EN LA MIRA DE NOTICIAS | 31-10-2021 00:19

Otra vez el fuego amigo

Crece la lista de los oficialistas que le pegan al Gobierno. Los casos de Grabois y Schiaretti. El frío de Washington.

Hace unos días, cuando Cristina Fernández se quejó de que los medios ponen mal a la gente, repitió una aclaración muy común en su repertorio, pero que en estos momentos de incertidumbre electoral adquiere una relevancia de emergencia. La vicepresidenta explicó que los políticos están curtidos por los años de erosión ante la opinión pública, y que ese cuero duro les permite atravesar la mala onda del ambiente con mayor resiliencia que el resto de los mortales. Puede ser. Lo cierto es que, tal como señala la jefa del Frente de Todos, la política está mostrando hoy su cara más ingrata. Y en el oficialismo, el clima de adversidad se manifiesta con el resurgimiento del fenómeno conocido como “fuego amigo”. Veamos algunos ejemplos ilustrativos.

El piquetero más papista que el Papa, Juan Grabois, no pudo contener su necesidad de expresar que le hacía ruido la fortuna de la familia Kirchner, en plena conmoción social por el empobrecimiento cotidiano de la mayoría de los argentinos que no encuentran refugio ante el tsunami inflacionario. Aunque la pulseada del Gobierno con buena parte de los movimientos sociales por la administración de planes puede justificar el oportunismo de Grabois, alguien tuvo que actuar rápidamente para persuadir al dirigente social de que se retracte en público, por el mal timing electoral de su ingrato comentario. No obstante, el daño ya está hecho, en un frente oficial caracterizado por poses de supuesta unidad que son tomadas menos en serio que un meme.

Así de tragicómicos fueron los actos disociados del Día de la Lealtad peronista, cuyas divergencias fueron disimuladas por la vocería presidencial como aparentes pruebas de la tolerancia a la diversidad de opiniones en el Frente de Todos.

Ni hablar de la “desilusión” que declaman, en plena campaña electoral adversa, figuras icónicas de la batalla cultural del kirchnerismo clásico como Milagro Sala. La representatividad K de la “resistencia ancestral” está perdiendo terreno en todo el territorio nacional. El propio Jones Huala se sintió libre de manifestar su rechazo mayor al enemigo populista instalado en la Casa Rosada que a la derecha tradicional que hoy crece en la oposición. Nada de gratitud le quedó al activista preso por la defensa que le acaba de brindar el embajador argentino en Chile, ni por la defensa legal que ejerció -antes de asumir como ministra- Elizabeth Gómez Alcorta, cuando Jones Huala era un flogger en transición a líder mapuche. Y eso que la cuestión de las tomas y los reclamos violentos en la Patagonia están complicando más de la cuenta los cálculos electorales del cristinismo, que teme dejar de hacer pie en el Senado.

Hablando de inseguridad territorial, otro fuego amigo que distorsiona el relato de campaña es la pelea tuitera entre Sergio Berni y Aníbal Fernández. Más allá de los espadeos fálicos entre ambos en un Gobierno que se ufana de su feminismo intrínseco, la puja entre Provincia y Nación en un área tan delicada como la seguridad según cualquier encuesta electoral demuestra que la salida de Sabina Frederic no resolvió nada. Cuando la política de Estado no puede nada, las rencillas personales lo pueden todo.

Si en el círculo de los presuntamente incondicionales hierve la discrepancia a cielo abierto, ¿qué se puede esperar de los socios atados con un finito hilo de coser? El gobernador cordobés, Juan Schiaretti, se despachó con ganas tanto contra Cristina como contra el Presidente, por las tarifas de la energía y por la inseguridad en la Patagonia y en los focos nacionales sitiados por el narcopoder. No hay tema relevante de campaña que quede a salvo de la polémica intraperonista.

Ni siquiera la lucha contra la inflación. En las propias filas kirchneristas se lamentan del nulo apoyo al control de precios lanzado por Roberto Feletti, por parte de las autoridades del Gabinete económico más identificados con Alberto que con Cristina. Es que del otro lado sienten que, apenas el cepo a los precios se levante, los platos rotos que siempre dejan este tipo de medidas terminen pagándolos los “funcionarios que no funcionan”. Por las dudas, hasta Washington toma distancia del Presidente argentino, a quien le recuerdan su falta de plan. Menos mal que la administración Biden iba a ser el amigo americano y progresista de Alberto, luego del supuesto macrismo de Trump. Parece que el despoder es más contagioso que la variante Delta.

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Silvio Santamarina

Silvio Santamarina

Columnista de Noticias y Radio Perfil.

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