitales integralmente nacionales, tiene dos divisiones, una fábrica de productos químicos para la industria de papel desde 1993, siendo el único fabricante nacional de estos y la otra división fabrica papel tissue desde 2017. Comenzamos con 6 empleados y hoy ya son 55.

Las materias primas químicas se fabrican exclusivamente en China e India. En el caso de la pasta celulósica de fibra corta, necesaria para fabricar el papel tissue, hay producción nacional, pero es consumida integralmente por sus fabricantes, razón por la cual el resto de la industria debe importar, principalmente de Brasil. En ambos casos, sus precios han tenido un aumento muy significativo en los últimos dos años, subproducto de la pandemia, guerra de Ucrania, etc., incrementándose también y de forma significativa, los costos logísticos y el tiempo de viaje.

Para el lector no familiarizado con estos temas, ambas situaciones generan un problema significativo de necesidad de capital de trabajo debido al mayor precio unitario de cada kilo importado, así como la necesidad de contar con un inventario de mayor tamaño que el que se prevé en condiciones normales, introduciendo una complicación adicional en el proceso de manufactura. Nuestros proveedores del exterior nos exigen, desde hace tiempo, pago anticipado o nos dan una línea de crédito comercial de muy corto plazo y limitada en valores absolutos.

Hasta ahora, nada que se aleje mucho de lo que le ocurre a la mayor parte de las Pymes argentinas de todos los sectores. La circular del BCRA que obliga a los importadores a financiar sus compras a 180 días (obviamente sin consulta previa con los proveedores), nos lleva a una situación absolutamente inédita.

No importa si tengo el dinero para pagar, no puedo hacerlo, aunque quisiera. La mencionada circular no distingue entre tamaños de empresas, origen del capital, capacidad de acceso al crédito, relación con los proveedores, etc., provocando una diferenciación negativa entre grandes y pequeñas y medias empresas. Tampoco distingue el tamaño y objeto de la importación, por ejemplo, el repuesto de una máquina, necesaria para que esta continue funcionando.

Esto lleva necesariamente a que, en un plazo de tiempo relativamente corto, digamos 30 o 60 días según las empresas y productos, no contemos con más inventarios para poder producir. Y si se liberalizasen nuevamente los plazos de pago para la importación, los plazos de tiempo para que las materias primas, sobre todo de Lejano Oriente, lleguen a nuestros puertos, provocará problemas productivos.

Su consecuencia será suspensiones y/o despidos de empleados, pudiendo, en el límite, llegar al cierre de fábricas, con su correlato de desabastecimiento de una enorme cantidad de productos y una enorme destrucción de capital físico y social de difícil reconstrucción. ¡Parar la producción tiene costos asociados muy significativos para volver a poner en marcha una fábrica!

Para peor, los productos que no sean fabricados localmente deberán ser sustituidos por importaciones con un mayor costo en divisas para los clientes finales y el país, con su impacto en la inflación futura y una menor generación de valor agregado nacional, agravando la problemática macroeconómica general.

Al final de esta triste historia, lo que ocurrirá es que las empresas sobrevivientes aumentarán sus precios para intentar recuperar las pérdidas y mayores costos sufridos, resultando en una mayor tasa de inflación.

Todo lo anteriormente descripto es, ni más ni menos, que la situación que deberán afrontar la mayor parte de las Pymes, nuestra empresa entre ellas, a partir de fin de agosto, si es que las nuevas autoridades no proponen modificar esta circular del Banco Central.

Presentamos hace más de una semana, por consejo de la Secretaría de Industria del anterior Ministerio de Desarrollo Productivo, una nota explicativa al BCRA señalando, con mayor grado de especificidad que en un artículo periodístico, los impactos que se generarán, así como la urgencia en tener algún tipo de respuesta, pero nos adelantaron que las respuestas que se obtienen, cuando las hay, son aleatorias y sin ningún tipo de fundamento sobre la razonabilidad de los planteos efectuados, independientemente de los esfuerzos que esa dependencia pudiera hacer.

Estas líneas no tienen por objeto hacer un análisis político o macroeconómico de las consecuencias de estas decisiones, pero no se puede dejar de hacer notar que uno de los éxitos que pueden mostrar el actual gobierno es la reactivación del sector industrial desde el inicio de la recesión en 2018. Estas medidas del Central van a tirar por la borda este modesto logro en un muy escaso periodo de tiempo, con el daño consecuente en el mediano y largo plazo al tejido productivo. Es sólo un botón de muestra de los efectos de tomar decisiones sin haber transitado las exigencias de la gestión diaria en Argentina.

 

 

*Juan Soldano Deheza es economista y empresario Pyme.

 

por Juan Soldano Deheza

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