Martes 7 de abril, 2020

EN LA MIRA DE NOTICIAS | 25-03-2020 01:50

La grieta muta en trincheras

El bloqueo de accesos a municipios y provincias pone en riesgo el plan de unidad contra el virus que lleva adelante el Presidente.

A un ritmo más rápido que el del virus, el mundo está mutando. En la Argentina, se nota por el cambio de los números que marcaban la sensación térmica nacional. Hasta hace unos días, el riesgo país, la inflación, el precio del blue y la pobreza eran los índices del debate masivo cotidiano. Pero acaban de ser remplazados por el conteo diario de contagios, respiradores disponibles, altas médicas y fallecidos. Pero la mutación crítica que se registra en las últimas horas, y que enciende otra alarma en el Gobierno, es la de la grieta.

En los primeros días de alerta por el desembarco local de la pandemia, la división ideológica que intoxicó al país desde hace más de una década parecía erosionarse por acción del miedo al Covid-19. Oficialismo y oposición empezaron a mostrarse juntos y coordinados, como nunca, alineados de buena gana tras las medidas preventivas de Alberto Fernández. La crisis sanitaria hizo milagros, resolviendo disputas mezquinas -y en ocasiones, absurdas- que ningún líder político pudo ni quiso saldar en beneficio de un bien mayor: la democracia y el bienestar general. Pero la buena nueva política que trajo el Coronavirus, en medio de tanto dolor, quedó opacada por la mutación del fenómeno de la grieta.

La división rabiosa de la sociedad en dos bandos culturales está abriendo paso, al ritmo de la pandemia, a una fragmentación geográfica del territorio nacional, que no conoce más banderas que el pánico y el egoísmo. Provincias y municipios comienzan a atrincherarse en sus demarcaciones territoriales, bloqueando los accesos al paso de otros argentinos, profundizando la cuarentena oficial según la libre interpretación de cada jefe distrital, que en realidad no es libre sino más bien esclavo de la presión que siente de su población.

Voces estridentes como las de el ministro de Seguridad bonaerense, Sergio Berni, y la del jefe camionero Hugo Moyano llamaron la atención de este peligroso bloqueo de rutas y accesos, que desafía, por exceso de celo, la cuarentena decretada por el Presidente de la Nación. Asistimos a un brote epidémico de federalismo aterrado, que retrotrae al país a sus primeras décadas de existencia, cuando el gobierno central era apenas una hipótesis aspiracional.

Resulta paradojal que la indisciplina sanitaria y cívica de los miles de argentinos que desafían el DNU presidencial dispare las medidas de restricción al tránsito por parte de gobernadores e intendentes, que a su vez se extralimitan en sus atribuciones territoriales respecto de la autoridad nacional para restringir y/o garantizar la libre circulación. La sensación de falta de respeto al Ejecutivo nacional caldea los ánimos en la Casa Rosada, tanto que el Secretario de Comunicación y Prensa de la Presidencia, Juan Pablo Biondi, acaba de tuitear: “Vienen tiempos difíciles, no hay lugar para hijos de puta!!!”

Todavía los gestos de autonomía no llegan a ser desobediencia, aunque tanto Alberto Fernández como Axel Kicillof sienten que, cada uno en su ámbito, deben vigilar muy de cerca los focos de descontrol, especialmente los que vienen de jefaturas peronistas, históricamente basculantes entre la lealtad y la traición. Precisamente en un momento en que el espanto podría permitirle al Presidente armar la esquiva mesa de concertación de empresas, sindicatos, movimientos sociales y opositores para enfrentar la crisis que se viene, las trincheras territoriales amenazan con ocupar el lugar de la vieja grieta, en una mutación institucional que, de acelerarse, podría desfigurar el ya demacrado rostro de la República.

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Silvio Santamarina

Silvio Santamarina

Columnista de Noticias y Radio Perfil.

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