jueves, noviembre 14, 2019

POLíTICA | 31-08-2019 22:35

Batalla electoral: Mauricio Macri reseteado

Tras la marcha del sábado 24, el Presidente volvió a la campaña. Cruces con Vidal.

Mauricio Macri no pudo prever ninguno de los dos hechos políticos más importantes de agosto. La paliza de las PASO, donde perdió por 15 puntos con Alberto Fernández, y la marcha del sábado 24, en la que una multitud le dio un mensaje de aliento a su Gobierno.

En ambos casos, el Presidente no tuvo ningún funcionario que lo alertara y reaccionó como pudo a los hechos una vez que estaban sucediendo. Las dos situaciones provocaron un shock que lo catapultó anímicamente. La primera para abajo, cerca de la depresión, y la segunda para el lado de la euforia.

En la mañana del sábado 24, Macri había viajado a Santa Fe para homenajear a los convencionales constituyentes de 1994, a 25 años de la reforma de la Constitución. A su regreso, se fue a la quinta Los Abrojos para descansar. Pero no iba a estar mucho tiempo ahí.

Después de las 18, una catarata de fotos y videos llegaron a su teléfono. Pero fue Juan José Campanella quien terminó de convencerlo: Macri le avisó a su círculo íntimo que iría a la Casa Rosada para formar parte de la marcha. Improvisaron su salida por el balcón y un mensaje que se colgó en las redes, porque no tenían equipo de sonido para que le hablara a la gente que se agolpaba en la Plaza de Mayo.

Fue un reseteo para su estado de ánimo y sus intenciones electorales. Pero el Presidente incumplió lo que les había prometido a sus dos alfiles, María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta: una transición ordenada. Porque al ver a la multitud que lo arengaba sintió que estaba en carrera otra vez.

Modo campaña. Gracias a la marcha que organizaron un conjunto de históricos caceroleros que habían quedado excluidos de la campaña oficial de Juntos por el Cambio, primó la visión optimista de la Casa Rosada que reza que la fórmula Macri-Pichetto todavía tiene chances en octubre.

La vuelta anticipada a la campaña rompió la tregua implícita con la oposición y los mercados se agitaron. “Tenemos 59 días por delante”, dijo Macri el jueves 29. “Está contando los días”, le respondió irónicamente Alberto. La última batalla está en marcha.

Desde que las PASO pusieron en jaque las intenciones electoralistas de Juntos por el Cambio, Larreta le había recomendado al Presidente que se dedicara a administrar. Es que el alcalde porteño no puede perder votos para reelegir en la Ciudad.

También se lo había pedido Vidal, la de peor escenario en el oficialismo y, en estos últimos días, la de mayor mal humor. Es que pasó de ser el as de espadas a la primera caída en la batalla electoral. Sus consejos fueron desoídos por Macri: no alejó a Marcos Peña y tampoco le hizo caso con la gestión. Ahora se sumará a la campaña presidencial a regañadientes.

El jueves 29, los caceroleros que con su marcha resetearon a Macri, se volvieron a juntar para dar el próximo paso. Planean hacer una nueva manifestación para octubre, una semana antes de las generales. Quieren juntar un millón de personas para mostrar una señal de apoyo inédita y sueñan con un cierre de campaña en la avenida 9 de julio, emulando al de Raúl Alfonsín en el ’83.

A diferencia de la primera experiencia, ahora tendrán el apoyo del Gobierno. Marcos Peña hizo una fuerte autocrítica al decir que "nos faltó más territorio, más calle y más militancia”. Harán un intento electoral más. La marcha convenció a Macri de que puede dar batalla, aunque la economía tambalee.

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