Lunes 1 de junio, 2020

EN LA MIRA DE NOTICIAS | 30-03-2020 14:14

Felices Pascuas, la casa está desinfectada

La extensión de la cuarentena nacional hasta Semana Santa inicia una fase de mayor complejidad en el manejo de la pandemia y sus costos.

Parafraseando aquella máxima de Abraham Lincoln, se puede decir que Alberto Fernández se convenció este fin de semana de que se puede cuarentenar a casi todos por poco tiempo, o a algunos por bastante tiempo, pero no se podrá mantener aislados a muchos durante mucho tiempo. Luego de sus reuniones con expertos científicos y con los gobernadores, el Presidente lanzó al país la consigna de seguir respetando el aislamiento total hasta el final de Semana Santa. Y después, Dios dirá.

El anuncio de Fernández tenía que contener la ambigüedad propia del callejón cerrado en que se encuentra el país (y el mundo) ante la pandemia. Por un lado, los científicos piden aislamiento, pero los empresarios y economistas alertan sobre los riesgos de bajar las persianas más de la cuenta. Al mismo tiempo, los dirigentes sociales y políticos que conocen el terreno más áspero de la Argentina, avisan que no es lo mismo pedirle a la clase media que permanezca en sus casas que a la mitad del país que ya vivía en emergencia desde antes que apareciera el Coronavirus.

La clave del mensaje presidencial de anoche era armar un relato doble, que dijera blanco y negro al mismo tiempo. A partir de hoy, se trata de reafirmar la cuarentena general hasta nuevo aviso, mientras se empiezan a aflojar las restricciones caso por caso, zona por zona, sin que lo note la mayoría: es decir, volvió la vida real, a pesar del virus tirano. Esta nueva fase no es un capricho de la Casa Rosada, sino un camino forzado por la opinión pública, que hace apenas unos días clamaba al Gobierno por el cierre de todo para blindarse del pánico, pero ahora empieza a pedir lo contrario, impulsada por el miedo a la bancarrota y a la ansiedad de vivir entre cuatro paredes.

Condenado por el destino a gobernar básicamente ganando tiempo, el Presidente pidió un tramo más de paciencia, ahora hasta Semana Santa, fecha clave de la historia democrática argentina, que dejó grabada en la memoria colectiva la agridulce frase de Raúl Alfonsín, cuando prometió que la casa ya estaba en orden, luego del alzamiento militar de 1987. Con las Fuerzas Armadas de vuelta en las calles -esta vez por motivos humanitarios-, Alberto Fernández tendrá que salir dentro de unos días a desearnos Felices Pascuas, con la casa en desorden pero desinfectada. Y como siempre en las Pascuas políticas argentinas, con un interminable Vía Crucis por delante.

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Silvio Santamarina

Silvio Santamarina

Columnista de Noticias y Radio Perfil.

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