Martes 7 de abril, 2020

EN LA MIRA DE NOTICIAS | 06-03-2020 10:21

Gobernabilidad K: el PJ vuelve al rescate del ganador

El Congreso Nacional Justicialista mostró en Ferro su voluntad de compartir los frutos del nuevo poder, incluso los que todavía no crecen.

Entre las postales que regresan del pasado reciente por el túnel del tiempo kirchnerista, ayer se coló la clásica ceremonia del peronismo unido detrás del que manda, o los que mandan, en este caso. En el acto del Congreso Nacional del Partido Justicialista en el microestadio de Ferro, las gigantografías de Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner decoraban la reunión peronista para terminar de cocinar una lista única para la elección de autoridades partidarias prevista para el 3 de mayo. Como todo parece que vuelve, el PJ oficialista, también.

Para confirmar aquel chiste malintencionado, que dice que el peronismo es tan solidario que siempre es el primero que corre a auxiliar al ganador, los conductores del congreso en Caballito festejaron la vuelta a la familia de los congresales de Salta y de Córdoba, que en la última campaña presidencial estuvieron lejos del PJ reunificado, condicionados por la autonomía electoral a la que apostaron tanto el gobernador Juan Schiaretti como el salteño Juan Manuel Urtubey, hoy alejado en su exilio glam europeo. El caso de Salta se complica además por una interna provincial algo obscena, que se ventila en las redes sociales con pases de facturas por otorgamiento de empleos y otros beneficios a familiares de dirigentes partidarios desde la gobernación. Escenas gastadas de clientelismo explícito, que hacen juego con las proclamas a favor de un “Nuevo Nunca Más” que tronaron ayer en el microestadio de Ferro, apoyando la fórmula antideuda y anti Lawfare del relato presidencial y vicepresidencial.

El show de la lealtad oportuna se completó con la expulsión de Miguel Ángel Pichetto, medida lógica que simbólicamente sirvió como acto sacrificial de cierre de una tarde hermosa entre compañeros de verdad. Pero tanta fraternidad no oculta las contradicciones históricas del kirchnerismo con el PJ organizado: basta con recordar las apuestas “transversales” del matrimonio Kirchner para independizarse del peronismo formal y de los epítetos de Cristina en sus charlas con Oscar Parrilli.

El clásico miedo al abrazo del oso peronista -que puso en guardi hasta al propio Perón- se complica en este turno presidencial, marcado por un auténtico doble comando, respecto del cual el PJ servirá como un tablero de control permanente para testear el estado de la coalición entre cristinismo y albertismo. En esa dinámica, el peronismo partidario -que incluye como actores clave al sindicalismo, los gobernadores y los intendentes del Conurbano-, podría partirse (sin CFK y Alberto rompieran), o inclinarse masivamente por uno u otro líder. También cabe la posibilidad de que la estructura partidaria terminara siendo el último escudo de protección y contención para garantizar la vigencia del pacto en la Casa Rosada, el día que las papas quemen. En cualquier caso, la marcha peronista seguirá sonando en el ecosistema oficialista por un tiempo largo, poniéndole música de época al gobierno del “perfecto déjá-vu” que se está armando alrededor de Alberto Fernández, con o sin su consentimiento.

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Silvio Santamarina

Silvio Santamarina

Columnista de Noticias y Radio Perfil.

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