PERSONAJES | 29-12-2011 18:18

“Buscamos nuestro propio camino”

Tercera generación de bodegueros, aportaron una veta diferenciadora en relación a vinos de alta gama, aceites de oliva y turismo ecológico.

Digno perro de bodeguero, el rhodesian rigdeback que descansa bajo la pérgola coronada por un parral responde al nombre de Syrah. “Él nos da una idea del nivel de ocupación del restaurante: si hay gente se acuesta acá, si no se acerca a la parrilla”, informa sonriente Miguel Zuccardi. Aquí, en la finca Beltrán, en Maipú (a 40 km de Mendoza) su abuelo Alberto plantó la primera viña en 1963; en 1976 se sumó su padre, José Alberto, y hoy los tres hijos trabajan en la bodega Familia Zuccardi, la tercera del país en exportación de vinos.

Muy lejos de la inercia, la tercera generación aportó sus propios proyectos: Sebastián inició la elaboración de espumantes, la expansión a fincas en Valle del Uco, que generaron los vinos de alta gama, y comanda el área de investigación y desarrollo; Miguel apostó al aceite de oliva y Julia tiene a su cargo "Casa del Visitante", el emprendimiento turístico que recibe más de 50.000 visitantes por año.

Noticias: Cada uno empezó con algo nuevo en la empresa familiar, ¿fue un desafío personal o lo consolidado requería un paso más?

Miguel Zuccardi: Cada uno se abrió espacio porque fue encontrando un oficio diferente, y se amplió el panorama. Sebastián está más dedicado a los viñedos y la vinificación de alta gama, y yo en un 100% a las 250 hectáreas de olivos en las fincas de Maipú y de Cañada Honda, zonas ideales por su gran amplitud térmica.

Sebastián Zuccardi: Es la dinámica familiar, el constante cambio. Pero no desechando lo hecho y refundando, sino la permanente construcción. Mis padres apoyan, nunca te van a decir “no”.

Julia Zuccardi: La innovación es uno de nuestros principios. Fuimos la primera bodega en abrir al público en el 2001 y cuando me incorporé al área de enoturismo hace 4 años, estaba necesitando más vuelo, mayor estructura. En los últimos diez, el turismo en bodega ha explotado: produce eventos, impulsa la gastronomía en Mendoza.

Noticias: ¿Cómo fueron insertándose?

Sebastián: En el colegio secundario con orientación enológica desarrollé con cuatro amigos un proyecto de espumantes, Alma 4. Luego estudié Agronomía, y lo continuamos en la bodega. Como fue una innovación, empezás con más libertades, podés darle tu impronta, lograr tu identidad, algo no menor en una empresa familiar. Intentamos buscar nuestro propio camino, no queremos caminos prestados.

Julia: La producción o la ampliación de mercados no era lo que me interesaba, y por suerte nunca sentimos la presión de continuar con la empresa. De hecho, yo estudié traductorado de inglés. En las vacaciones venía a la finca, hacía visitas guiadas, el inglés es básico en este sector y me enganché. Vienen brasileños, canadienses, americanos y un gran flujo de turismo nacional, me gratifica verlos irse contentos.

Inspiradora del vino Santa Julia, la única Zuccardi mujer recibe chistes a granel: “Mi papá es el principal, me presenta diciendo que soy más Julia que santa (ríe). Los brasileños se sacan fotos conmigo, se van diciendo: “Conocí a Santa Julia”. Hoy tiene a su cargo el restaurante con cocina regional “Casa del Visitante” (proclamado por Cuisine & Vins por tercer año mejor restó en bodegas, alabado en The New York Times –su periodista lo visitó sin identificarse– y en la revista canadiense Acces entre los 20 mejores restós de bodegas del mundo) y los programas turísticos: desde degustaciones y visitas guiadas por los viñedos en bicicleta, cuatriciclos o autos antiguos, hasta volar en globo o el tentador “Vení a cosechar tu aceite” (“El visitante cosecha las aceitunas, la pasa por una prensadora, envasa el aceite y se lleva la botellita”). En abril inauguran “Pan y oliva”, un restó de tapas: “Hay que generar cultura, educar al consumidor en aceites de oliva de calidad –interviene Miguel–. El mercado argentino es inexperto, porque el consumo es bajo: en España llega a 15 litros anuales por persona, acá a 150 mililitros”.

Noticias: Usted tomó el mayor riesgo: ingresar a una actividad distinta del vino. ¿Tuvo quórum paterno o hubo que pelearla?

Miguel: El riesgo lo tomamos todos, pero en mi actividad tenemos menos conocimientos y llevo sólo 5 años. A los 18, 19 años empecé a meterme en esto, con la intención de   especializarme en aceites de calidad, y mi viejo sumó la visión sobre el producto. No es conservador, así que fue fácil y natural. En el 2002 viajé a la Toscana a ver la producción en zonas de alta escuela, y sabía que en Mendoza había 20.000 hectáreas de olivos, plantados en un 30% entre 1930 y 1950, existía una olivicultura tradicional. Había un potencial para aceites de alta calidad y eso aceleró el proceso.

Noticias: Que sean ingenieros agrónomos, ¿les facilitó el voto de confianza?

Sebastián: Dicen que hay tres formas de perder una finca: dedicarse a las mujeres, al juego, o tener un hijo ingeniero agrónomo (ríe). Mi familia cree en la universidad como lugar donde formar un pensamiento. Yo no estudié agronomía porque mi papá tuviera una finca, estoy acá por mi propia y absoluta elección. Mi abuelo nos decía: “Sean libres y cuiden su independencia”. Hoy la sociedad te tira una trampa que termina comiéndote: la ambición. Sos libre porque no tenés miedo de perder nada; empezás a construir cosas y temés perderlas o sos esclavo de tus necesidades.

Noticias: Empezó con una veta iné-dita en la bodega, los espumantes. ¿Y después?

Sebastián: Hoy participo de las degustaciones de espumantes, las visiones macro, ya no estoy en el día a día. El crecimiento de la empresa en los últimos 15 años ha sido muy grande, estábamos muy focalizados en la finca de Maipú e intentamos abrir fronteras. Me fui al Valle del Uco, compramos 15 hectáreas en Vistaflores y plantamos. Hoy tenemos allí cinco fincas y el primer viñedo ya plantado, muy bueno. Me encargo de los viñedos, en parte de la enología de Zuccardi y del área de Investigación y Desarrollo.

En el 2013, la bodega cumplirá 50 años, desde que el ingeniero civil tucumano Alberto Zuccardi llegó a Mendoza para adaptar a la región el nuevo sistema de riego por inundación que había desarrollado –y que lleva su nombre–. El mundo del vino lo fue atrapando. En el 2005 plantó olivos, y logró los primeros varietales. Hoy comercializan una línea de aceite de corte y otra de monovarietales, y el Novello, un aceite sin filtrar, según la tradición italiana. “Es fundamental el conocimiento –explica Miguel–. Hay que investigar, hacer escuela. En esta finca hay 25 variedades de olivos que no se han experimentado en la zona, y permanentemente buscamos otras. Todo es cuestión de tiempo: a los 5 años de plantar recién se tiene una producción estable, y son quizás 10 años para obtener un resultado. En la agricultura todo es empírico, intervienen factores que no manejás, nunca parás de aprender. Más que negocios, son actividades de vida”.

Convertido en un winemaker, Sebastián (que elaboró el Bonarda “Emma” en honor a su abuela) coincide: “Creo en la investigación, sobre todo buscando liderazgo. Trabajamos en el desarrollo cualitativo del vino, desde el viñedo hasta la bodega. La investigación es el futuro, esos jóvenes enólogos y agrónomos son el semillero de la bodega”.

Noticias: Cuando viajan a otros países a hacer la cosecha, ¿son un cosechero más o se identifican como bodegueros?

Sebastián: Todos los años hago la vendimia en otro país, como enólogo ayudante u operario de bodega, donde tenga acceso a la información. Y si me toca volcar cajas en una cinta de selección, lo hago, lo que me toque.

Miguel: Este año estuve en Portugal y España en calidad de técnico: veo cómo mejorar el rendimiento, qué técnicas usan y otros aspectos agrícolas. Queda mucho por aprender, en la producción juegan mil factores.

Sebastián: La cultura del trabajo es fundamental, el mundo está viviendo una crisis de valores porque hay más plata que bienes. Yo veo un peligro en la especulación financiera, no hay bienes ni capacidad de trabajo tangibles y eso lleva a la pérdida real del valor del trabajo: cuando uno invierte tiempo, mente y cuerpo, y recibe algo por eso, hay una relación directa. Parte de la cultura familiar es que ser empresario es una responsabilidad social, la empresa no es una máquina de enriquecimiento, no se mide solo por rentabilidad sino por el trabajo que genera, por la repercusión social. Si hay que recriminarle algo a la clase política, también vale para la clase empresaria: es tan culpable como la otra del éxito o fracaso del país.

Noticias: Mezclar familia y empresa contamina los lazos familiares y los negocios, ¿como delimitan los campos?

Sebastián: Hay un solo camino: las empresas familiares deben llevarse al plano profesional. Nuestras relaciones deben ser profesionales, ser miembro de la familia no significa que tenés que ocupar un puesto.

Miguel: Es un reto, hay que posponer la relación sanguínea y hacer un trabajo profundo, pero tiene un plus: no son solo negocios, es nuestra forma de vida.

Julia: No es fácil, pero cada uno encontró su lugar, su sector, lo cual elimina la competencia y las confrontaciones en las decisiones diarias. Mi mamá (N. de R: Ana Amitrano, gerente comercial) es mi jefa y desde que trabajamos juntas nuestra relación mejoró. Sebastián es tranquilo, bueno, Miguel es más intenso, pasional como mi papá. Fue bueno que la decisión de trabajar con la familia fuera resultado de un proceso.

Noticias: La primera y segunda generación ¿son los viejos sabios de la tribu, aportan asesoramiento y consulta?

Sebastián: Son los fundadores, sentaron las bases, la filosofía, conocen la empresa completa. Las cosas se pueden discutir y cambiar, pero nos marcan el camino. Mi abuela sigue activa con las exposiciones de arte en la cava, en la administración, “camina la empresa”, eso es vital.

Noticias: Además de vinos, aceites y turismo, ¿como es la vida de ustedes?

Sebastián: Mi novia es una apasionada del tema, llegamos a casa y lo primero es destapar una botella, compartir una rica comida. Y hablamos de vinos, no trabajo de 9 a 18 y cuando salgo empieza mi vida. Con mis amigos probamos los de otras bodegas, compartimos eso, no necesito hacer otra cosa para despejarme. Me gusta viajar, ir a un recital, escalé el Aconcagua con mi papá, pero la desconexión no existe.

Julia: Hago spinning y Pilates, soy poco tecnológica, me encanta viajar y mi novio trabaja en la bodega. Si me preguntás cómo me veo dentro de 50 años, me veo acá, esta es mi vida. Siempre lo vivimos desde el disfrute, es una relación vital con el vino. Y eso la gente lo siente: es darle calidez, además de calidad.

Miguel: Yo salgo a correr, viajo, leo. Pero los aceites son mi eje central, lo hago porque me gusta, no soy esclavo de nadie.

por Liliana Morelli

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