lunes, febrero 24, 2020

EN LA MIRA DE NOTICIAS | 11-02-2020 21:52

Volvió Flor K: todo Instagram es político

Apenas una semana después de la desaparición del juez Bonadio, Cristina hizo reaparecer a su hija en redes, luego de un año de privacidad protegida.

Como cantaba el Indio Solari, “todo preso es político”. Ahora el kirchnerismo debate si aquella máxima conviene o no aplicarla a sus propios presos o amenazados de serlo. Lo que seguro es político es el efecto semántico que cada posteo en redes sociales de figuras K desata en el nueva opinión pública del ciberespacio.

Durante el año que ya casi lleva en Cuba Florencia Kirchner, resultaba antipática la catarata de trolls y macristas de a pie que disparaban sus tuits envenenados contra la hija de la expresidenta. Entre los memes más viralizados por ese colectivo militante de la grieta, se destaca el que mostraba una falsa declaración de Flor K, quien tras el triunfo electoral de los Fernández, aseguraba: “Ya me siento mejor”. La crueldad política no tiene límites.

También se registró esa falta de modales humanitarios del otro lado de la grieta, que festejó impúdicamente en las redes sociales la muerte de Claudio Bonadio, el juez al que Cristina señaló -con un polémico video viral- como el principal causante de los trastornos que mantienen a su hija en Cuba, lejos de los tribunales argentinos.

Y por esas casualidades incómodas del destino, apenas una semana después de la desaparición del juez Bonadio, Cristina publicó –por primera vez en un año- una foto con su hija en Cuba, imagen que Florencia replicó en su propia cuenta de Instagram, recién abierta tras un largo silencio convaleciente. Si bien el contenido de estos mensajes rozan la esfera privada, también juegan inevitablemente en la esfera pública, como una sugestiva confirmación de aquel odioso meme anti K, que le atribuía a la heredera menor de Néstor Kirchner una sospechosa recuperación de su estado de salud ante el súbito cambio de clima político.

La lectura de esta curiosa convergencia entre relatos de ambos bandos lleva a concluir que alguno de los actores enfrentados perpetró una campaña comunicacional fake. O el cristinismo exageró la afección de Florencia para mantenerla blindada en una isla caribeña hasta que pase el tsunami del Lawfare rioplatense, o la tribuna digital PRO se ensañó desde el principio con la desgracia familiar de los Kirchner, al punto de inventar y difundir teorías conspirativas descalificadoras. El resultado, deseado o no, es que la idea de verdad se ha hundido unos metros más en lo profundo de la grieta nacional, dejando un residuo cínico de alta toxicidad para la democracia.

En cualquier caso, la enseñanza de este episodio es que la comunicación de personajes políticos en redes no puede ampararse en la supuesta espontaneidad de estas plataformas, que ventilan y maquillan la intimidad, para no seguir ciertos protocolos de prudencia y oportunidad en la información que todo gobierno o grupo político debería observar. Pero eso es un lujo que la dirigencia argentina no piensa concederle a sus aturdidos representados.

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Silvio Santamarina

Silvio Santamarina

Columnista de Noticias y Radio Perfil.

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