Thursday 30 de April, 2026

SOCIEDAD | Ayer 23:08

Fenómeno argento: locura por Colapinto

El negocio de la F1 detrás del piloto argentino. Road Show en el país y la paradoja de un deportista perdedor convertido en ídolo.

Franco Colapinto ya dejó de ser solamente una promesa del automovilismo para convertirse en un fenómeno cultural, comercial y emocional. A sus 22 años, el piloto argentino consiguió algo inusual en tiempos de consumos fragmentados: convocar multitudes, seducir marcas, generar conversación pública y despertar una ilusión colectiva que atraviesa generaciones, incluso siendo de los pilotos más débiles de la categoría. Sin embargo tiene algo arrollador y no es justamente su automovil -de los más precarios del circuito-, sino su espontáneidad y lenguaje descontracturado. Un mix que sin artificios, lo transformaron inmedatamente en una figura transversal. El público lo aplaude cuando pierde y hasta cuando abandona y le echa la culpa al equipo que tiene.  Algo inusual en esta época exitista. La paradoja de un deportista no ganador que se convirtió en ídolo. El Road Show realizado en Buenos Aires fue una muestra de ese amor incondiconal, con más de 600 mil personas para verlo acelerar en las calles porteñas. 

El evento superó incluso registros históricos de Grandes Premios tradicionales y se ubicó por encima de convocatorias recientes en plazas consolidadas. Por ello, la F1 tomó nota. También los sponsors, y los organizadores que siguen de cerca dónde están los nuevos mercados capaces de combinar pasión, audiencia y consumo. Lo que ocurrió en Buenos Aires mostró que la Argentina conserva un capital intangible que vale oro. El fanatismo genuino.

Chico de familia. El costado más conmovedor ocurrió fuera de la pista. Su abuela, figura entrañable en el universo íntimo del piloto, pudo verlo manejar un Fórmula 1 en la Argentina, algo que nunca había hecho en las competencias  internacionales. El abrazo entre ambos se convirtió en una de las imágenes del fin de semana. También lo acompañó Bizarrap, quien colaboró en tender puentes con marcas y amplificar una imagen global. 

El entusiasmo popular abrió otra pregunta mucho más ambiciosa. ¿Puede volver la Fórmula 1 a correrse en la Argentina? La respuesta ya no parece una fantasía nostálgica. Desde el Gobierno porteño reconocen que trabajan en ese objetivo y que las obras en el Autódromo Juan y Oscar Gálvez fueron pensadas con esa meta en el horizonte. Para recibir a la categoría, el circuito necesita homologación FIA Grado 1, la máxima certificación técnica. Eso exige rediseño de sectores de seguridad, ampliación de escapatorias, reasfaltado integral, boxes modernos, centro médico, conectividad, nuevas tribunas y hospitality premium, que nada tiene que ver con la sanidad, sino con todas las comodidades para las personalidades Vip.

Las cifras también explican por qué no alcanza solo con la pasión argenta. Organizar un Gran Premio demanda pagar un canon anual a Formula One Management que, según la plaza, puede oscilar entre 35 y 60 millones de dólares. A eso debe sumarse infraestructura, montaje, seguridad, logística, promoción y costos operativos. Solo la actualización integral del autódromo podría requerir entre 100 y 150 millones de dólares en una primera etapa, dependiendo del alcance final de las obras. Es decir, el regreso de la Fórmula 1 sería un proyecto de Estado asociado inevitablemente al capital privado. Cuestión, a priori, que en la ideología del actual Gobierno, no cuadra como posibilidad.

Contexto. También existe la otra cara de la ecuación. Un Gran Premio mueve turismo receptivo, hotelería, gastronomía, transporte, comercio minorista y negocios corporativos. Las plazas internacionaes, históricamete, calculan impactos económicos de entre 300 y 600 millones de dólares por fin de semana en ciudades sede. Madrid, por ejemplo, proyectó ingresos cercanos a los 500 millones con su desembarco. En Buenos Aires, con alta ocupación hotelera y fuerte consumo regional, el efecto podría ser comparable si se ejecuta con escala adecuada. Solo la venta de entradas y paquetes hospitality podría superar los 100 millones de dólares entre tickets generales, palcos y experiencias premium.

Además está el valor intangible. La exposición global en más de 180 países, millones de televidentes, promoción turística y posicionamiento internacional. Para una ciudad que compite por inversiones, congresos y eventos, la F1 funciona como vidriera planetaria. No es casual que nuevos destinos como Miami, Las Vegas, Arabia Saudita o Qatar hayan apostado cifras extraordinarias para entrar al calendario. La categoría dejó de ser solo deporte; es entretenimiento, networking y diplomacia.

El principal obstáculo hoy es el calendario. La Fórmula 1 tiene más aspirantes que fechas disponibles. Para que Buenos Aires regrese deberían rotar algunas plazas europeas, caer contratos menos rentables o ampliarse el esquema de alternancias. Turquía, Sudáfrica, Tailandia y nuevas ciudades asiáticas también presionan por ingresar. La competencia es feroz y el lobby, permanente.

En ese tablero, Colapinto aporta una ventaja diferencial. Ninguna consultora puede fabricar lo que él genera naturalmente. Tiene resultados deportivos, proyección internacional y una conexión popular inmediata. Flavio Briatore, figura central en Alpine, elogió públicamente la respuesta argentina tras el evento. En los boxes entendieron el mensaje: detrás del piloto hay una audiencia fervorosa y un mercado vivo.

Mientras Colapinto viajó a Miami para retomar la temporada, Buenos Aires se quedó con otra sensación. El rugido que sonó en Palermo no fue solamente el de un motor. Fue el sonido de una oportunidad. Si la política sostiene el plan, si aparecen inversores y si el fenómeno mantiene su impulso, la Argentina podría volver a sentarse en la mesa grande de la velocidad mundial. Solo será cuestión de ajustar piezas.

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