Martes 7 de abril, 2020

EN LA MIRA DE NOTICIAS | 09-03-2020 11:44

Momento Alberto: del viento de cola a la tormenta perfecta

El Presidente trata de poner en marcha el cuarto kirchnerismo en un escenario mundial de altísima complejidad.

En plena cuenta regresiva para el inicio formal de la reestructuración de la deuda argentina, el Gobierno se enfrenta al agravamiento acelerado del escenario económico mundial por el efecto del Coronavirus. Aunque al Presidente le gusta comparar su desafío actual con el que le tocó cuando acompañaba a Néstor Kirchner, es claro que, en términos del intercambio internacional, el viento de cola global que en aquel entonces financió al modelo K no se replica en la actualidad: más bien todo lo contrario.

Este Talón de Aquiles contable condiciona la fortaleza de este turno kirchnerista, pero al mismo tiempo le da una oportunidad a Alberto Fernández de construir un consenso de emergencia más allá de la grieta, apelando al instinto de supervivencia de un país que suele unirse más por el espanto ajeno que por el amor propio.

El lunes negro de los mercados internacionales, que reaccionan aterrados por un derrumbe histórico del mercado petrolero, impacta en el futuro, el pasado y el presente argentino, según la perspectiva del análisis. Mirando hacia adelante, el horizonte del plan Vaca Muerta se ve ensombrecido por la volatilidad extrema en la que acaba de entrar el negocio global de hidrocarburos, un sector al que el Presidente le puso fichas explícitamente en su reciente discurso en el Congreso. Mirando hacia el pasado, buscando el famoso “dejá-vú” que puso de moda Alberto Fernández, la sorpresiva crisis petrolera de hoy hace pensar en una presidencia no tanto parecida a la iniciada por los Kirchner en 2003, sino a la inaugurada por Héctor Cámpora en 1973, cuando la primera crisis mundial del petróleo marcaba un antes y un después en el capitalismo central, con sus consecuencias sociopolíticas en el capitalismo periférico. La historia de aquel peronismo del '73 deja enseñanzas, debates y problemas que todavía hoy siguen vigentes: el acuerdo de precios y salarios, el poder presidencial delegado, el pacto de gobernabilidad frustrado con el antiperonismo, la interna entre palomas y halcones en la coalición oficial... Todo resuena en la Argentina del albertismo que no arranca.

Es cierto que desde antes de asumir, Alberto Fernández viene avisando que la herencia macrista no deja mucho margen para escapar de un plan de sangre, sudor y lágrimas, al menos por un tiempo: el relato K bautizó este diagnóstico como “Tierra arrasada”. Desde esa perspectiva, el efecto económico arrasador del Coronavirus no hace más que subrayar, a nivel global, la consigna albertista de pedirle paciencia a los argentinos, en nombre de una ideología solidaria, que castiga como políticamente incorrecta cualquier defensa corporativa que desafíe las medidas presidenciales. Y en ese sentido, más allá de la tormenta perfecta que supone renegociar la deuda argentina en plena crisis económica mundial, el clima de emergencia le puede sumar puntos a la compleja acumulación de poder que le toca resolver al Presidente. No casualmente, las últimas encuestas sobre su imagen personal le dan buenas noticias, justamente el recurso más escaso de un planeta en cuarentena.

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Silvio Santamarina

Silvio Santamarina

Columnista de Noticias y Radio Perfil.

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