Friday 7 de August, 2026

MUNDO | Hoy 08:52

Ceuta: del relato de Bardem y Sánchez a la realidad

La crisis de Ceuta reabre la pelea por el relato: la teoría sobre Argelia choca con la mejor relación de Sánchez con Marruecos en décadas.

Sesenta mil personas cruzaron la frontera de Ceuta en cuestión de horas y la política española volvió a hacer lo que mejor sabe hacer: pelearse por el relato antes de resolver el problema. Con al menos 80 muertos y casi 50.000 devoluciones a Marruecos en el momento más agudo de la crisis, la pregunta que nadie termina de responder con pruebas es la misma de siempre: ¿fue una decisión deliberada de Rabat o un desborde que nadie controló?

La hipótesis que circula con fuerza conecta el salto masivo con el reciente viaje de Pedro Sánchez a Argelia, donde se acordó una cumbre bilateral que incluye gas, seguridad y migración. Marruecos, rival histórico de Argel por el conflicto del Sáhara Occidental, quedó fuera de esa foto. Y en la memoria reciente de la diplomacia española ya existe un precedente casi calcado: en 2021, después de que Madrid recibiera por motivos humanitarios al líder del Frente Polisario, Brahim Ghali, Marruecos relajó los controles fronterizos y en 48 horas cruzaron cerca de 10.000 personas.

Ceuta

Pero el Ministerio de Asuntos Exteriores que conduce José Manuel Albares salió a desmentir cualquier vínculo entre el acercamiento a Argelia y la avalancha migratoria, insistiendo en que la relación con Rabat "es excelente". Y ahí aparece la primera gran contradicción del relato conspirativo que circula en redes: si Marruecos buscara castigar a España, lo estaría haciendo contra el gobierno que más lo benefició en la última década.

Aliados. Porque los números desmienten cualquier lectura de enemistad. Desde el giro histórico de marzo de 2022, cuando España pasó a apoyar la autonomía marroquí del Sáhara Occidental bajo soberanía de Rabat, Sánchez no dejó de premiar a Mohamed VI. La ayuda al desarrollo se duplicó, de 25,5 a 51,5 millones de euros. El comercio bilateral superó por primera vez los 20.000 millones de euros, con España consolidado como primer socio comercial de Marruecos.

Se firmó una Hoja de Ruta con 24 acuerdos, se habilitaron créditos de más de 750 millones de euros para la compra de trenes, se aprobaron plantas potabilizadoras y hasta se selló la organización conjunta del Mundial 2030 entre Marruecos, España y Portugal. En enero de 2025, además, Sánchez aceptó ceder a Marruecos el control aduanero, una decisión que generó rechazo en Melilla por considerarla una cesión de soberanía. Ese no es el trato que un país reserva para un socio al que quiere presionar con una crisis migratoria.

Ceuta

En paralelo, la relación con Argelia atraviesa su propio historial de tensiones desde el giro sobre el Sáhara, con un déficit comercial que llegó a los 6.100 millones de euros en 2023. La cumbre recién acordada busca recomponer ese vínculo golpeado, no reemplazar a Marruecos.

Voceros. En medio de este cuadro, apareció la voz de Javier Bardem, convertido sin buscarlo demasiado en vocero improvisado de una lectura de la crisis que circula en ciertos sectores de la progresía española. El actor no dio entrevistas ni fijó postura propia con sus palabras: repostió historias de terceros en su cuenta de Instagram, entre ellas una de la diputada Irene Montero, que denunció el modelo de externalización migratoria hacia Marruecos, Libia y Mauritania.

Pero también amplificó publicaciones que hablan de una alianza entre Trump, Netanyahu y Marruecos para castigar a España por su postura sobre Gaza, y que reflotaron un reclamo de 2019 de Yair Netanyahu, hijo del primer ministro israelí, sobre "liberar" Ceuta y Melilla.

Javier Bardem

Es un salto argumental considerable. De una crisis fronteriza con causas locales bien documentadas (Sáhara Occidental, controles relajados, redes de tratantes, un fallo judicial mal interpretado) se pasa, sin pruebas nuevas, a una operación coordinada entre Washington, Jerusalén y Rabat. El propio Bardem terminó reconociendo que reposteaba porque "si tenés un altavoz, es importante compartir tu opinión", frase que describe bien el problema: opinar ante un millón de seguidores no exige el mismo rigor que sostener una hipótesis con evidencia.

Conflicto. Lo llamativo es que ese mismo impulso, el de buscar el paralelismo con Israel para señalar la hipocresía occidental, termina revelando algo que sus promotores prefieren no discutir: España también ocupa territorio en suelo africano, también construye vallas fronterizas y también expulsa migrantes en caliente cuando la situación lo exige.

Ceuta y Melilla cargan desde 1956 con un reclamo marroquí que la ONU nunca avaló pero que Washington, en un informe reciente y no vinculante del Congreso, describió como territorio "situado en Marruecos". La valla de Melilla, de más de nueve metros en algunos tramos, es tan valla como cualquier otra que Occidente levantó en las últimas dos décadas. Denunciar el doble estándar ajeno sin mirar el propio no es análisis internacional, es conveniencia ideológica.

Ceuta

La crisis de Ceuta expone dos verdades incómodas para relatos opuestos. La derecha que agita el fantasma de la "invasión" omite que España vive con Marruecos su mejor momento bilateral en décadas, con ayudas, inversiones y cesiones que hacen improbable una maniobra de castigo deliberado.

Y la izquierda que ve la mano de Netanyahu y Trump detrás de cada oleada migratoria evita mencionar que Ceuta es, ella misma, una frontera fortificada de la Europa que dice criticar.

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Maximiliano Sardi

Maximiliano Sardi

Editor de Noticias

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