Domingo 5 de febrero, 2023

OPINIóN | 17-12-2016 00:00

Caso Sala: Milagro, pero de veras

Presa o libre, el tema de fondo supera la situación personal de la jefa de la Túpac. Por Edi Zunino.

El kirchnerismo tuvo la virtud original de quitar de las calles y las rutas a los grupos piqueteros, grandes protagonistas de la súper crisis de 2001-2002 junto con la clase media de ahorros incautados. Lo hizo con un plan que, al principio, le otorgó amplio consenso social gracias a que sonaba creativo resolver situaciones de extrema (y en millares de casos repentina) pobreza con trabajo, viviendas y servicios encarados por los propios afectados.

El tiempo, las ambiciones de poder y los descontroles estatales en favor del financiamiento a oscuras de la política convirtieron la supuesta solución en parte central del problema. Los liderazgos sociales mutaron en caudillismos, acaso como subproducto de la concentración del mando a nivel nacional en los K. La democracia horizontal de base fue suplantada por autoritarismos personalistas verticales. La autogestión se volvió autocomplacencia. Los sueños compartidos terminaron en pesadilla.

El polémico encarcelamiento de Milagro Sala y su azarosa liberación son dos puntas del mismo iceberg. Ojalá la Justicia se mueva con independencia y buen tino: es hora de juicios justos. Acabamos de cumplir 33 años corridos de una democracia endeble, de bajísima intensidad y aún menores beneficios para las mayorías.

He ahí el problema de fondo. Un país con un tercio de la población bajo la línea de pobreza debería saber desmezclar a los eventuales malos dirigentes de las ideas auspiciosas. Contar con áreas de "economía social" podría ser de gran ayuda en materia de ingresos populares legítimos y una más amplia política de inclusión, cobijada bajo los techos de mejores casas, mejores escuelas y mejores hospitales que, en teoría (y sólo en teoría) deberían ser mejor cuidados por usuarios activos ya que sus propias manos estuvieron involucradas en el producto.

A nadie se le ocurriría dejar de hacer obras públicas con el aporte profesional y técnico de los empresarios privados por el solo hecho de que existieron Lázaro Báez o José López. Tampoco debería desmerecerse la idea de la "economía social" porque a Milagro o a Hebe se les soltó la cadena. Tanto en uno como en el otro caso, la solución es tan fácil de enunciar como difícil de aplicar: un Estado con mecanismos de control severos y funcionarios probos a tono con la necesaria transparencia en el manejo de los fondos públicos.

La Argentina necesita con urgencia crear y renovar infraestructuras portuarias, camineras, ferroviarias, energéticas, sanitarias..., obras de gran envergadura que sólo los privados pueden realizar. Millones de argentinos necesitan vivir mejor el día a día y son, a la vez, mano de obra calificada (o calificable si se apuesta a ello). ¿Por qué no pensar en que unos y otros, cada cual en su lugar de la cadena, pueden combinar esfuerzos con un Estado que planifique y delegue? Más sencillo suena ponerse del lado de la prisión o del lado de la libertad de Milagro Sala, es cierto. No sería poco definir el asunto, pero congela a la inmensa mayoría en el lugar de espectadores. 

*Jefe de redacción de NOTICIAS.

por Edi Zunino*

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