Martes 7 de abril, 2020

EN LA MIRA DE NOTICIAS | 18-03-2020 08:05

El Covid 19 reactiva otro virus: el Keynes 20

El millonario paquete de reactivación que el Gobierno quería pero no se animaba a lanzar fue decidido por la pandemia.

Lo que no pudieron Thomas Piketty y Joseph Stiglitz, lo pueden unas partículas invisibles que tienen de rehén al mundo. Los principales estados de la globalización están arrojando miles de millones de dólares a la hoguera de una economía internacional infectada de miedo al mañana, no al futuro, sino a lo que sucede en cada metrópolis apenas se asoma el sol. Este es uno de esos momentos en que el liberalismo se tilda y le deja paso al populismo gubernamental, tendencia que ya estaba en marcha en buena parte del planeta, pero que acaba de entrar en modo turbo por el COVID-19. La Argentina es un caso ilustrativo de este fenómeno viral que está reactivando el fantasma de John Maynard Keynes.

Los ministros del área económica de Alberto Fernández, Martín Guzmán y Matías Kulfas, acaban de animarse a lanzar un paquete de medidas de salvataje social y productivo que, hasta la crisis del Coronavirus, se cuidaron de hacer, para mostrar cierto equilibrio y previsibilidad de las cuentas públicas, de cara a la dura renegociación de la deuda que tenían (y siguen teniendo, aunque en otro escenario mundial) por delante. De pronto, todo gasto parece poco, y los guardianes del equilibrio fiscal entraron en cuarentena voluntaria. Ya nadie pregunta quién pagará la fiesta monetaria, porque por ahora la pandemia no está dando muchos motivos para festejar.

Recientes sondeos de opinión sobre el impacto de la crisis sanitaria en el humor nacional, confirman que la idea de un pagadiós temporario de las obligaciones financieras argentinas gana adeptos a mayor velocidad que los contagios virales. La opinión pública empieza a no estar dividida respecto del gasto interno y la deuda externa: la emergencia sanitaria tapa más grietas que nunca. Racional o no, el nuevo orden virósico del país (a tono con el mundo, hay que reconocer) indica que hay que gastar mucho ahora, sabiendo de todos modos que en el futuro el estado de la economía será aún más grave que hoy.

La postergación de pagos está vista casi como un deber del resto del mundo por habernos encajado esta pandemia carísima. Y el fastidio con el capitalismo que renació tras la debacle del plan macrista, hoy muta en rabia apocalíptica: según las encuestas de las últimas horas, la inmensa mayoría aprueba las medidas albertistas de mayor intervención estatal para implantar la cuarentena, y a la vez señala con un gran dedo acusador la falta de solidaridad de las empresas privadas.

El gradualismo kirchnerista que planteó el Presidente para empezar a dar vuelta la lógica económica PRO acaba de acelerarse por cuestiones exógenas, dando letra a los voceros más radicalizados del espectro cristinista actual y el residual, que hoy pide -como lo hizo en Navidad- por una cuarentena sin “presos políticos”. Nada de esto tiene mucha relevancia para la mayoría de los argentinos, enfocados por estas horas en una nueva rutina de emergencia hogareña, pero cuando finalmente nos despertemos de la pesadilla del Coronavirus, tendremos que ver cuán lejos quedamos de la Argentina soñada.

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Silvio Santamarina

Silvio Santamarina

Columnista de Noticias y Radio Perfil.

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