Martes 7 de abril, 2020

EN LA MIRA DE NOTICIAS | 16-03-2020 12:35

Alberto y el síndrome del "héroe accidental"

La urgente demanda de liderazgo antigrietas que los argentinos asustados por el COVID-19 necesitan del Presidente.

Hace menos de un año, Alberto Fernández se encontró en una situación atípica y sorprendente, que varias películas de Hollywood retrataron como el síndrome del “héroe accidental”: un hombre común aparece, por esas cosas del destino, colocado en el centro de un conflicto extraordinario. Y el desafío de ese personaje común como protagonista de un escenario para nada común es lograr ponerse a la altura de las circunstancias.

Cuando Cristina Fernández nombró a Alberto como su candidato presidencial, y luego cuando finalmente ganó la elección, probablemente ella y los íntimos le dieron a Alberto charlas motivadoras, en el mismo tono que usó Javier Mascherano cuando le ordenó al arquero de la Selección: “Hoy te convertís en héroe”. Las tareas heroicas que le tocaban al futuro presidente eran difíciles: reunir al peronismo atomizado, moderar la imagen de Cristina y, una vez llegado a la Casa Rosada, salvar a la familia Kirchner y su entorno del presunto “Lawfare”, además de resolver la crisis de la deuda argentina, la pobreza urgente y el estancamiento económico crónico. Nunca Alberto disimuló el peso emocional que significaba la pesada mochila que le habían colocado, y que se dejó colocar. Su estrategia fue siempre pedir paciencia y ganar tiempo.

Pero nadie imaginó que la tarea heroica que marcaría su presidencia y por la que sería recordado en los manuales de historia se trataría de su rol como líder nacional de una guerra epidemiológica que tiene a todo el planeta en alerta roja. Paradojas del destino, también en el caso del Coronavirus se trata de ganar tiempo para evitar que la crisis estalle antes de que aparezcan los anticuerpos necesarios que frenen una catástrofe humanitaria.

En estas horas, se ve claramente cómo el Presidente entiende a los golpes la necesidad urgente de su empoderamiento definitivo: la lucha sanitaria le exige liderazgo, y al mismo tiempo lo destaca como el líder nacional que hasta ahora no terminaba de asumir. La Argentina viene de una situación política dominada por dos grandes tenedores de votos: Cristina Kirchner y Mauricio Macri. Pero dramáticamente, ninguno de los dos parece apto para llevarle tranquilidad al conjunto de los argentinos aterrados por un enemigo viral, que solo puede ser enfrentado con el consenso patriótico característico de los momentos de guerra. Tal vez por eso Cristina no habla del COVID-19 y Macri apenas tuiteó un apoyo al Gobierno.

Alguna vez Bertolt Brecht trató este tema en el teatro, e hizo decir a sus personajes dos ideas contradictorias: pobre de los pueblos que no tienen héroes; y pobres de los que los necesitan. En ese dilema trágico le toca empezar a gobernar a un Presidente que tiene casi todas las de perder, pero al que cada vez más argentinos le piden que gane pronto. Y los apoyos ansiosos se suman minuto a minuto, al ritmo del virus.

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Silvio Santamarina

Silvio Santamarina

Columnista de Noticias y Radio Perfil.

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