Lunes 26 de febrero, 2024

SOCIEDAD | 17-10-2023 06:59

Ataque a Israel: el relato de los argentinos atrapados por la guerra

Hablan los que quedaron atrapados en medio del conflicto. El horror en primera persona. La vida en los refugios.

En la madrugada del sábado 7, el grupo palestino islamista Hamas libró desde la Franja de Gaza un ataque terrorista por tierra, mar y aire sobre Israel que dejó más de 1200 muertos. Entre ellos hay siete argentinos, más otros quince compatriotas desaparecidos hasta el momento. De esta forma, se dio inicio a una nueva guerra en Medio Oriente.

En medio de la crisis que vive Israel, NOTICIAS se comunicó con argentinos que viven atrapados por la guerra. “Me vine a vivir a Israel por idealismo, estaba recién casada y con mi marido decidimos dejar atrás Argentina para proyectar nuestra vida acá”, cuenta Teresita desde un refugio del cual prefiere no dar la ubicación. Desde hace años vive en los llamados kibutz, asentamientos agrícolas, donde trabaja la tierra. Su casa está ubicada a 5 kilómetros de donde se inició el ataque terrorista. “El sábado a la madrugada sentimos fuertes ataques y como tenemos instrucciones muy claras, a los pocos segundos ya estábamos con mi marido en la habitación que hace de búnker. Como él tiene Alzheimer, no se dio cuenta de nada, pero estuvimos todo un día hasta que vino la gente del gobierno para llevarnos al refugio. Los cohetes no llegaron donde vivimos pero sí los terroristas a pie, y arrasaron con todo. Mataron a 19 personas, decapitaron bebés, fue un salvajada. Éramos una hermosa comunidad de 200 familias y ahora no sé qué quedó. Hasta que no vuelva a mi casa, no sabré si fue alcanzada por un misil, la incendiaron o la saquearon. Lo único que llegué a agarrar fue un bolso con nuestros documentos, dinero, cepillos de dientes y algo de ropa”. Teresita concluye: “No entra en mi cabeza volver a Argentina. Tengo a mi hermano allá, pero a mis 70 años, este tipo de ataques me motiva a quedarme aquí más que nunca”.

Más voces

Otra argentina que sufrió el horror de cerca fue Miriam, quien vive en otro kibutz pegado a la Frontera de Gaza. “Vivo a 300 metros del que fue el primer ataque, pero como estamos bien entrenados, en menos de diez segundos ya estaba encerrada en la habitación de seguridad con mi perro. Fue sorpresivo, nadie lo imaginó. Miles de terroristas entrando a todos los poblados a matar gente a sangre fría. Se llevaron ancianas, niños, bebés y raptaron todo lo que podían para seguro después hacer algún tipo de intercambio. Se robaron todo lo que podían, prendieron fuego casas, rompieron autos. Destrozaron todo. Peor que lo que se puede ver en las películas de guerra”.
 
Ahora está en un refugio donde tiene todo lo básico -comida, agua, luz,  gas, conexión a Internet y hasta televisión-, y describe lo que vivió  con su hijo. “Estaba en una de esas fiestas electrónicas pero por suerte se escapó. Estuvo escondido en una zanja y durante trece horas rezó para que llegara el ejército israelí antes que los de Hamas”. 

Desde la Guerra del Golfo, el Estado israelí dispuso la obligatoriedad de construir en los nuevos edificios una habitación de máxima seguridad por eventuales atentados. Llámese refugio, búnker o “panic room”, cada nuevo hogar debe tener una habitación que brinde protección desde que suena la alarma hasta que el Estado decida qué hacer. 

David, un cocinero argentino de 31 años, vive en la ciudad de Ashkelon desde el 2014. Para explicar su ubicación en el mapa, no lo hace en kilómetros de distancia, sino en segundos desde los posibles focos de ataque. “Con mi novia y mi suegra vivimos a 90 segundo de Gaza, o sea que desde que suena la alarma hasta un supuesto impacto, tenemos ese tiempo para refugiarnos. Todo está pautado, en estos momentos tenemos la mochila preparada con ropa, agua, documentos, plata y baterías de celulares cargadas al tope”. 

Angustia

Otros argentinos que sufrieron lo peor de este ataque terrorista fueron los argentinos Gabriel Levinas y Roberto Moldavsky. El periodista contó a través de sus redes: “Tamar, Yonatan y sus hijos Shakar, Arbel y Omer fueron asesinados por Hamas en su propia casa que luego incendiaron. Borraron la familia completa. Eran nietos de mi prima”. Por su parte, el humorista confesó: “Mataron a gente que yo conocía y tengo amigos secuestrados por Hamas. Es un momento terrible que me saca las ganas de hacer mi trabajo, que es hacer reír". 

Alejandro Roisentul es un médico argentino de 59 años que vive en Safed. Cuenta a NOTICIAS: “En la mesa de acción del Ejército siempre estuvo considerado el ataque de Hamas y era una cuestión de tiempo. Pero nunca se contempló tanta crueldad. Nadie imaginaba que un grupo que habla de la liberación de su pueblo pueda comportarse como ISIS. A diario estamos descubriendo atrocidades difíciles de creer, como bebés decapitados, que dicen que fueron ejecutados en presencia de sus padres antes de matarlos también. Si Hamas quería la liberación de su pueblo, lo único que consiguió fue llevarles el infierno”.

Roisentul agrega: “Tengo a mi hijo en el Ejército porque en Israel todos los que pasaron por el servicio militar quedan de reserva hasta cumplir 50 años. Y me da orgullo porque siento que estamos todos en la misma, de defender la libertad y la democracia. Si no hubiese democracia en Israel, Medio Oriente se vendría abajo. Por eso hay que prepararse para hacer nuestro mejor trabajo y salvar la mayor cantidad de vidas”.

Elías es un argentino de 24 años que llegó hace dos a Tel Aviv para directamente enrolarse en el Ejército. Para hablar con NOTICIAS, sólo pidió que no se dé a conocer su apellido. Cuenta: “Me vine solo. Acá tengo a mis primos y amigos pero mi única intención fue alistarme al Ejército nacional. Más allá de mi amor por Israel, vine por una cuestión de valores. Al principio a mis padres les costó entenderlo pero al final me apoyaron. Lamentablemente esto me agarró en pleno reposo por una operación que tuve de urgencia, pero no veo la hora de  unirme a mi unidad. Siento la necesidad de estar  con mis compañeros”.

Elías reconoce que este presente no era lo que esperaba cuando decidió emigrar. Pero tampoco se arrepiente de nada. “Irme de acá iría contra los principios que juré al unirme al Ejército. Hablo con mi familia todos los días y saben que tarde o temprano nos volveremos a encontrar. Cuando esto termine, veré si este es mi lugar en el mundo. Pero a la Argentina, con lo que se vive allá, no vuelvo”.

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Mariano Casas Di Nardo

Mariano Casas Di Nardo

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