MUNDO | 17-01-2023 11:28

Donald Trump y el estropicio sobre la democracia estadounidense

El circo detrás de la elección de Kevin McCarthy desnuda el deterioro de los procesos democráticos que sembró el ex presidente.

Es solo drama”, suspiró Jaime Herrera Beutler el miércoles pasado, cuando la nueva mayoría republicana en el Congreso falló repetidamente para elegir un orador: Kevin McCarthy finalmente se impuso el viernes como nuevo presidente de la Cámara de Diputados La propia Beutler no participó del teatral debate habiendo concluido su mandato: tras votar a favor de acusar a Donald Trump como responsable de los disturbios en el Capitolio el 6 de enero de 2021, perdió su reelección frente al trumpista Joe Kent, que luego perdió ante una demócrata. 

Trump tuvo su pequeña venganza, que pagaron los republicanos: el ex presidente ha perdido su capacidad para dirigir el partido (si alguna vez la tuvo), pero continúa creando drama, un drama sin guión, improvisado, que para la rosca política resulta cómico, pero impacta en el gobierno en el largo plazo con trágico resultado. Un “abrazar el caos” que le permita confundir al sistema democrático, y quizás tener una chance de volver a reinar. 

La toma del Capitolio estadounidense, un golpe a la democracia.

Efecto Trump

Todo comenzó con la manifestación el 6 de enero de 2021 para frenar la certificación de la victoria de Joe Biden. “Hay que estar allí”, gritó en un tweet el ex presidente estadounidense. “¡Será salvaje!”. Sus simpatizantes respondieron al llamado. Trump envió a sus seguidores a “luchar como el demonio” en el Capitolio, y les dio un blanco para su rabia: se declaró decepcionado por su vicepresidente, Mike Pence, que se había negado a anular el resultado electoral. Cuando se le advirtió que Pence corría riesgo de ser linchado, dicen que Trump solo se encogió de hombros: “Tal vez Mike se lo merece”.

El desorden actual de Washington es un tardío epílogo de esa tarde ruinosa. Kevin McCarthy, quien superó quince votaciones fallidas para ser elegido presidente de la Cámara por solo cuatro votos, lideró la minoría republicana en aquel inicio de 2021. Y acusó a Trump de incitar la insurrección. Pero dos semanas después, presionado por la interna, viajó a Florida para pedirle perdón. 
McCarthy enfureció primero a los republicanos de derecha al denunciar a Trump, y luego enfermó a los centristas al disculparse cobardemente: su debilitada posición actual es consecuencia de sus propios reveses.

Kevin McCarthy

Bestseller

El comité que investigó el ataque al Capitolio documentó minuciosamente las etapas de ese colapso hacia la autodestrucción. El informe de 850 páginas tiene hoy media docena de ediciones comerciales, y se ha convertido en un boom editorial: es lo más vendido de Amazon. Hay quienes piensan que quizás sirva para asustar a los estadounidenses, para que reconozcan cuán inestable es su sistema político. Los más escépticos aseguran que lo consumirán como un docudrama, el fin de la democracia narrado como un thriller de Tom Clancy.

La conclusión del informe es que Trump se aprovechó del celo patriótico de sus seguidores: les dijo que su misión era salvar el país, y luego se retiró al comedor de la Casa Blanca, donde vio la toma del Capitolio en Fox News, excitado por la idea de que estaban dispuestos a morir por él. Armados con rifles de asalto y bombas Molotov, esas bandas estaban convencidas que provocarían una revolución. Un grupo parloteaba sobre la toma de la Bastilla; para otros el precedente era el asalto bolchevique al Palacio de Invierno; y una facción gritaba “¡1776!”, referencia al motín de George Washington contra la monarquía imperial británica.

Toma del Capitolio

Ahorcados

Ese 6 de enero, Washington DC, tan orgulloso de sus santuarios democráticos neoclásicos blancos, pasó a llamarse Fort Trump, una ciudad sin ley en la que los demócratas serían colgados: en las redes de los manifestantes circularon tutoriales sobre cómo erigir horcas y atar un nudo de verdugo. Los titiriteros que planearon el intento de golpe vieron todo con irónica indiferencia, imaginando que podían manipular a una distancia segura. Pero el informe del Congreso estadounidense cita a testigos que responsabilizan a Steve Bannon, el artífice de la campaña que llevó a Donald Trump a la casa Blanca: “le pidió que brinde el motor narrativo sobre cómo debían avanzar”.

El propio Trump disfrutó del descaro de sus asesores cuando inventaron escenarios sobre boletas electorales fraudulentas. “Parece una locura”, comentó con aprobación cuando uno de sus abogados sugirió que las máquinas estadounidenses de conteo de votos, habían sido equipadas con un software diseñado en Venezuela para asegurar que Hugo Chávez nunca perdiera una elección. 

Steve Bannon, el Maquiavelo de la derecha.

Legado

A última hora de la tarde del 6 de enero de 2021, Trump salió de su reclusión. Se arregló el cabello, se secó el maquillaje naranja y recitó un mensaje televisivo sin autocríticas, en el que le decía a la turba que se fuera a casa en paz. El golpe había fracasado, pero aseguró a los fanáticos que los “amaba”, y luego ordenó solemnemente: “Recuerden este día para siempre!”. Probablemente esperaba que el 6 de enero se conmemorara como una fecha festiva, que él llamó “el movimiento más grande en la historia de nuestro país”. 

Para el país en cambio, se ha convertido en un trauma, una escena en la que se expuso la fragilidad de las instituciones estadounidenses. En un Congreso que tomó un tiempo históricamente largo para elegir a un presidente, el proceso que Trump disparó retumba, conduciendo hacia un callejón sin salida, del que buscará salir como salvador.

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Maximiliano Sardi

Maximiliano Sardi

Editor de Internacionales.

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